Opinión

Un tablero coreano

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Staff Domo de Cristal
25 de septiembre de 2026, 5:03 am
Tiempo 4 min
Un tablero coreano

Así lo dice La Mont

Perspectiva coreana: Yoon. Yoon Suk-yeol ganó la Presidencia de Corea del Sur en la reñida elección del 9 de marzo de 2022 y asumió formalmente el poder el 10 de mayo de ese mismo año, tras imponerse por un margen inferior a un punto porcentual, el más estrecho registrado en la historia democrática del país.

Su llegada a la Presidencia significó una ruptura frontal con el legado de su antecesor, Moon Jae-in, quien dejó un panorama marcado por una intensa polarización política, una severa crisis habitacional derivada del incremento de los precios de los inmuebles en Seúl y el evidente desgaste de una estrategia de apaciguamiento hacia Pionyang, que distanció a Seúl de aliados clave como Tokio.

Para hacer frente a esta herencia adversa, Yoon aplicó un viraje inmediato hacia la desregulación económica, la contención del gasto público y una sustancial reducción de los impuestos sobre bienes raíces, con el propósito de aliviar el malestar de las clases medias urbanas.

Sin embargo, su gobierno navegó en aguas turbulentas. Al carecer de mayoría en la Asamblea Nacional, controlada férreamente por la oposición del Partido Demócrata, el mandatario recurrió de manera constante al veto presidencial, a medidas administrativas unilaterales y a una firme recomposición de sus alianzas de seguridad con Estados Unidos para fortalecer su posición interna.

TLC. En el ámbito bilateral, la gestación de un Tratado de Libre Comercio entre México y Corea del Sur transita por un terreno plagado de complejidades estructurales. Si bien las negociaciones formales se destrabaron a principios de 2022, después de casi quince años de parálisis técnica, las condiciones para rubricar un pacto integral aún distan de ser favorables para la parte mexicana.

Por un lado, Seúl contempla a México como un enclave logístico de alto valor estratégico dentro del auge del nearshoring, al buscar certidumbre jurídica y ventajas arancelarias para consolidar sus cuantiosas inversiones en electromovilidad, baterías y semiconductores orientadas al mercado de América del Norte.

Por el otro, las autoridades mexicanas enfrentan una ecuación sumamente desfavorable: la balanza comercial arroja un persistente déficit para México que supera con holgura los 20 mil millones de dólares anuales.

Obstáculos. Dado que los consorcios surcoreanos ya acceden a insumos esenciales mediante programas de importación temporal y aranceles preferenciales específicos, sin necesidad de un tratado vinculante, el incentivo mexicano se diluye, máxime cuando la oferta agroalimentaria nacional continúa encontrando severas barreras fitosanitarias y esquemas proteccionistas en el mercado coreano.

Régimen. Esta resistencia técnica encuentra uno de sus principales ecos en la oposición de gremios empresariales mexicanos altamente articulados, como la Cámara Nacional de la Industria del Hierro y del Acero, así como en las cúpulas de las industrias de autopartes, calzado, textil, confección y plásticos, que rechazan el acuerdo bajo el argumento de que desataría una competencia desleal difícil de sostener.

Estos sectores señalan que las corporaciones manufactureras surcoreanas operan cobijadas por subsidios estatales, tarifas energéticas preferenciales y cadenas asiáticas de suministro difíciles de fiscalizar, lo que, a su juicio, amenazaría miles de empleos formales en el centro y norte de México sin ofrecer una reciprocidad genuina en el acceso a los mercados.

Esta controversia mercantil se desarrolla, además, frente al telón de fondo de una península coreana sumida en uno de sus mayores ciclos de tensión bélica en décadas. El régimen de Kim Jong-un abandonó formalmente la premisa histórica de la reunificación pacífica, catalogó al Sur como su principal enemigo y profundizó su cooperación militar con Rusia mediante transferencias de armamento y tecnología.

La respuesta del gobierno de Yoon consistió en redoblar los ejercicios militares conjuntos con Washington y endurecer la estrategia de disuasión, configurando un escenario de hostilidad latente que mantiene los canales de diálogo prácticamente clausurados y deja la estabilidad regional pendiendo de un hilo.

Por: Federico Lamont

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