Así lo dice La Mont
Diluye la paz: El recrudecimiento de las hostilidades entre Irán e Israel dejó de ser un enfrentamiento indirecto para convertirse en una confrontación frontal de consecuencias impredecibles. Lo que comenzó como una guerra de desgaste a través de milicias aliadas mutó en choques directos que amenazan la estabilidad económica mundial. El uso masivo de enjambres de drones sofisticados y misiles por parte de Teherán, coordinado con ataques simultáneos lanzados desde Yemen, representa un salto cualitativo en la escala de agresión. La capacidad de proyectar poder militar a miles de kilómetros y saturar los sistemas de defensa aérea enemigos busca enviar una señal inequívoca de fuerza a lo largo de todo Oriente Medio.
Dinámica: Frente a la lluvia de artefactos no tripulados, el Estado de Israel respondió de manera contundente, no solo neutralizando amenazas en el espacio aéreo regional, sino también golpeando objetivos militares estratégicos e infraestructura clave dentro del territorio iraní. Esta cadena de represalias mutuas rompe los viejos tabúes de la disuasión y conduce a la región a una peligrosa dinámica de acción y reacción. Las implicaciones regionales de este intercambio de fuego directo pulverizan las expectativas de una solución diplomática en el corto plazo, arrastran a actores secundarios a tomar partido y transforman a Oriente Medio en un polvorín con ramificaciones geopolíticas globales.
Salida: El epicentro del pánico económico se localiza en el Estrecho de Ormuz, principal arteria comercial de la energía global. En respuesta al asedio militar y a las sanciones internacionales, Irán procedió al cierre de esta angosta vía marítima por la que habitualmente transita cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado. Este cuello de botella geográfico estrangula las rutas marítimas hacia los mercados de Asia y Europa, dejando varados millones de barriles diarios de crudo. La inoperatividad de este paso estratégico no solo anula la capacidad exportadora de la República Islámica, sino que también afecta los puertos de salida de otros gigantes productores de la península arábiga, aislando recursos energéticos fundamentales para la economía mundial.
Escenario: Ante el colapso logístico en el Golfo Pérsico y la escalada de las tensiones entre Hezbolá e Israel, que han ignorado reiteradamente los llamados al cese del fuego, el precio internacional del petróleo registró una vertiginosa alza, llegando a superar la barrera de los cien dólares por barril. En este contexto, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se encuentra en una posición de extrema vulnerabilidad.
La cohesión interna del organismo se ha visto debilitada por la salida imprevista de miembros clave, como los Emiratos Árabes Unidos, así como por las dificultades operativas que enfrentan naciones como Irak y Kuwait, cuyo crudo depende de rutas afectadas por el bloqueo marítimo. La capacidad del cartel para influir en el mercado energético global se ha erosionado, obligando a la alianza a adoptar medidas extraordinarias para evitar un shock inflacionario de alcance internacional.
Con el objetivo de contener el incremento de los precios y reducir la volatilidad de los mercados, la disminuida OPEP y sus aliados acordaron aumentar gradualmente su producción en 550 mil barriles diarios. Este incremento sustancial, que busca revertir los recortes voluntarios aplicados en años anteriores, pretende inyectar al mercado un mayor volumen de crudo para compensar el déficit provocado por los buques cisterna bloqueados en el estrecho.
No obstante, diversos analistas consideran que el impacto real de esta medida será limitado, e incluso marginal, debido a que gran parte de los países productores carece de rutas terrestres u oleoductos alternativos capaces de transportar ese volumen adicional de petróleo más allá del bloqueado corredor de Ormuz.
Por: Federico Lamont