Opinión

Regreso de una utopía Brugada-Ávila

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Staff Domo de Cristal
20 de julio de 2026, 4:51 am
Tiempo 4 min
Regreso de una utopía Brugada-Ávila

Así lo dice La Mont

Destape: Una muestra reciente de esta coreografía de poder e intenciones se escenificó de manera impecable durante la pomposa presentación de la Utopía Acatitla. En el centro del escenario, compartiendo reflectores y sonrisas ensayadas con la jefa de Gobierno, Clara Brugada, se encontraba Martha Ávila. Su presencia no fue un accidente de agenda ni una cortesía protocolaria, sino un mensaje cifrado: un destape sutil, pero contundente, rumbo a la candidatura por Iztapalapa en 2027.

En la liturgia del partido oficial, acompañar las obras emblemáticas equivale a un ungimiento implícito. Al colocarla en la primera línea de uno de los proyectos que definen la narrativa oficial del bienestar social, el aparato gubernamental envió una señal inequívoca a propios y extraños: la sucesión local ya tiene rostro y el camino comienza a pavimentarse desde ahora, utilizando la infraestructura pública como la mejor vitrina de promoción política.

Este juego de tronos local cobra sentido al analizar el verdadero valor que tiene la demarcación para el oficialismo. Históricamente, Iztapalapa ha operado como la gran caja de votos, un inagotable yacimiento electoral del que primero se benefició el Partido de la Revolución Democrática y que hoy alimenta con absoluta generosidad a Morena. Es el territorio donde el clientelismo sofisticado, el respaldo popular y la estructura partidista terminan por confundirse en una misma maquinaria política.

Durante décadas, los problemas crónicos de desabasto de agua, inseguridad y rezago urbano fueron, paradójicamente, el combustible que alimentó las estructuras de movilización electoral. Lo que antes operaba bajo el sol azteca mediante brigadas y despensas, hoy se ha sofisticado bajo la bandera guinda con programas sociales y las llamadas utopías, demostrando que cambian las siglas y los colores, pero el método para asegurar la lealtad de los sectores más vulnerables permanece prácticamente intacto.

Ahora es Ávila: La historia política de la Ciudad de México no puede explicarse sin los golpes de timón que este bastión electoral ha propinado en momentos decisivos. Corría el año 2000 cuando la capital vivió una de las contiendas más cerradas de su historia. El entonces candidato del Partido Acción Nacional, Santiago Creel, avanzaba con paso firme impulsado por la ola del cambio que encabezaba Vicente Fox a nivel federal, amenazando con arrebatarle la joya de la corona a la izquierda.

Fue precisamente el desbordamiento de votos en las urnas de Iztapalapa lo que terminó por rescatar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, permitiéndole alcanzar la Jefatura de Gobierno por un margen sumamente estrecho. Aquella lección quedó grabada en el manual estratégico de la izquierda: sin el respaldo del oriente de la ciudad, el riesgo de la derrota es permanente.

Llamado: Veinticuatro años después, la historia pareció repetirse con una precisión casi matemática. En las elecciones de 2024, la alianza opositora creyó vislumbrar una posibilidad real de alternancia con Santiago Taboada, quien logró capitalizar el descontento de amplios sectores de las clases medias y ganar terreno en alcaldías del poniente y del centro de la Ciudad de México.

El ambiente de competencia era real y la incertidumbre dominaba los cuartos de guerra de ambos bloques políticos. Sin embargo, conforme comenzaron a contabilizarse las actas de Iztapalapa, la expectativa opositora se desmoronó. La enorme fuerza electoral del oriente acudió nuevamente al llamado y terminó por darle a Clara Brugada el impulso definitivo para asegurar la Jefatura de Gobierno.

Iztapalapa volvió a demostrar que, sin importar qué tan fuerte sople el viento del cambio en otras regiones de la capital, su peso demográfico continúa teniendo la última y definitiva palabra.

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