Así lo dice La Mont
Decisión: La disputa silenciosa por el relevo en el Estado de México hacia 2029 comenzó a trazarse no en los pasillos del Palacio de Lerdo, en Toluca, sino en la arena legislativa federal. Dentro de la tríada histórica que dio origen al Grupo Texcoco, la correlación de fuerzas entre el senador Higinio Martínez, la gobernadora Delfina Gómez y el secretario general de Gobierno, Horacio Duarte Olivares, atraviesa una reconfiguración inevitable.
Mientras Duarte se consolida como el operador plenipotenciario del gabinete mexiquense, con amplio control de la gobernabilidad interna, la estructura territorial y la interlocución cotidiana con presidentes municipales y sectores productivos, Higinio necesita romper la trampa del aislamiento local.
Para el experimentado líder, cuya aspiración a la gubernatura quedó postergada en sucesivos procesos electorales por la disciplina partidista y la cesión de espacios a sus propios cuadros, medirse electoralmente contra el aparato de Toluca representaría una contienda asimétrica y de pocas probabilidades de éxito.
Al operar desde la capital del país, Martínez elude el desgaste derivado de las crisis operativas de la administración estatal, evita someterse al filtro burocrático de la Secretaría General de Gobierno y se proyecta como una figura política de dimensión federal, cuya legitimidad no emana de una subordinación al gobierno mexiquense, sino de su propia capacidad de negociación en el epicentro de las grandes decisiones nacionales.
Fortaleza: La Presidencia de la Mesa Directiva del Senado de la República trasciende el simbolismo protocolario para convertirse en una de las plataformas políticas e institucionales más visibles del sistema mexicano. Quien encabeza este órgano no solo ostenta la representación legal y constitucional de la Cámara Alta ante los tribunales y los demás Poderes de la Unión; también tiene bajo su responsabilidad conducir los trabajos parlamentarios, ordenar el debate, interpretar las disposiciones reglamentarias y administrar los momentos de mayor polarización política.
En el plano de sus funciones sustantivas, la Presidencia del Senado exige una interlocución permanente con el gabinete federal, los coordinadores de las distintas bancadas parlamentarias y la titular del Poder Ejecutivo, lo que permite consolidar una red de influencia transversal.
A ello se suma una elevada exposición mediática mediante comparecencias, conferencias de prensa, sesiones legislativas y actos de Estado que alcanzan difusión nacional. Este despliegue institucional convierte a quien preside la Mesa Directiva en una figura de resonancia republicana, con capacidad de interlocución y una legitimidad institucional que supera ampliamente el margen de maniobra de cualquier secretario del gabinete estatal dentro de su demarcación regional.
Esta investidura legislativa se ha convertido, en la praxis contemporánea de la Cuarta Transformación, en un eficaz semillero de gobernadores, lo que explica el interés de Higinio Martínez por replicar una fórmula que ya mostró resultados.
Los precedentes inmediatos de Alejandro Armenta en Puebla y Eduardo Ramírez Aguilar en Chiapas ilustran cómo el liderazgo desde la Mesa Directiva del Senado puede permitir a un aspirante sortear resistencias de las estructuras partidistas estatales. Ambos senadores aprovecharon su posición institucional para reducir el peso de las presiones y vetos de los gobernadores en turno, elevar su nivel de reconocimiento ciudadano y posicionarse como interlocutores confiables frente a las cúpulas de Morena y de la Cuarta Transformación.
Al convertirse en operadores institucionales de las reformas constitucionales impulsadas desde el ámbito federal, Armenta y Ramírez capitalizaron su experiencia legislativa, su disciplina política y su interlocución con el poder central para fortalecer sus respectivas rutas hacia las gubernaturas.
Si Martínez consolida este enclave parlamentario, podría neutralizar parte de la ventaja operativa que Horacio Duarte mantiene sobre la estructura territorial mexiquense. Desde la Presidencia del Senado, el exgobernador de facto de Texcoco tendría una plataforma nacional desde la cual ampliar su margen de negociación, elevar su posicionamiento y disputar, en condiciones distintas, la definición de la candidatura de Morena al gobierno del Estado de México en 2029.
Rumbo: Para Higinio Martínez, la Mesa Directiva no sería únicamente un reconocimiento a su trayectoria parlamentaria. Representaría una plataforma de reposicionamiento político nacional y, sobre todo, una herramienta para regresar al tablero mexiquense con mayor fuerza institucional. La batalla por 2029, aunque todavía distante, ya comenzó.
Por: Federico Lamont