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Por: Eduardo Esquivel Ancona
El modelo económico impulsado por los gobiernos de la Cuarta Transformación comienza a reflejar resultados al apostar por una estrategia que busca equilibrar el dinamismo del sector exportador con el fortalecimiento del mercado interno, dejando atrás un esquema que durante décadas privilegió casi exclusivamente la apertura comercial.
A diferencia del modelo económico predominante entre 1983 y 2018, enfocado en la integración de México a los mercados internacionales y particularmente a Estados Unidos, la actual estrategia mantiene la vocación exportadora del país, pero incorpora políticas dirigidas a elevar el consumo interno, mejorar los ingresos de la población y fortalecer la producción nacional.
La visión económica de la administración federal parte del principio de que el crecimiento sostenido requiere tanto de una economía competitiva hacia el exterior como de un mercado interno sólido, capaz de generar demanda, inversión y desarrollo regional.
Mercado interno como motor del crecimiento
Uno de los pilares de esta estrategia ha sido el incremento del poder adquisitivo de los trabajadores mediante una política sostenida de recuperación salarial.
Durante el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, el salario mínimo pasó de 88.36 pesos diarios en 2018 a 248.93 pesos en 2024. Posteriormente, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum mantuvo esa política y decretó un incremento de 13% para 2026, con lo que el salario mínimo general se ubicó en 315.04 pesos diarios y en 440.87 pesos para la Zona Libre de la Frontera Norte.
En términos reales, el poder adquisitivo del salario mínimo registra un aumento acumulado superior al 150% respecto a 2018, uno de los mayores incrementos registrados en las últimas décadas.
A esta política salarial se suman los Programas para el Bienestar, mediante los cuales millones de hogares reciben apoyos directos que fortalecen el consumo, dinamizan las economías locales y generan mayor circulación de recursos en municipios y comunidades.
Asimismo, iniciativas como el Plan México buscan incrementar el contenido nacional de la producción, sustituir importaciones en sectores estratégicos e impulsar cadenas productivas con mayor participación de empresas mexicanas.
Indicadores muestran avances
Los principales indicadores económicos reflejan resultados positivos derivados de esta estrategia.
México mantiene niveles históricos de empleo formal, con alrededor de 22.8 millones de trabajadores registrados ante el IMSS, mientras que la tasa de desocupación permanece entre las más bajas de las últimas décadas.
De acuerdo con cifras oficiales, el fortalecimiento del ingreso de los hogares ha contribuido al crecimiento sostenido del consumo privado, considerado uno de los principales motores de la actividad económica.
En materia social, las cifras oficiales muestran una reducción significativa de la pobreza entre 2018 y 2024. El Inegi reportó que 13.4 millones de personas dejaron esa condición durante ese periodo, mientras que la tasa nacional de pobreza descendió a 29.6%.
Organismos internacionales también han documentado esta tendencia. El Banco Mundial reconoce una disminución histórica de la pobreza en México durante esos años, al estimar que más de 11 millones de personas mejoraron sus condiciones de vida.
Del modelo exportador al equilibrio económico
Durante más de tres décadas, el crecimiento económico mexicano descansó principalmente en el sector exportador, especialmente en las industrias manufacturera y automotriz.
Aunque este modelo permitió consolidar a México como una de las principales plataformas de exportación del mundo, también dejó importantes desafíos estructurales.
La elevada dependencia de insumos importados limitó el valor agregado generado dentro del país; la contención salarial redujo el poder de compra de millones de trabajadores; numerosas micro, pequeñas y medianas empresas enfrentaron dificultades para competir en un mercado totalmente abierto; y la reducción de la inversión pública disminuyó la capacidad del Estado para impulsar el desarrollo regional.
Como consecuencia, la economía nacional quedó altamente vinculada a los ciclos económicos internacionales, particularmente a los de Estados Unidos, generando importantes diferencias entre las regiones industriales del norte y los estados del sur del país.
Diversificación y desarrollo interno
La estrategia económica de la Cuarta Transformación busca reducir esos desequilibrios mediante una combinación de políticas que mantienen la competitividad exportadora, promueven la diversificación de mercados internacionales y fortalecen simultáneamente la capacidad productiva y el consumo interno.
El objetivo consiste en que el crecimiento económico no dependa exclusivamente del desempeño del comercio exterior, sino que encuentre un segundo motor en la expansión del mercado nacional, apoyado por mejores salarios, mayor inversión pública, programas sociales y una política industrial orientada a incrementar el contenido nacional de la producción.
Los primeros indicadores económicos y sociales sugieren que esta combinación comienza a generar resultados, al tiempo que plantea un nuevo enfoque para el desarrollo económico del país basado en el equilibrio entre la inserción global de México y el fortalecimiento de su economía interna.