Para Salvador Ramos Bustamante
Por José Sobrevilla
La nueva realidad mexicana sitúa al sindicalismo en una etapa de transición en la que, por un lado, se fortalece la democracia sindical y se legitiman los contratos colectivos y, por otro, persisten viejas prácticas de corporativismo y control patronal. Tal vez por ello, la tasa de afiliación continúa a la baja, en 12.9 por ciento, lo que refleja la desconfianza hacia los sindicatos, pese a que el nuevo modelo laboral pretende abrir oportunidades de renovación.
Durante la administración de Sheinbaum, sindicatos históricamente ligados al PRI —CTM, Petroleros, maestros del SNTE, burócratas de la FSTSE, entre otros— se han alineado con Morena e intentan replicar dinámicas de movilización masiva. Dirigentes como Víctor Flores (ferrocarrileros), Ricardo Aldana (petroleros) y Napoleón Gómez Urrutia (mineros), entre otros, mantienen influencia política y reciben candidaturas plurinominales. Este fenómeno es conocido como “el nuevo corporativismo sindical”, en el que los gremios operan como aliados del régimen en turno.
En este panorama, el pasado 8 de septiembre de 2026 realizamos, ante la Asociación de Jubilados de Luz y Fuerza, A.C., y por invitación del colega y jubilado Humberto Barrales Cantero, la presentación del libro El Sicariato Informativo, editado por el Club de Periodistas de México, A.C., en agosto de 2026, de Juan Ayón y José Sobrevilla.
La Asociación de Jubilados, encabezada por Reynaldo Delgadillo Hernández, tiene su sede en la calle Ramos Arizpe, en la colonia Tabacalera de la alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México. Ahí se trataron, entre otros temas, las redes sociales, la manipulación informativa, el uso de los algoritmos, el escándalo de Fernando Cerimedo, consultor argentino conocido como el “rey de los trolls”, y el de otros profesionales de las fake news, así como el impacto de las redes sociales en los movimientos sindicales.
Como algo extraño —al menos para quien esto escribe— surgió el término astroturfing, que significa “práctica engañosa que simula un movimiento social espontáneo —de base o grassroots— cuando, en realidad, está financiado y organizado artificialmente por empresas, partidos políticos o grupos de interés”. Es decir, redes coordinadas de cuentas automatizadas que pueden simular apoyo o rechazo masivos a causas sindicales y generar percepciones artificiales de consenso o división.
Uno de los aspectos del astroturfing es la “jerarquización de contenidos”, mediante la cual los algoritmos priorizan las publicaciones con mayor interacción —likes, shares y tiempo de visualización—, lo que impacta en la difusión de mensajes sindicales de menor atractivo visual, que pueden quedar invisibilizados frente a la propaganda empresarial o política.
Otro elemento es la “polarización”, mediante la cual el algoritmo favorece contenidos polémicos y emocionales, lo que puede impactar en las luchas laborales y convertirlas en confrontaciones radicales que obstaculizan el diálogo social.
También son importantes los bots y las cuentas falsas, mediante los cuales los algoritmos pueden replicar mensajes para inflar tendencias. Así, las campañas contra los sindicatos pueden parecer más masivas —válgase la expresión—, aunque provengan de pocos actores.
También está la “segmentación algorítmica”, mediante la cual la información se personaliza según el perfil del usuario. Ante ello, los sindicatos enfrentan el reto de diseñar mensajes adaptados a públicos cada vez más fragmentados.
En el siglo pasado —recordará—, la organización obrera mexicana estaba vinculada a estructuras sólidas y estables: la fábrica, el taller, la oficina, el sindicato, la sección sindical y la asamblea, donde el trabajador compartía físicamente un espacio con sus compañeros. Esa proximidad facilitaba la construcción de una identidad colectiva, la transmisión de información y la movilización.
Ahora, con la digitalización, un trabajador puede establecer relaciones laborales y organizarse con personas a las que nunca ha visto, comenzando por un grupo de WhatsApp, Facebook, Telegram u otra plataforma para, posteriormente, trasladarse a la calle, al centro de trabajo, al sindicato o a los tribunales.
Los cambios obligados por la nueva modernidad
Para la investigadora Cindy Anahí Álvarez Pérez, de la UAM-Xochimilco, la plataformización genera una mayor atomización de los trabajadores. Sin embargo, en el caso de los repartidores de comida y mensajería, estos han desarrollado estrategias para superar esa dispersión y convertir sus demandas en acciones colectivas.
Es decir, las redes sociales no han eliminado la organización obrera: han modificado el lugar desde el cual comienza. Antes era la fábrica; ahora puede ser el teléfono, reduciendo el costo de organizarse.
Un sindicato tradicional necesitaba infraestructura, dirigentes, reuniones, oficinas, mecanismos de afiliación y medios de comunicación para interactuar con sus miembros. Hoy, en cambio, una red social permite transmitir simultáneamente un mensaje a cientos o miles de trabajadores, prácticamente sin infraestructura física.
La literatura internacional sobre sindicalismo digital sostiene que las redes sociales pueden ampliar la capacidad de los sindicatos para llegar a públicos que antes quedaban fuera de sus estructuras. Las investigadoras Bia Carneiro y Augusto Costa han sostenido que las tecnologías digitales representan una oportunidad para la renovación sindical, precisamente porque permiten establecer relaciones con públicos más amplios que los integrantes tradicionales del movimiento obrero.
En México, esto adquiere especial importancia porque una parte significativa de la fuerza laboral se encuentra fuera de las estructuras sindicales tradicionales y la red puede convertirse en una infraestructura organizativa paralela. No necesariamente sustituye al sindicato, pero sí puede precederlo.
Aquí podemos encontrar una transformación de fondo: la comunicación obrera dejó de depender exclusivamente de las estructuras sindicales existentes, porque las redes han permitido difundir información, denunciar condiciones laborales, convocar movilizaciones, establecer contacto entre trabajadores de diferentes empresas, construir liderazgos, generar presión pública, atraer a los medios de comunicación y vincular conflictos locales con otros movimientos.
El nacimiento de una organización híbrida en tiempos actuales
Lo importante es que no estamos pasando simplemente de una organización física a una digital, sino que somos testigos de cómo surge una organización híbrida: la movilización comienza en Internet, se articula mediante redes sociodigitales y termina produciendo acciones físicas.
Un ejemplo mexicano podría ser el reciente conflicto del Sindicato Independiente de Trabajadoras y Trabajadores de Investigación de Cátedras del Conacyt (Siintracatedras).
En 2021, sus integrantes utilizaron Twitter —hoy X— con la etiqueta #BuscoTrabajo para denunciar las condiciones de precariedad e inestabilidad laboral. La campaña consiguió visibilidad pública y, posteriormente, se articuló con otras organizaciones sindicales, legisladores y otros actores sociales.
El mecanismo podría representarse así:
Problema laboral → red social → identificación colectiva → viralización → opinión pública → protesta laboral.
La “democracia algorítmica” dentro del movimiento obrero
La literatura sobre sindicalismo digital advierte que las redes sociales ofrecen posibilidades de diálogo horizontal, pero muchas organizaciones sindicales siguen utilizando modelos verticales de comunicación que desaprovechan esas posibilidades. Esto nos lleva a cuestionar si los sindicatos pueden utilizar plataformas diseñadas para maximizar la interacción y la atención sin terminar adoptando la lógica de esas mismas plataformas.
¿Por qué?
Una organización obrera puede comenzar a medir su éxito por seguidores, likes, reproducciones, tendencias, hashtags y viralidad, aunque una publicación viral no necesariamente produzca organización. Puede existir una enorme audiencia digital y, al mismo tiempo, una organización laboral débil.
La investigación internacional sobre audiencias digitales sindicales muestra que las redes sociales permiten a las organizaciones laborales relacionarse con públicos mucho más amplios y diversos, pero eso no implica automáticamente que esos públicos se conviertan en miembros o participantes organizados. Por ello, hay que distinguir entre viralización y organización, y entre seguidores y afiliados.
Antes, el dirigente sindical tradicional obtenía legitimidad fundamentalmente mediante una estructura organizativa. Ahora, el nuevo dirigente puede adquirir notoriedad primero en Internet, lo que puede democratizar la comunicación, pero también producir la personalización del movimiento.
Una organización puede terminar dependiendo en exceso de una persona con gran capacidad para la comunicación digital. De ahí surge el desafío: ¿están las redes sociales democratizando el sindicalismo o creando nuevos liderazgos carismáticos digitales?
Investigaciones como las de Díaz-Santana y Aparicio-López, vinculadas a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y El Colegio de México, han documentado las experiencias de mujeres trabajadoras de plataformas y sus formas de organización colectiva.
En estos casos, las redes digitales no solo sirven para reclamar salarios, sino que también funcionan como mecanismos de protección, alerta, acompañamiento, denuncia, cuidado colectivo y prevención de agresiones. Así, los grupos digitales pueden convertirse en auténticas redes de seguridad laboral.
De la transición histórica al rezago por miedo a lo desconocido
Para concluir esta entrega, quiero decirles que la organización obrera adquiere así una dimensión que trasciende el salario y la contratación. Incluye seguridad, género, cuidados, movilidad y derechos sociales.
Esto da como resultado la gran transformación del trabajador localizado al trabajador conectado, lo cual evidencia que la organización obrera mexicana atraviesa una transición histórica.
Está el modelo industrial, donde la organización se desarrolla en la fábrica o el sindicato; la comunicación se establece mediante asambleas, volantes y reuniones, y la principal autoridad es el patrón o supervisor.
Pero también está el modelo informacional, donde la organización se desarrolla en la empresa, el sindicato o las redes. En materia de comunicación, los principales canales son el correo electrónico, la web y las redes sociales; las principales autoridades serían la empresa y la estructura sindical.
Por último, está el modelo algorítmico, en el que la organización se desarrolla mediante una plataforma o red digital y la comunicación se establece a través de WhatsApp, redes sociales y aplicaciones. En este caso, la autoridad principal sería el algoritmo y la empresa.
Aquí se modifica la naturaleza misma del conflicto laboral: el trabajador ya no necesariamente lucha únicamente contra un patrón visible, sino que puede estar luchando contra una puntuación, una aplicación, un sistema de asignación, una decisión automatizada o una regla que desconoce.
Podemos decir que la organización obrera mexicana no desaparecerá por la digitalización; se volverá más híbrida, distribuida y dependiente de las capacidades digitales. El sindicalismo del futuro probablemente tendrá que combinar la asamblea física con las plataformas digitales, las redes sociales, las bases de datos, la comunicación directa y el análisis algorítmico.
Sin embargo, para ello deberá resolver cinco problemas fundamentales:
Privacidad: proteger los datos de sus afiliados.
Dependencia tecnológica: evitar que la organización dependa en exceso de plataformas privadas.
Desinformación: impedir que rumores y campañas de manipulación destruyan la solidaridad.
Brecha digital: no excluir a trabajadores con menor acceso o alfabetización tecnológica.
Democracia interna: evitar que el poder digital sustituya a la participación colectiva.
Aquí, la literatura jurídica mexicana señala que las nuevas tecnologías afectan tanto la vida sindical como los conceptos tradicionales del derecho laboral.
El futuro de la organización obrera mexicana enfrenta la paradoja histórica de disponer de herramientas de comunicación más poderosas, pero que se mueven dentro de plataformas cuyo funcionamiento algorítmico no controla.
El reto del sindicalismo mexicano no será simplemente aprender a utilizar Facebook, WhatsApp, TikTok o las plataformas que los sustituyan, sino aprender a organizarse colectivamente en una sociedad donde el lugar de trabajo ya no necesariamente está en un espacio físico, donde el patrón puede estar detrás de una interfaz y donde el algoritmo puede convertirse en una nueva forma de autoridad laboral.
El caso de los repartidores mexicanos ha demostrado, sin embargo, que la tecnología no conduce inevitablemente a la desorganización. La investigación disponible muestra justamente lo contrario: trabajadores inicialmente dispersos han utilizado las mismas tecnologías que los individualizan para construir comunidades, colectivos y sindicatos.
Algunas fuentes consultadas
- María Ascensión Morales Ramírez, “Trabajo en plataformas digitales: su regulación en México”, Revista de la Facultad de Derecho de México, UNAM, 2025.
- Joel Ortega Erreguerena, “Los repartidores contratados por aplicaciones digitales en el sexenio 2018-2024. Procesos de organización en un sector precario de los trabajadores”, El Cotidiano, UAM-Azcapotzalco.
- “Repartidores de aplicación en México: entre el individualismo imaginado de las plataformas y las resistencias comunitarias de los trabajadores”, Revista LiminaR/Scielo México.
- Miguel Ángel Díaz-Santana y Rosario Aparicio-López, “Mujeres trabajadoras en plataformas digitales. Ganarse la vida entre la precariedad y las desigualdades de género”, Estudios Sociológicos, El Colegio de México, 2024/2025.
- Ana Domínguez Morales, “Representación colectiva y negociación de derechos de trabajadores en plataformas”, Revista Latinoamericana de Derecho Social, UNAM.
- Carlos Reynoso Castillo, “Sindicatos y nuevas tecnologías. Primera aproximación”, Alegatos, UAM, 2023.
- Estudio sobre el Movimiento Obrero Matamorense 20/32 y el papel de Facebook en su organización, Administración y Organizaciones, UAM-Xochimilco.
- Estudio sobre Siintracatedras y #BuscoTrabajo, Revista Mexicana de Sociología/Scielo México.
- Bia Carneiro y Hermes Augusto Costa, “Digital unionism as a renewal strategy? Social media use by trade union confederations”, Journal of Industrial Relations.
- Michael Maffie, “The Role of Digital Communities in Organizing Gig Workers”, Industrial Relations.