
Dateline: El próximo 20 de julio quedó marcado como la fecha para la nueva audiencia de sentencia contra Ismael «El Mayo» Zambada. Desde su cinematográfica y aún controvertida captura al norte del río Bravo, el legendario capo, que presumía de jamás ingresar a una cárcel, se convirtió en el epicentro de un terremoto político cuyas réplicas sacuden las estructuras más altas del poder en México. Esta comparecencia no es un trámite más, sino el preludio del desmantelamiento de una red de complicidades que operó con impunidad durante más de cuatro décadas en el noroeste del país, consolidando la caída del último gran patriarca del narcotráfico tradicional.
Confesión: Las declaraciones ofrecidas por el capo, tanto a través de las cartas públicas difundidas por su defensa como en sus comparecencias ante las cortes de Estados Unidos, cayeron como una bomba sobre la administración del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya. Si bien el mandatario negó cualquier vínculo e incluso presentó pruebas de un supuesto viaje a Los Ángeles el día de la captura, el testimonio de «El Mayo» golpeó su credibilidad y lo colocó en una posición políticamente incómoda. Zambada afirmó, sin titubeos, que el día de su secuestro asistiría a una reunión pactada con el propio Rocha Moya para mediar en un conflicto político, una revelación que desató una crisis de legitimidad sin precedentes en Sinaloa y convirtió los rumores en materia de investigación por parte de la Fiscalía General de la República.
Respaldo: Esta presunta cercanía no constituye un hecho aislado, sino la continuidad de un largo historial de relaciones políticas que el líder criminal habría tejido a lo largo de su carrera. De acuerdo con informaciones y filtraciones derivadas de procesos judiciales en México y Estados Unidos, «El Mayo» Zambada habría respaldado o mantenido acuerdos de no agresión y apoyo financiero con al menos cuatro gobernadores consecutivos de Sinaloa, abarcando distintos periodos constitucionales. Para el capo, el control de su estado natal no requería de la fuerza bruta, sino de una diplomacia criminal que garantizara que, sin importar el partido político en el poder, las carreteras, los puertos y las corporaciones policiales locales operaran siempre en favor de su organización, comprando una paz aparente a cambio de impunidad.
Su finalidad: El eslabón más trágico de esta cadena de complicidades quedó en evidencia al revelarse la verdadera naturaleza de su relación con Héctor Melesio Cuén Ojeda, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa y diputado federal electo, quien fue asesinado el mismo día del secuestro de Zambada. Lejos de las versiones oficiales iniciales que apuntaban a un intento de asalto en una gasolinera, el capo aseguró que Cuén era un amigo cercano de muchos años y un aliado político clave en la entidad. El encuentro del 25 de julio de 2024 tenía como objetivo principal resolver una disputa frontal entre Cuén y el gobernador Rocha Moya por el control de la universidad sinaloense, lo que reforzó la percepción de que «El Mayo» fungía como un árbitro de facto en la vida pública y política de la región.
¡Mi lucha!: El poder que permitía a Zambada sentar en la misma mesa a gobernadores y líderes políticos emanaba de un control territorial indiscutible, cuyas principales zonas de influencia se ubicaban en el Valle de Culiacán, el sur de Sinaloa y puntos estratégicos de Durango, Zacatecas y Baja California, indispensables para el flujo de fentanilo y cocaína hacia la frontera norte. Sin embargo, este imperio comenzó a resquebrajarse debido a la feroz rivalidad con la facción de Los Chapitos, integrada por los hijos de su antiguo socio, Joaquín «El Chapo» Guzmán. Mientras Zambada representaba la vieja escuela del narcotráfico, basada en el perfil bajo, los pactos políticos y cierto orden comunitario, «la chapiza» impuso un estilo más violento, caótico y depredador, obsesionado con el control absoluto del negocio. Esta pugna generacional e ideológica culminó con la presunta traición de Joaquín Guzmán López, quien habría entregado a «El Mayo» a las autoridades estadounidenses, sellando la ruptura definitiva del Cártel de Sinaloa y desatando una guerra interna que ha dejado al descubierto que la estabilidad sinaloense dependía, en gran medida, de la voluntad de un solo hombre que hoy espera su destino en una celda de Brooklyn.
Por: Federico Lamont
Domo de Cristal
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