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Islas Marías: de prisión infernal a paraíso ecoturístico

Staff Domo de Cristal
Marías

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Las Islas Marías son hoy un destino ecoturístico de gran belleza que reúne en un solo lugar historia, cultura y naturaleza. Sin embargo, este paraíso no siempre fue así, pues durante más de un siglo albergó una de las prisiones más temidas de México.

Actualmente, el archipiélago de las Islas Marías, antigua colonia penal y hoy Área Natural Protegida, ofrece a los visitantes una experiencia de ecoturismo, educación ambiental y turismo histórico.

Puerto Balleto es el corazón de la isla María Madre y está considerado un Pueblo Mágico. Aquí, los turistas pueden recorrer tranquilamente sus calles en bicicleta, hospedarse en antiguas casas de colonos rehabilitadas y maravillarse con sus atardeceres y la fauna endémica. Además, el lugar resguarda una historia fascinante marcada por el sufrimiento de quienes estuvieron recluidos en la penitenciaría federal durante 114 años.

Las Islas Marías conservan una historia llena de episodios dolorosos para miles de personas privadas de la libertad, además de haber sido escenario de la vida de personajes relevantes de la historia de México durante el siglo XX.

En mayo de 1905, el presidente Porfirio Díaz adquirió el archipiélago por 150 mil pesos y lo decretó como colonia penal. El propósito original era alejar de las ciudades a indigentes, mendigos, ladrones reincidentes y otros considerados «maleantes». En lugar de una prisión tradicional, se optó por un modelo de relegación en una isla sin muros, donde el mar y la distancia funcionaban como barreras naturales. Los primeros internos llegaron por delitos menores y recibían condenas relativamente cortas.

Tras la Revolución Mexicana, el perfil de los reclusos cambió drásticamente. El archipiélago se convirtió en destino de presos políticos, sindicalistas y opositores al régimen.

A finales de 1939, el presidente Lázaro Cárdenas emitió un decreto que transformó la dinámica de la prisión. Se permitió que algunos internos, denominados «colonos», vivieran con sus familias dentro de la isla.

El trabajo era obligatorio para los reclusos, quienes se dedicaban a la pesca, la extracción de sal, la producción de cal, la construcción y el mantenimiento de las instalaciones.

Muchas de estas labores se realizaban en condiciones infrahumanas. En los hornos de calcinación, por ejemplo, los presos soportaban temperaturas extremas durante más de 72 horas continuas. En las salineras, trabajaban bajo el intenso sol sin protección, situación que les provocaba graves afectaciones físicas.

En 1971 se prohibieron los trabajos forzados con la entrada en vigor de la Ley de Normas Mínimas para Sentenciados, impulsada durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez. Comenzó entonces una nueva etapa conocida como «Colonia Penal Federal» (1971-2010).

A partir de la década de 1970, las Islas Marías funcionaron como un complejo penitenciario concebido bajo un modelo de reinserción social de «puertas abiertas», sin muros ni rejas, donde los internos podían convivir con sus familias y desempeñar diversas actividades productivas.

A mediados del siglo XX se instaló una planta henequenera en la que se fabricaban cuerdas para embarcaciones, costales de yute y otros productos.

El henequén, originario de Yucatán, encontró condiciones favorables para su cultivo en las Islas Marías, por lo que no fue necesario transportar constantemente materia prima desde la península.

Otra actividad productiva importante fue una planta camaronera, en la que participaban internos con buen comportamiento.

El preso político más conocido fue el escritor y filósofo José Revueltas, quien estuvo recluido en dos ocasiones. La primera fue en 1932, cuando tenía apenas 16 años de edad, por su militancia comunista. La segunda ocurrió dos años después. Ambas estancias fueron relativamente breves, de seis y ocho meses respectivamente.

Otro personaje célebre que estuvo recluido en el archipiélago fue Concepción Acevedo de la Llata, conocida como la Madre Conchita. La religiosa capuchina fue acusada de ser autora intelectual del asesinato del presidente electo Álvaro Obregón en 1928. Fue enviada a las Islas Marías en mayo de 1929, donde cumplió parte de su condena y vivió en régimen de semilibertad hasta 1940.

En la isla se reencontró con Carlos Castro Balda, también vinculado al movimiento cristero. Con el paso de los años y tras abandonar los hábitos religiosos, ambos contrajeron matrimonio.

En la historia de la prisión isleña también estuvo presente la etapa neoliberal. Durante el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa se construyó en 2011 un complejo de máxima seguridad que elevó la población penitenciaria a cerca de 8 mil internos, generando problemas de sobrepoblación y diversos motines.

Con este modelo, la isla llegó a albergar hasta 8 mil personas, cuando en etapas anteriores el máximo rondaba las mil 500. La sobrepoblación provocó problemas de abastecimiento, especialmente en el módulo de máxima seguridad, lo que derivó en situaciones críticas y en un motín registrado en 2013. Aunque se realizaron algunos esfuerzos para corregir las deficiencias, el módulo terminó cerrando dos años después.

Los elevados costos de mantenimiento, las dificultades para que los científicos realizaran labores de investigación y los daños ocasionados por el huracán Willa en octubre de 2018 precipitaron el cierre definitivo del complejo penitenciario.

De esta manera, las Islas Marías dejaron de funcionar como centro penitenciario en marzo de 2019, mediante decreto presidencial de Andrés Manuel López Obrador.

Actualmente, las Islas Marías son un importante destino ecoturístico y un lugar que vale la pena visitar por su extraordinaria belleza natural. Además, forman parte de una Área Natural Protegida y fueron declaradas Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2010 debido a su gran riqueza biológica.

Entre las especies endémicas que habitan el archipiélago destacan el loro cabeza amarilla, el mapache de las Islas Marías, el conejo de las Islas Marías, el colibrí de pico ancho y la iguana negra. Asimismo, las aguas circundantes son hogar de diversas especies de delfines.

Para los visitantes, el antiguo reclusorio ofrece una amplia variedad de atractivos. Es posible recorrer la planta henequenera, las salineras y los hornos de cal, auténticos museos vivientes que conservan la memoria de la vida carcelaria. También se puede practicar senderismo, ascender hasta el Cristo construido por los internos, nadar en la playa Chapingo y admirar los murales elaborados por los reclusos.

En suma, las Islas Marías ofrecen una combinación única de historia, cultura y naturaleza, convirtiéndose en uno de los destinos más singulares de México.

Las Islas Marías son hoy un destino ecoturístico de gran belleza que reúne en un solo lugar historia, cultura y naturaleza. Sin embargo, este paraíso no siempre fue así, pues durante más de un siglo albergó una de las prisiones más temidas de México.

Actualmente, el archipiélago de las Islas Marías, antigua colonia penal y hoy Área Natural Protegida, ofrece a los visitantes una experiencia de ecoturismo, educación ambiental y turismo histórico.

Puerto Balleto es el corazón de la isla María Madre y está considerado un Pueblo Mágico. Aquí, los turistas pueden recorrer tranquilamente sus calles en bicicleta, hospedarse en antiguas casas de colonos rehabilitadas y maravillarse con sus atardeceres y la fauna endémica. Además, el lugar resguarda una historia fascinante marcada por el sufrimiento de quienes estuvieron recluidos en la penitenciaría federal durante 114 años.

Las Islas Marías conservan una historia llena de episodios dolorosos para miles de personas privadas de la libertad, además de haber sido escenario de la vida de personajes relevantes de la historia de México durante el siglo XX.

En mayo de 1905, el presidente Porfirio Díaz adquirió el archipiélago por 150 mil pesos y lo decretó como colonia penal. El propósito original era alejar de las ciudades a indigentes, mendigos, ladrones reincidentes y otros considerados «maleantes». En lugar de una prisión tradicional, se optó por un modelo de relegación en una isla sin muros, donde el mar y la distancia funcionaban como barreras naturales. Los primeros internos llegaron por delitos menores y recibían condenas relativamente cortas.

Tras la Revolución Mexicana, el perfil de los reclusos cambió drásticamente. El archipiélago se convirtió en destino de presos políticos, sindicalistas y opositores al régimen.

A finales de 1939, el presidente Lázaro Cárdenas emitió un decreto que transformó la dinámica de la prisión. Se permitió que algunos internos, denominados «colonos», vivieran con sus familias dentro de la isla.

El trabajo era obligatorio para los reclusos, quienes se dedicaban a la pesca, la extracción de sal, la producción de cal, la construcción y el mantenimiento de las instalaciones.

Muchas de estas labores se realizaban en condiciones infrahumanas. En los hornos de calcinación, por ejemplo, los presos soportaban temperaturas extremas durante más de 72 horas continuas. En las salineras, trabajaban bajo el intenso sol sin protección, situación que les provocaba graves afectaciones físicas.

En 1971 se prohibieron los trabajos forzados con la entrada en vigor de la Ley de Normas Mínimas para Sentenciados, impulsada durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez. Comenzó entonces una nueva etapa conocida como «Colonia Penal Federal» (1971-2010).

A partir de la década de 1970, las Islas Marías funcionaron como un complejo penitenciario concebido bajo un modelo de reinserción social de «puertas abiertas», sin muros ni rejas, donde los internos podían convivir con sus familias y desempeñar diversas actividades productivas.

A mediados del siglo XX se instaló una planta henequenera en la que se fabricaban cuerdas para embarcaciones, costales de yute y otros productos.

El henequén, originario de Yucatán, encontró condiciones favorables para su cultivo en las Islas Marías, por lo que no fue necesario transportar constantemente materia prima desde la península.

Otra actividad productiva importante fue una planta camaronera, en la que participaban internos con buen comportamiento.

El preso político más conocido fue el escritor y filósofo José Revueltas, quien estuvo recluido en dos ocasiones. La primera fue en 1932, cuando tenía apenas 16 años de edad, por su militancia comunista. La segunda ocurrió dos años después. Ambas estancias fueron relativamente breves, de seis y ocho meses respectivamente.

Otro personaje célebre que estuvo recluido en el archipiélago fue Concepción Acevedo de la Llata, conocida como la Madre Conchita. La religiosa capuchina fue acusada de ser autora intelectual del asesinato del presidente electo Álvaro Obregón en 1928. Fue enviada a las Islas Marías en mayo de 1929, donde cumplió parte de su condena y vivió en régimen de semilibertad hasta 1940.

En la isla se reencontró con Carlos Castro Balda, también vinculado al movimiento cristero. Con el paso de los años y tras abandonar los hábitos religiosos, ambos contrajeron matrimonio.

En la historia de la prisión isleña también estuvo presente la etapa neoliberal. Durante el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa se construyó en 2011 un complejo de máxima seguridad que elevó la población penitenciaria a cerca de 8 mil internos, generando problemas de sobrepoblación y diversos motines.

Con este modelo, la isla llegó a albergar hasta 8 mil personas, cuando en etapas anteriores el máximo rondaba las mil 500. La sobrepoblación provocó problemas de abastecimiento, especialmente en el módulo de máxima seguridad, lo que derivó en situaciones críticas y en un motín registrado en 2013. Aunque se realizaron algunos esfuerzos para corregir las deficiencias, el módulo terminó cerrando dos años después.

Los elevados costos de mantenimiento, las dificultades para que los científicos realizaran labores de investigación y los daños ocasionados por el huracán Willa en octubre de 2018 precipitaron el cierre definitivo del complejo penitenciario.

De esta manera, las Islas Marías dejaron de funcionar como centro penitenciario en marzo de 2019, mediante decreto presidencial de Andrés Manuel López Obrador.

Actualmente, las Islas Marías son un importante destino ecoturístico y un lugar que vale la pena visitar por su extraordinaria belleza natural. Además, forman parte de una Área Natural Protegida y fueron declaradas Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2010 debido a su gran riqueza biológica.

Entre las especies endémicas que habitan el archipiélago destacan el loro cabeza amarilla, el mapache de las Islas Marías, el conejo de las Islas Marías, el colibrí de pico ancho y la iguana negra. Asimismo, las aguas circundantes son hogar de diversas especies de delfines.

Para los visitantes, el antiguo reclusorio ofrece una amplia variedad de atractivos. Es posible recorrer la planta henequenera, las salineras y los hornos de cal, auténticos museos vivientes que conservan la memoria de la vida carcelaria. También se puede practicar senderismo, ascender hasta el Cristo construido por los internos, nadar en la playa Chapingo y admirar los murales elaborados por los reclusos.

En suma, las Islas Marías ofrecen una combinación única de historia, cultura y naturaleza, convirtiéndose en uno de los destinos más singulares de México.

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