Tengo otros datos
Por: Eduardo Esquivel Ancona
El repunte de la inversión fija bruta, el avance de las manufacturas y la revisión al alza de las expectativas económicas respaldan la previsión presidencial de una segunda mitad de 2026 con mayor dinamismo, aunque persisten desafíos para consolidar la participación del sector privado.
Las perspectivas económicas de México para el segundo semestre de 2026 comienzan a encontrar respaldo en los indicadores de actividad productiva e inversión. Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), citados en este análisis, apuntan a una recuperación que coincide con la previsión de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sobre un mayor impulso de la economía nacional en la segunda mitad del año.
El comportamiento de la actividad económica, el repunte de las manufacturas y la recuperación de la inversión fija bruta ofrecen argumentos para sostener que el país cuenta con condiciones para mejorar su desempeño, después de un arranque de año débil. Sin embargo, el reto consiste en transformar estas señales favorables en un crecimiento sostenido, con una participación más amplia de la inversión pública y privada.
De acuerdo con el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del Inegi, la economía mexicana habría registrado un crecimiento anual de 3.7% en septiembre de 2026. Por sectores, las actividades secundarias habrían avanzado 3.6%, mientras que las terciarias presentarían un incremento de 4.0%.
Estas cifras apuntan a una mayor actividad tanto en la producción industrial como en los servicios, dos componentes esenciales para fortalecer el mercado interno, sostener el empleo y ampliar las oportunidades para empresas y trabajadores. Al tratarse de estimaciones oportunas, su alcance deberá confirmarse con los resultados definitivos correspondientes.
Uno de los datos más relevantes es el desempeño de la industria manufacturera, que habría crecido 3.7% anual en septiembre, su mayor avance en 36 meses. Este resultado refleja un entorno de oportunidades para la producción nacional, particularmente ante los cambios en las condiciones comerciales internacionales y la posibilidad de sustituir importaciones provenientes de China.
En este escenario, la estrategia económica del gobierno de Sheinbaum enfrenta la oportunidad de fortalecer las cadenas de suministro nacionales, ampliar la capacidad productiva y aprovechar la integración comercial de México con América del Norte. La sustitución de importaciones puede contribuir a ese objetivo, siempre que esté acompañada de inversión, competitividad y mayor contenido nacional.
También se han revisado al alza algunas expectativas de crecimiento para el cierre de 2026. Las previsiones atribuidas al Fondo Monetario Internacional (FMI), al Banco Mundial y a BBVA Research se ubican en un rango de entre 1.2% y 1.5%, lo que representa una perspectiva más favorable después del débil desempeño observado al inicio del año.
Aunque estas estimaciones todavía reflejan un crecimiento moderado, su revisión constituye una señal positiva para la economía mexicana. La clave será que el dinamismo observado en los últimos meses se mantenga y encuentre respaldo en nuevos proyectos productivos, mejores condiciones para la inversión y una demanda interna más sólida.
La inversión fija bruta, una señal de recuperación
Un elemento central para evaluar las perspectivas económicas es el comportamiento de la Inversión Fija Bruta, indicador que permite observar la evolución de los recursos destinados a construcción, maquinaria y equipo, componentes indispensables para ampliar la capacidad productiva de un país.
Según los datos del Inegi referidos en este análisis, la inversión fija bruta aumentó 6% anual en julio de 2026. Con este resultado, el indicador acumuló cuatro meses consecutivos con variaciones anuales positivas desde abril, cuando rompió una racha de 17 meses de contracciones.
El cambio de tendencia es significativo: después de un periodo prolongado de retrocesos, la inversión volvió a mostrar avances consecutivos, lo que abre una ventana de oportunidad para fortalecer la infraestructura, ampliar la actividad empresarial y mejorar las perspectivas de crecimiento de mediano plazo.
Por componentes, la construcción registró un incremento anual de 7.1%, mientras que la maquinaria y el equipo avanzaron 6.2%. Dentro de la construcción sobresalió el segmento residencial, con un crecimiento de 10.6%, frente al aumento de 3.5% de la construcción no residencial.
Estas cifras muestran que la recuperación no se limita a un solo componente de la inversión. El avance de la construcción residencial puede favorecer actividades vinculadas con la vivienda y los materiales, mientras que la adquisición de maquinaria y equipo contribuye a modernizar procesos, ampliar capacidades y elevar la productividad.
Desde una perspectiva económica, la continuidad de esta tendencia sería favorable para los objetivos de desarrollo impulsados por el gobierno federal. La inversión productiva constituye una condición fundamental para generar empleos, ampliar la oferta de bienes y servicios y sostener el crecimiento más allá de los resultados de corto plazo.
El gasto público sostiene el impulso, mientras la inversión privada enfrenta el reto de consolidarse
La composición de la inversión ofrece otra lectura importante. Durante julio, la inversión privada aumentó 6.7% anual, mientras que la pública creció 6.2%.
No obstante, al observar el acumulado de enero a julio, la diferencia entre ambos sectores resulta más marcada: la inversión pública registró un crecimiento de 10.2% respecto del mismo periodo de 2025, mientras que la privada avanzó apenas 0.4%.
Esta brecha permite identificar uno de los principales desafíos de la economía mexicana. El gasto público ha contribuido de manera relevante al comportamiento reciente de la inversión, pero para consolidar una expansión de mayor alcance será necesario que las empresas privadas eleven sus compromisos de capital y participen con más fuerza en los proyectos productivos.
La inversión pública puede actuar como palanca para desarrollar infraestructura y generar condiciones que faciliten la actividad económica. A su vez, una mayor inversión privada puede ampliar la capacidad industrial, impulsar la innovación, crear empleos y fortalecer las cadenas de proveeduría. La complementariedad entre ambos sectores será determinante para convertir la recuperación observada en una tendencia duradera.
Por ello, el desafío no consiste únicamente en mantener el ritmo de la inversión pública, sino también en generar certidumbre y condiciones favorables para que los empresarios amplíen sus proyectos en México.
El diálogo empresarial y el T-MEC, factores decisivos
La cautela de una parte del sector privado está relacionada con las negociaciones del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), cuyo desarrollo influye en las decisiones de inversión de empresas que dependen de las cadenas comerciales de América del Norte.
Sin embargo, también existen señales de interlocución que pueden contribuir a reducir la incertidumbre. José Medina Mora Icaza, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), calificó como «muy constructivo» el diálogo de alto nivel celebrado el 19 de octubre en Palacio Nacional, con la participación de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, integrantes de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, el embajador estadounidense Ronald Johnson y empresarios de ambos países.
El reconocimiento del dirigente empresarial representa una señal favorable para la relación entre el gobierno mexicano y la iniciativa privada. El diálogo institucional puede contribuir a generar confianza, identificar oportunidades de cooperación y fortalecer las condiciones para que los proyectos empresariales avancen.
En un contexto de revisión de las reglas comerciales de América del Norte, la interlocución entre autoridades y empresarios adquiere especial relevancia. México necesita preservar las ventajas de su integración regional, impulsar la producción nacional y ofrecer certidumbre a quienes evalúan invertir en nuevas plantas, infraestructura y cadenas de suministro.
El respaldo expresado por el CCE permite anticipar la posibilidad de una mayor disposición empresarial para invertir, aunque la materialización de esa expectativa dependerá de las condiciones económicas, comerciales y regulatorias, así como de la evolución de las negociaciones del T-MEC.
Sheinbaum y una recuperación que deberá consolidarse
Los indicadores de actividad económica, el desempeño manufacturero y la recuperación de la inversión fija bruta aportan elementos para valorar positivamente la previsión de Claudia Sheinbaum sobre un mayor dinamismo económico durante el segundo semestre de 2026.
El avance de la inversión durante cuatro meses consecutivos, junto con los resultados de la construcción y la maquinaria y el equipo, sugiere que existen señales de recuperación después de un periodo prolongado de debilidad. A ello se suma la revisión al alza de algunas proyecciones de crecimiento y la apertura de espacios de diálogo entre el gobierno y el sector empresarial.
La lectura favorable para la administración de Sheinbaum es que la economía mexicana muestra indicadores que respaldan una perspectiva de mejor desempeño. El reto será sostener esta tendencia, ampliar la inversión privada y lograr que el crecimiento se traduzca en más empleos, mayor productividad y mejores oportunidades para las familias.
En conclusión, los pronósticos presidenciales sobre el comportamiento de la economía mexicana durante la segunda mitad de 2026 encuentran sustento en los datos disponibles. La recuperación de la inversión y el avance de la actividad productiva constituyen señales alentadoras; ahora, el desafío será consolidarlas para que el impulso observado se convierta en crecimiento sostenido y en beneficios concretos para el país.