Sonora Power | Demian Duarte
La encuesta que publicó este lunes El Financiero deja poco margen para la interpretación: los partidos de oposición atraviesan una profunda crisis de respaldo ciudadano y, de mantenerse esta tendencia, enfrentarán un panorama adverso en las elecciones federales del próximo año.
Movimiento Ciudadano (MC), el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Somos no logran consolidar una alternativa competitiva frente a Morena. Pero tampoco el Partido del Trabajo (PT) ni el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) registran cifras que les permitan presumir una fuerza electoral significativa.
Los números son contundentes. De acuerdo con el sondeo de El Financiero, si hoy se celebraran las elecciones para renovar la Cámara de Diputados, el 46% de los encuestados votaría por Morena. El PAN, ubicado como la fuerza mejor posicionada entre los partidos opositores, obtendría apenas el 8%; el PRI alcanzaría el 6% y Movimiento Ciudadano, el 5%.
En el bloque de los partidos aliados de Morena, el PVEM registraría el 2% y el PT, apenas el 1%. Somos, por su parte, tendría el reto de alcanzar el umbral legal del 3% para conservar su registro, pero en la encuesta aparece también con el 1%.
La fotografía electoral refleja una oposición fragmentada, sin una narrativa capaz de conectar con amplios sectores de la población y sin una propuesta que logre disputarle a Morena la confianza ciudadana. El problema no consiste únicamente en la distancia que existe entre sus porcentajes de preferencia, sino en la falta de una estrategia convincente para revertirla.
Mientras tanto, Morena tiene ante sí una oportunidad política excepcional, pero también una responsabilidad proporcional a su fuerza. La amplia ventaja que mantiene en las preferencias electorales no debe interpretarse como un cheque en blanco, sino como una exigencia para ofrecer resultados concretos en los ámbitos que más preocupan a la población.
Es cierto que durante los gobiernos de la Cuarta Transformación se han impulsado avances en materia de derechos sociales, seguridad y combate a la pobreza. Sin embargo, persisten desafíos que requieren atención urgente. El sistema de salud, por ejemplo, debe mejorar sus servicios, garantizar el abasto de medicamentos y ofrecer atención oportuna y de calidad. No sería aceptable que, mientras el respaldo electoral de Morena se mantiene elevado, la experiencia cotidiana de los pacientes se deteriore.
La fortaleza política también debe traducirse en capacidad para resolver problemas. Si Morena cuenta con una mayoría electoral y una posición legislativa dominante, la ciudadanía tiene razones para exigirle que acelere las soluciones y no se conforme con administrar su ventaja.
Otro dato relevante es el interés de los legisladores morenistas por buscar la reelección. De los 254 diputados federales que integran actualmente la bancada, 150 se registraron con esa intención. La cifra anticipa que un número importante de representantes buscará permanecer en San Lázaro y someter nuevamente su trayectoria al escrutinio de los electores.
Quienes aspiren a repetir en el cargo tendrán que explicar qué hicieron durante su gestión, qué iniciativas impulsaron, cómo representaron a sus distritos y cuáles fueron los resultados concretos de su trabajo. La pertenencia a Morena y la ventaja electoral del partido no deberían sustituir la rendición de cuentas ni el compromiso con los ciudadanos.
La reelección debe servir para premiar el desempeño, no para garantizar la continuidad de quienes carezcan de resultados. Cada legislador tendrá que demostrar que merece nuevamente la confianza de quienes lo llevaron al Congreso.
En cuanto a la oposición, el diagnóstico es todavía más complicado. Los porcentajes de la encuesta exhiben una debilidad que no se resolverá con declaraciones, alianzas improvisadas o campañas de confrontación contra el oficialismo. PAN, PRI y MC necesitan explicar qué ofrecen al país, construir propuestas viables y recuperar la credibilidad de una ciudadanía que, según estos resultados, no encuentra en ellos una alternativa suficientemente atractiva.
Por ahora, Morena conserva una ventaja considerable y sus adversarios siguen sin encontrar el rumbo. Pero la política no concede triunfos permanentes: el respaldo ciudadano se mantiene cuando existen resultados, cercanía con la gente y capacidad para responder a sus necesidades.
La oposición tiene mucho trabajo por delante si pretende recuperar terreno. Morena, por su parte, tiene una obligación aún mayor: demostrar que su fuerza en las urnas puede convertirse en mejores condiciones de vida para la población.