Opinión

México construye su propia inteligencia artificial para el sector salud

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Staff Domo de Cristal
2 de noviembre de 2026, 5:42 am
Tiempo 12 min
México construye su propia inteligencia artificial para el sector salud

El desafío de dejar de ser usuario de tecnología para convertirse en desarrollador. La IA no sustituye la compra de medicamentos, el personal médico, la infraestructura hospitalaria ni la supervisión humana; su eficacia dependerá de contar con datos confiables.

Por José Sobrevilla

México ha comenzado a desarrollar, de acuerdo con anuncios de la Presidencia de la República, capacidades tecnológicas propias que podrían transformar la manera en que el Estado administra sus recursos, atiende a la población y toma decisiones. Aunque todavía no se han establecido plazos definitivos, el objetivo es crear soluciones nacionales de inteligencia artificial (IA), formar especialistas y reducir la dependencia de proveedores extranjeros.

El verdadero desafío consiste en convertir esta apuesta en una política de Estado, con resultados medibles, infraestructura suficiente y garantías para los ciudadanos.

La discusión es estratégica. En un mundo donde los algoritmos intervienen cada vez más en la economía, la comunicación, la seguridad, la política y los servicios públicos, depender exclusivamente de tecnologías diseñadas y controladas desde el extranjero limita la autonomía de cualquier nación.

En colaboraciones anteriores, a partir de información pública disponible, hemos analizado la dependencia tecnológica de México respecto de China, particularmente a través de empresas como Huawei. Ahora, nuestro país busca avanzar hacia un modelo distinto, sustentado en el desarrollo de software público, la formación de talento nacional, la automatización de procesos y la creación de infraestructura de cómputo.

El anuncio se realizó el 23 de octubre de 2026, durante la conferencia de prensa de la presidenta Claudia Sheinbaum, cuando se presentó la integración de un Consejo Asesor para la Transformación Digital del Sector Salud, conformado por especialistas mexicanos en inteligencia artificial, matemáticas aplicadas, investigación de operaciones, logística e ingeniería computacional.

El Consejo estaría integrado por Zaida Estefanía Alarcón Bernal, Cuauhtémoc Sánchez Ramírez, Jonás Velasco Álvarez y Rolando Menchaca Méndez. A ellos se sumaría un equipo de jóvenes mexicanos de la Fábrica de Software: Javier Campos Alvarado, Norma Angélica García, Jorge Miguel Téllez Torres, Viridiana Guadalupe Viveros Espinoza y Gustavo Pérez Briones, profesionales con formación doctoral y de ingeniería procedentes de distintas regiones del país.

La iniciativa permite identificar el rumbo que pretende seguir el Gobierno mexicano en materia de inteligencia artificial: aprovechar la ciencia y la tecnología para resolver problemas públicos, en lugar de limitarse a comprar soluciones comerciales desarrolladas por terceros.

De los algoritmos al hospital: una aplicación concreta

El proyecto para el sector salud busca atender un problema que suele generar confusión y controversia: comprar medicamentos no garantiza que estén disponibles en el momento y lugar donde los pacientes los necesitan. Esta diferencia entre adquisición, distribución y disponibilidad ha sido aprovechada políticamente por sectores de la oposición a la Cuarta Transformación, particularmente ante la proximidad de las elecciones de 2027.

De acuerdo con lo expuesto por el subsecretario de Integración y Desarrollo del Sector Salud, Eduardo Clark, el sistema público utiliza alrededor de 3 mil millones de piezas de medicamentos e insumos médicos al año, que deben distribuirse entre más de mil hospitales y cerca de 15 mil centros de salud y unidades médicas de primer nivel.

La propuesta consiste en integrar información sobre compras, almacenes, inventarios, consumo, ubicación de las unidades médicas y necesidades de los pacientes. Con estos datos, los algoritmos podrían anticipar la demanda, optimizar las rutas de distribución y detectar posibles faltantes antes de que se conviertan en una emergencia.

El Gobierno anunció que presentaría un primer plan de trabajo aproximadamente un mes después de dar a conocer el proyecto y que comenzaría a implementar mejoras a partir de enero de 2027. Se trata, por ahora, de objetivos y compromisos anunciados, no de resultados que puedan considerarse cumplidos.

La relevancia de esta iniciativa radica en que la inteligencia artificial no necesariamente tiene que expresarse mediante robots humanoides o asistentes conversacionales sofisticados. También puede materializarse en sistemas capaces de identificar qué hospital necesita determinados insumos, dónde existe inventario disponible y cuál es la ruta más eficiente para garantizar su entrega.

Sin embargo, es indispensable establecer una distinción: la tecnología no sustituye la compra de medicamentos, la contratación de personal médico, la construcción de hospitales ni la supervisión humana. Su eficacia dependerá de la calidad de los datos, de la coordinación entre instituciones y de que las herramientas funcionen adecuadamente en las unidades donde realmente se necesitan.

La Fábrica de Inteligencia Artificial: desarrollar tecnología en casa

El proyecto sanitario forma parte de una estrategia institucional más amplia: la Fábrica de Inteligencia Artificial de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT).

Según información oficial publicada el 1 de octubre de 2026, esta estructura trabaja en soluciones para tres grandes ámbitos: atención ciudadana, modelos de riesgo y automatización de procesos. Entre sus aplicaciones figuran herramientas para trámites gubernamentales, servicios turísticos digitales, detección de riesgos en aduanas y facturas, así como procesos administrativos relacionados con patentes.

La diferencia estratégica consiste en que, en lugar de adquirir cada sistema como un producto terminado, el Estado busca desarrollar capacidades propias para diseñar, adaptar, mantener y mejorar sus herramientas digitales.

La experiencia de la anterior Fábrica de Software ofrece un antecedente importante. La ATDT reportó 279 productos digitales desarrollados y ahorros superiores a 14 mil millones de pesos hasta julio de 2026. Es importante precisar que esta cifra corresponde al conjunto de esos desarrollos y no exclusivamente a proyectos de inteligencia artificial.

La estrategia también contempla formar a las nuevas generaciones de especialistas. En octubre, el Centro Público de Formación en Inteligencia Artificial inició una segunda generación integrada por 23 mil jóvenes, de acuerdo con información de la Secretaría de Educación Pública.

Su sede física principal en la Ciudad de México se encuentra en las instalaciones del TecNM Tláhuac, identificado en la información proporcionada como nuevo CONAHCYT, y cuenta con presencia presencial en distintos campus del Tecnológico Nacional de México (TecNM).

La oferta académica incluye inteligencia artificial, análisis de datos, ciberseguridad, computación en la nube y otras especialidades digitales, con participación de instituciones públicas y empresas tecnológicas.

Formar talento es indispensable, pero no suficiente. México también necesita retener a sus especialistas, financiar la investigación científica, generar empleos de alto valor y consolidar una industria nacional capaz de convertir ese conocimiento en productos y servicios competitivos.

Soberanía tecnológica: ¿qué falta por construir?

La estrategia gubernamental contempla objetivos que van más allá de la digitalización de los procesos administrativos. La agenda incluye el desarrollo de infraestructura nacional de supercómputo, la incorporación de inteligencia artificial al análisis de imágenes satelitales y la creación de capacidades para procesar información estratégica del Estado. Entre los proyectos anunciados destaca la supercomputadora Coatlicue.

No obstante, es necesario distinguir entre desarrollar aplicaciones que utilizan inteligencia artificial y construir modelos fundacionales capaces de competir con los principales sistemas internacionales. Se trata de niveles tecnológicos diferentes.

La información disponible documenta avances y proyectos en inteligencia artificial aplicada, formación de especialistas e infraestructura, pero no permite afirmar que México ya cuente con un modelo fundacional propio comparable con los principales desarrollos comerciales del mundo.

También permanece una pregunta decisiva: ¿quién controla los datos, la infraestructura y los sistemas de los que dependerán los servicios públicos?

La soberanía tecnológica no se consigue únicamente escribiendo código nacional. También exige conocer dónde se procesan y almacenan los datos, bajo qué jurisdicción operan los proveedores, qué componentes extranjeros utilizan las plataformas y qué capacidad tiene el país para mantenerlas si cambia una relación comercial o contractual.

A ello se suma la obligación de establecer mecanismos sólidos de protección de datos personales, ciberseguridad, transparencia y auditoría.

En enero de 2026, la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación y la ATDT presentaron una declaración de ética y buenas prácticas para orientar el desarrollo y uso de la inteligencia artificial. El siguiente paso consiste en traducir esos principios en procedimientos verificables, responsabilidades institucionales y mecanismos efectivos de rendición de cuentas.

La prueba definitiva será el beneficio social

La inteligencia artificial que México busca desarrollar debe evaluarse menos por los anuncios y más por sus resultados concretos: medicamentos entregados oportunamente, trámites más sencillos, mejor aprovechamiento de los recursos públicos, servicios accesibles en comunidades rurales y nuevas oportunidades laborales para especialistas nacionales.

En el sector salud, por ejemplo, habrá que comprobar si estos sistemas reducen efectivamente los faltantes, mejoran la distribución y facilitan el acceso a los expedientes clínicos entre instituciones, siempre con las debidas garantías de privacidad.

La propia presidenta reconoció durante la conferencia que la tecnología no resolverá por sí sola los problemas del sistema sanitario. Su implementación requiere capacitación, conectividad y coordinación institucional.

México intenta pasar de la simple adopción tecnológica al desarrollo de capacidades propias. Es un cambio relevante, aunque todavía se encuentra en construcción.

La verdadera soberanía digital no consiste en rechazar la tecnología extranjera, sino en contar con conocimientos, infraestructura y capacidad de negociación para decidir qué herramientas utilizar, cómo adaptarlas y bajo qué reglas.

El reto es evitar que la inteligencia artificial se convierta en otra promesa de modernización gubernamental. Debe transformarse en una herramienta pública verificable, transparente y útil para la sociedad. Ahí se determinará si México está construyendo únicamente sistemas digitales o si realmente está desarrollando una capacidad tecnológica nacional.

México ante la competencia tecnológica internacional

La construcción de capacidades nacionales en inteligencia artificial comienza a adquirir relevancia internacional por sus implicaciones económicas, tecnológicas y geopolíticas. El debate no se limita a desarrollar programas informáticos o incorporar herramientas de IA a las instituciones públicas. La cuestión de fondo es si México puede reducir su dependencia de las grandes corporaciones internacionales y participar en la competencia mundial por el control de los datos, los algoritmos y la infraestructura digital.

Nuestro país cuenta con una posición geográfica, económica, industrial y científica que lo convierte en un actor potencialmente relevante para el desarrollo de la inteligencia artificial en América Latina y Norteamérica. Sin embargo, los avances institucionales también deben contrastarse con las limitaciones de recursos, infraestructura, investigadores y capacidad de cómputo especializado.

La iniciativa mexicana surge en un momento en que Estados Unidos, China y la Unión Europea compiten por establecer estándares tecnológicos, controlar infraestructura estratégica y ampliar sus respectivos ecosistemas de inteligencia artificial.

Por ello, desarrollar una IA en México no significa necesariamente crear un competidor directo de ChatGPT, Gemini o DeepSeek. También implica la posibilidad de construir modelos especializados en español y lenguas indígenas, sistemas para instituciones públicas, herramientas científicas y aplicaciones entrenadas con información pertinente para la realidad nacional.

El 20 de octubre de 2026 se presentó el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA 2026), que evalúa a 20 países de América Latina y el Caribe. En la clasificación citada, México obtiene una puntuación de 52 puntos sobre 100, por debajo de Chile (71.4), Brasil (68.4), Uruguay (67.0), Colombia (56.8), Costa Rica (56.0), Argentina (55.6) y Perú (52.7).

Esta posición refleja que México dispone de recursos, conocimientos y capacidades para desarrollar y utilizar inteligencia artificial, pero todavía enfrenta el desafío de consolidar un ecosistema tecnológico que le permita competir con las naciones más avanzadas de la región.

Otro dato relevante es la distribución de la infraestructura de procesamiento. México concentra aproximadamente el 2% de las unidades de procesamiento gráfico (GPU) identificadas en instalaciones especializadas de América Latina, mientras Brasil reúne el 87.7%.

La diferencia revela una contradicción: México cuenta con una economía industrial importante y una base de talento tecnológico, pero su capacidad de procesamiento especializado continúa siendo limitada.

El desafío, por tanto, no consiste solamente en formar programadores o desarrollar aplicaciones. Se requiere invertir en infraestructura, investigación, centros de cómputo, conectividad y financiamiento para que el conocimiento nacional pueda convertirse en innovación tecnológica.

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