Los casos de Julieta Ramírez y Milena Quiroga han permitido revisar el sicariato informativo desde la perspectiva electoral rumbo a 2027, mientras que el de los 54 periodistas ayuda a estudiar la confrontación entre el poder político, los medios y las redes algorítmicas.
La deepfake publicada por Donald Trump: el mapa como instrumento de comunicación política.
Por José Sobrevilla
Desde hace unos meses circula en Amazon el libro “El Sicariato Informativo. El algoritmo, su arma letal”, de Juan Ayón y José Sobrevilla, ahora también disponible en versión impresa, editada por el Club de Periodistas de México, A.C.[1] En él se revelan estrategias de desinformación, propaganda y campañas negras que se desarrollan en plataformas digitales para influir en la opinión pública mediante la manipulación de algoritmos, memes, bots y contenidos virales, con el propósito de ridiculizar a personas, grupos e instituciones, o bien trivializar temas políticos, económicos y sociales; aunque, en muchas ocasiones, también buscan desacreditar a quienes promueven cambios sociales.
Detrás de estas prácticas existen grupos con poder económico y tecnológico que, desde el anonimato, financian estructuras de comunicación digital para influir en los usuarios de internet. Hoy, las redes sociales, la inteligencia artificial y la manipulación informativa se han convertido en herramientas clave para moldear la percepción pública en todos los ámbitos, especialmente en los terrenos político y social.
Como precisión metodológica, podemos advertir que la expresión “sicariato informativo” no constituye una categoría jurídica ni una tipología académica consolidada. Sin embargo, como concepto periodístico, se utiliza para describir operaciones coordinadas cuyo objetivo no es informar, sino desacreditar, intimidar, destruir reputaciones o imponer narrativas mediante redes sociales, publicidad digital, cuentas anónimas, bots, medios afines y, cada vez más, herramientas de inteligencia artificial.
Son situaciones que se viven día a día y que, al revisar información publicada durante agosto y los primeros días de septiembre de 2026, permiten identificar varios casos susceptibles de ser analizados bajo esta categoría. No todos han sido probados como operaciones de sicariato informativo; se trata de denuncias todavía sujetas a investigación. Sin embargo, la forma en que han sido planteadas presenta características que corresponden al fenómeno.
La senadora morenista Julieta Ramírez, por ejemplo, al solicitar licencia al Senado para registrarse en los procesos internos de Morena rumbo a la Coordinación Estatal de Defensa de la Cuarta Transformación y buscar la candidatura a la gubernatura de Baja California en 2027, denunció el 18 de agosto pasado una campaña de desprestigio basada en publicaciones digitales y contenidos difundidos por medios de comunicación.
Según su denuncia, entre el 3 y el 9 de agosto se habrían identificado más de 100 mil pesos en publicidad negativa relacionada con su imagen. Además, agregó, el gasto acumulado durante el proceso interno de Morena, PT y PVEM habría superado el millón de pesos en contenidos en su contra.
Lo interesante es que el caso presenta diversos elementos característicos del fenómeno del sicariato: inversión económica, segmentación digital, concentración temporal de los ataques, uso de redes sociales, reproducción de contenidos negativos y coincidencia con una disputa política interna. Sin embargo, la existencia de publicidad negativa documentada no basta para configurarlo como sicariato informativo, pues todavía se requieren pruebas que permitan determinar quién financió y coordinó la operación.
Otro caso es el de Milena Quiroga Romero, también aspirante a la Coordinación de los Comités de Defensa de la Transformación en Baja California Sur, quien el 11 de agosto anunció que solicitaría un peritaje federal especializado sobre un video relacionado con la colocación de mantas y mensajes en su contra, ocurrida el 15 de junio. El objetivo sería determinar la autenticidad, el origen, la integridad y la trazabilidad del material, así como identificar a quienes participaron en su elaboración y difusión, lo que implica investigar tanto a los autores intelectuales como sus posibles fuentes de financiamiento.
En este caso aparecen características aún más sofisticadas: la operación no se habría limitado al contenido digital, sino que incluiría acción física, grabación, circulación digital, construcción de una narrativa y presión política. Por ello, si el peritaje confirma la coordinación y la existencia de una estructura de financiamiento, podría constituir un caso especialmente relevante de sicariato informativo híbrido, en el que la acción física genera el contenido que posteriormente es utilizado para alimentar el ecosistema digital.
Por tanto, mientras no existan pruebas concluyentes, debe calificarse como una presunta campaña negra, no como una operación demostrada de sicariato informativo.
Un caso que llamó especialmente la atención fue la lista —que, según se dijo, “no fue lista”— de 54 periodistas y medios presentada desde Palacio Nacional por la consejera jurídica de la Presidencia. Este ha sido, probablemente, el caso más delicado desde la perspectiva institucional, aunque su naturaleza es distinta.
El 12 de agosto, Luisa María Alcalde presentó en su espacio “Derecho de Réplica” un análisis titulado “Ecosistema de amplificación digital”, en el que identificó medios, cuentas y actores que, según el Gobierno, participarían en una estructura de amplificación de contenidos críticos contra la administración de Claudia Sheinbaum. El análisis abarcó información del 1 de enero al 8 de agosto pasados.
Posteriormente, diversos medios reportaron que se trataba de más de 54 periodistas, medios y opositores señalados por el Gobierno. La autoridad sostuvo que no se trataba de una “lista negra”, pero organizaciones y periodistas cuestionaron públicamente la exposición de sus nombres.
El caso importa porque introduce una inversión del concepto: el sicariato informativo normalmente utiliza las redes para señalar y desacreditar a una persona; aquí, en cambio, el propio señalamiento institucional puede convertirse en combustible para campañas digitales contra esas personas. Es decir, aunque no pueda calificarse automáticamente como sicariato informativo, sí puede generar un ecosistema propicio para producirlo.
El 7 de septiembre de 2026, el presidente estadounidense difundió un mapa con la bandera de Estados Unidos cubriendo México, Canadá, Groenlandia, Islandia, Centroamérica y buena parte del Caribe.
Es lo que en el libro “El Sicariato Informativo”[2] denominamos deepfake, y diversos medios lo interpretaron como una estrategia de provocación política y de reivindicación de una visión territorial ampliada de Estados Unidos.
El mensaje puede leerse en tres niveles:
Mapa: modifica visualmente las fronteras.
Poder: presenta a Estados Unidos como potencia dominante del continente.
Soberanía: convierte la representación territorial en una provocación para México, Canadá, Groenlandia, Islandia y otros países, producto de una mente enferma de poder.
La “guerra cognitiva” y la activación de bots
Presentar en la discusión pública el monitoreo de granjas de bots y redes de amplificación política realizado por la Presidencia de la República —“Ecosistema digital de derecha”—, que amplificaban narrativas contra el Gobierno, no implica aceptar automáticamente la explicación oficial. Se trata, más bien, de observar el mecanismo descrito: cuentas + amplificación + tendencia + narrativa + medios + opinión pública + nueva amplificación.
Ese es, precisamente, uno de los mecanismos que pueden convertir una falsedad originalmente marginal en una percepción social aparentemente mayoritaria.
De hecho, especialistas citados por el Instituto Mexicano de la Radio (IMER), Ana Lilia Pérez y Azul Alzaga, han advertido sobre la combinación de bots, algoritmos y campañas de odio como una amenaza creciente para la estabilidad democrática y el debate público. Han señalado que se generan “conversaciones artificiales”, en las que los algoritmos están diseñados para amplificar contenidos que generan polarización, creando falsas tendencias y distorsionando el interés público real.
Un caso documentado entre el 28 y el 30 de agosto de 2026 es el video generado con inteligencia artificial en el que el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, pronuncia un discurso que nunca pronunció.
El material fue difundido en “X” por Derek Maltz, exdirector interino de la DEA, quien posteriormente —según documentó Intolerancia Diario— señaló que la imagen generada con IA, en la que Rocha Moya aparecía escoltado por agentes estadounidenses, no correspondía a declaraciones reales del exgobernador y que se trataba de una recreación artificial.
También advirtió que algunos de los cargos mencionados en la pieza no coincidían exactamente con la acusación formal. Sin embargo, precisamente esa combinación aumenta considerablemente su potencial propagandístico: mezcla una acusación real con una supuesta “evidencia audiovisual” completamente falsa.
El objetivo sería deteriorar la credibilidad de Rocha Moya y reforzar públicamente la narrativa de una eventual persecución judicial estadounidense —y, claro, de una potencial intervención—.
Por otro lado, un reporte del medio regional Hoy BCS señala que el aspirante a la alcaldía de Los Cabos, Ernesto Ibarra Montoya, denunció una operación mediante videos y audios presuntamente manipulados con IA, en los que se le atribuían declaraciones contra distintos personajes políticos vinculados al proyecto de Milena Quiroga.
Ibarra negó que fueran auténticos y afirmó que se trataba de audios editados mediante inteligencia artificial. También aseguró haber recibido una exigencia de 300 mil pesos para detener la difusión de esos materiales, por lo que presentó una denuncia por extorsión. Sin embargo, hasta ahora no está probado quién los produjo.
Otro caso, difundido por Puebla Online, es el de José Luis García Parra, coordinador del Gabinete de Puebla, quien denunció que la oposición al proyecto del Cablebús fue artificialmente amplificada en redes sociales mediante cuentas coordinadas y bots, algunos de los cuales supuestamente eran operados desde países sudamericanos.
Presentó un análisis de más de 412 mil menciones entre enero y agosto de 2026, en el que se identificó sincronización temporal, similitudes textuales, hashtags recurrentes y URL provenientes de fuentes comunes, además de pocas cuentas generadoras de contenido que posteriormente eran amplificadas por cuentas con cero seguidores.
Agregó que las cuentas fueron geolocalizadas en Estados Unidos, Colombia, Ecuador, Bolivia y Paraguay, y señaló varias cuentas concretas de “X” que, según la administración estatal, funcionaban como replicadoras.
La información procedía fundamentalmente de la exposición del Gobierno de Puebla recogida por Puebla Online. Sin embargo, la existencia de una red coordinada fue únicamente una acusación sustentada en un análisis presentado por el gobierno estatal, no una conclusión independiente que pueda considerarse definitivamente probada.
Investigaciones recientes sobre México, como las realizadas por Animal Político y El Sabueso, encontraron que en 2026 la desinformación mexicana utilizará cada vez más imágenes generadas o manipuladas con IA, videos fuera de contexto y mecanismos para evadir filtros, con X como uno de los principales canales de propagación.
La desinformación posterior a la muerte de “El Mencho”
¿Recordará que, meses atrás, durante el operativo que llevó a la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, se difundió ampliamente información falsa en redes sociales, con supuestas tomas de aeropuertos, ataques a iglesias, ciudades bajo control criminal, turistas secuestrados y versiones contradictorias sobre la situación de Claudia Sheinbaum, entre otras narrativas?
El fenómeno es lo suficientemente importante como para ser analizado como una operación de desinformación vinculada a redes digitales asociadas con el crimen organizado, con una dimensión fundamental: el sicariato informativo no necesariamente tiene como objetivo a una persona; también puede tener como finalidad generar miedos colectivos.
Aquí, lo más importante es que el sicariato informativo mexicano está pasando de la simple “campaña de desprestigio” a un modelo de ingeniería de la percepción.
Antes consistía en publicar una mentira contra alguien y esperar las reacciones. Hoy, el circuito es:
Identifico al objetivo → fabrico o selecciono un contenido → lo distribuyo mediante cuentas coordinadas → el algoritmo lo detecta como “relevante” → lo multiplica → otros usuarios lo reproducen → un medio lo convierte en noticia → el contenido regresa a las redes con apariencia de información confirmada.
Y ahí aparece el elemento más peligroso: la víctima deja de combatir una sola mentira y empieza a combatir una realidad artificialmente construida.
La expansión de la inteligencia artificial vuelve este mecanismo aún más poderoso, porque permite producir simultáneamente texto, imágenes, audio y video sintéticos.
No por nada, la UNESCO ha advertido que la expansión de la inteligencia artificial está amplificando los riesgos de desinformación y alterando el ecosistema informativo. Sin embargo, por ahora no podría afirmarse que algunos de los casos mencionados lleguen a configurar casos probados de sicariato informativo. Metodológicamente, sería incorrecto hacerlo.
Puede afirmarse que México está acumulando casos que presentan componentes característicos del sicariato informativo, como campañas de desprestigio pagadas, cuentas coordinadas, publicidad negativa, narrativas artificialmente amplificadas, operaciones híbridas físico-digitales y uso de bots.
Pero ¿por qué es importante legislarlo?
Existen muchos casos; solo mencionaremos algunos.
El 25 de octubre de 1924, por ejemplo, poco antes de las elecciones generales en el Reino Unido, el Daily Mail publicó un texto de Grigori Zinoviev, dirigente de la Internacional Comunista, que fingía ser una orden de Moscú para que los comunistas británicos alentaran una REVOLUCIÓN.
Posteriormente, la carta fue considerada falsa, pero ya había contribuido a que los conservadores de Stanley Baldwin obtuvieran una contundente victoria y regresaran al gobierno.
Ni hablar de 2016, cuando, para asegurar la elección, @RealDonaldTrump circuló numerosas historias falsas y teorías conspirativas contra Hillary Clinton: Pizzagate[3], supuestos delitos, acusaciones de redes criminales, etcétera.
O bien, en 2018, con Jair Bolsonaro, cuando circularon masivamente falsedades contra el PT y Fernando Haddad. La más conocida fue el supuesto “kit gay”, presentado engañosamente como material escolar destinado a “sexualizar” a los niños.
Posteriormente, un estudio encontró que aproximadamente 42% del contenido de la derecha analizado en grupos de WhatsApp correspondía a información falsa, frente a menos de 3% del contenido de izquierda.
Y, como estos, existen varios ejemplos.
Algunas fuentes consultadas
- https://oxigenopuro.com.mx/julieta-ramirez-pide-licencia-al-senado-por-gubernatura-bc/
- https://enfoquenoticias.com.mx/noticias/el-reto-mas-grande-es-baja-california-sur-es-el-agua-el-gobierno-federal-nos-ha-ayudado-con-infraestructura-milena-quiroga
- https://www.unesco.org/es/articles/inteligencia-artificial-y-desinformacion
- https://noticias.imer.mx/blog/bots-algoritmos-y-campanas-de-odio-el-impacto-de-la-desinformacion-en-la-democracia-periodistas/
- https://apnews.com/article/desinformación-fake-noticias-falsas-redes-violencia-mexico-1612a9043cfdeebcbe9847c12d8064a2
- https://www.facebook.com/watch/?v=2403776856761051
Notas
[1] El 24 de septiembre, a las 17:30 horas, será presentado en el auditorio Francisco Zarco del Club de Periodistas de México (Filomeno Mata #8, Centro Histórico).
[2] Juan Ayón y José Sobrevilla, El sicariato informativo. El algoritmo, su arma letal, editado por el Club de Periodistas de México, A.C., primera edición, agosto de 2026.
[3] Teoría conspirativa falsa y desacreditada que surgió durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 y afirmaba, sin pruebas, que altos funcionarios del Partido Demócrata, incluidos Hillary Clinton y John Podesta, su jefe de campaña, formaban una red de tráfico de personas y abuso sexual infantil desde el sótano de una pizzería en Washington.