SonoraPower, por Demian Duarte
Conversé ampliamente con mi colega y amigo Vicente Serrano, a propósito del video en el que aparece junto al creador de contenido Ignacio Rodríguez, conocido como “El Chapucero”, durante una fiesta en la que ambos beben y están acompañados de varias mujeres.
Los dos comunicadores han sido objeto de un linchamiento mediático. Sin embargo, es importante señalar que, hasta donde se conoce públicamente, no hay elementos que permitan afirmar que hayan infringido alguna ley. En las imágenes tampoco se observa la presencia de menores de edad, actos de violencia, coacción contra alguna persona ni consumo de drogas.
Lo que se aprecia es a dos hombres adultos que pasan un rato de esparcimiento, beben y conviven con mujeres cuya relación con ellos desconozco. Por lo tanto, no me corresponde especular sobre quiénes son ni sobre la naturaleza de su vínculo con los comunicadores.
A partir de esas imágenes, algunos comentaristas identificados con la oposición han construido una narrativa que presenta el episodio como un exceso. Incluso han llegado a insinuar que ese tipo de actividades se financian con dinero público y que representan una forma de denigrar a las mujeres. Se trata de señalamientos que, antes de convertirse en condenas públicas, deberían sustentarse en hechos verificables y no en prejuicios o interpretaciones interesadas.
Desde mi perspectiva, no puede descartarse que Vicente e Ignacio hayan sido víctimas de lo que en el argot periodístico se conoce como un cuatro: una situación preparada para grabarlos y exponerlos públicamente con la intención de perjudicar su imagen. No obstante, determinar si hubo una trampa requiere pruebas; lo que sí resulta evidente es la dimensión que ha adquirido la controversia.
En lo personal, no encuentro motivos para condenar a dos adultos por la manera en que deciden disfrutar de su tiempo libre. Son hombres mayores de 40 años, con capacidad para tomar sus propias decisiones y asumir las consecuencias de sus actos. Pueden acertar o equivocarse, como cualquier otra persona, pero eso no convierte automáticamente su vida privada en un asunto de interés público ni justifica que se les someta a un juicio moral desproporcionado.
La libertad individual es un valor fundamental, particularmente en una sociedad que aspira a ser más tolerante y respetuosa de las decisiones ajenas. Por eso, en este episodio percibo una considerable dosis de hipocresía y una actitud de falsa superioridad moral entre quienes se apresuran a condenar a los protagonistas.
En el Evangelio según San Juan, Jesús plantea una reflexión que conserva su vigencia: quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra. Es una enseñanza que invita a la prudencia antes de juzgar a los demás. Hombres y mujeres hemos cometido errores y tomado decisiones que pueden ser cuestionadas, pero eso no nos convierte en jueces infalibles de la conducta ajena.
En el periodismo no hay santos, como tampoco los hay en la política. Sin embargo, en este caso, la discusión parece haber rebasado los límites de una crítica legítima para convertirse en un intento de desacreditar a dos comunicadores que han asumido una posición política y defienden el proyecto de la Cuarta Transformación.
Sus posturas públicas no los eximen de la crítica, pero tampoco deberían convertirlos en blanco de ataques personales que sustituyan los argumentos por la descalificación. La credibilidad de un periodista debe evaluarse a partir de su trabajo, la consistencia de sus opiniones y la veracidad de la información que difunde, no exclusivamente por las imágenes de una convivencia privada.
Lo ocurrido también deja al descubierto la confrontación entre sectores de la comentocracia vinculados con posiciones de derecha y con el antiguo régimen, y quienes ejercemos el periodismo desde una perspectiva distinta, respaldando la visión de transformación que representa la 4T.
En ese contexto, cabe preguntarse si la indignación que hoy expresan algunos críticos responde a una preocupación genuina por la conducta de los comunicadores o si se ha convertido en un instrumento para golpear políticamente a quienes no comparten su visión.
Por eso publicamos hoy la entrevista con Vicente Serrano, para escuchar directamente su versión de los hechos y conocer su postura frente a la polémica.
Que hablen los involucrados, que se presenten pruebas y que cada quien saque sus conclusiones. Mientras tanto, dejemos que quienes se consideran libres de pecado preparen sus piedras.
Ya veremos quién se atreve a lanzarlas.