De padre alemán y madre mexicana, el caricaturista Arturo Kemchs Dávila nació en la colonia Narvarte, en la Ciudad de México. Sin embargo, la vida lo llevó a establecerse en la alcaldía Iztapalapa, desde donde actualmente vive y desarrolla gran parte de su actividad profesional.
Durante una entrevista realizada el pasado 7 de junio en la ciudad de Xalapa, donde el Club de Periodistas de México reconoció su trayectoria en el marco de la celebración de la Libertad de Prensa, Kemchs recordó que desde muy pequeño supo cuál sería su destino.
«Muchos creemos que encontramos rápidamente nuestro oficio… pero no», comenta.
Cuenta que una de sus hijas, periodista de profesión, le dijo en alguna ocasión:
—Papá, tú tuviste suerte porque encontraste muy pronto tu vocación. A muchos estudiantes nos toma años descubrir qué queremos hacer. Pasamos por la preparatoria, la universidad y, muchas veces, terminamos una carrera para descubrir que no era lo nuestro. Entonces volvemos a empezar hasta encontrar un oficio que realmente nos haga felices.
«Ella decía que yo me enamoré muy joven de mi trabajo y simplemente arranqué», recuerda Kemchs. Gracias a haber iniciado cuando aún cursaba la preparatoria, dentro de poco más de un año cumplirá medio siglo dedicado profesionalmente a la caricatura, una disciplina que, asegura, aprendió de manera completamente empírica, al igual que la pintura.
Recuerda que fue precisamente en la preparatoria cuando comenzó a leer a Eduardo del Río «Rius», primero con Los Agachados y Los Supermachos. Sus profesores de Historia lo impulsaron a profundizar en aquellas lecturas.
Así llegaron títulos como Cuba para principiantes, La joven Alemania, Marx para principiantes, Lenin para principiantes y, por supuesto, La panza es primero.
«Con todos esos libros le fui tomando un enorme cariño a la caricatura», afirma.
Aquellas lecturas también despertaron su interés por la política.
«El destino me llevó a relacionarme con otros grandes maestros del dibujo y empecé a seguir sus pasos.»
Actualmente trabaja en su libro número 52. El primero lo escribió cuando aún estudiaba la preparatoria.
«Se llamaba El México Atracado. Era prácticamente una copia de los libros de Rius; un fusil de su estilo, de su manera de escribir y dibujar, pero precisamente esa etapa fue mi escuela.»
Aprender de los grandes
—¿Qué más puedes agregar de tus inicios en el mundo de la caricatura?
«Aprendí observando a los grandes. Ya estaban Naranjo, Magú y muchos otros caricaturistas. Los seguí durante años y la vida me permitió conocerlos y convivir con ellos. Sin proponérselo, terminaron siendo mis maestros.»
Aunque hoy dedica casi todo su tiempo a la caricatura política, reconoce que también desarrolló una faceta como pintor.
«Pinto muy poco. Prácticamente ya no tengo tiempo. Pero una disciplina va de la mano de la otra: si puedes construir un personaje en caricatura, puedes llevarlo al lienzo utilizando distintos materiales.»
Sin embargo, explica que nunca produjo suficiente obra para organizar una exposición, entre otras razones porque decidió dedicar buena parte de su tiempo a crear una escuela para personas con síndrome de Down.
Kemchs ha sido presidente de la Sociedad Mexicana de Caricaturistas, director del Museo de la Caricatura y creador del actual Museo Zapata, ubicado en la estación Zapata del Metro de la Ciudad de México.
Actualmente dirige la Unión Iberoamericana de Humoristas Gráficos (UNIHG) y la Fundación Arte Down México A.C., institución donde comparte el arte con jóvenes de educación especial.
Su trayectoria también incluye cinco Premios Nacionales de Periodismo y el reconocimiento de la revista internacional WittyWorld como uno de los cien mejores caricaturistas del mundo.
El pasado 7 de junio de 2026, el cartonista de El Universal participó en la inauguración de la Exposición Internacional de Caricatura Humor y Talento Unidos por un Balón, realizada en la Universidad de Xalapa, donde además recibió un reconocimiento por su trayectoria otorgado por el Club de Periodistas de México, Delegación Veracruz.
Arte Down México
—¿Cómo surgió la Fundación Arte Down México A.C.?
«Un día unos muchachos me pidieron que les enseñara a dibujar. Les dije que podía hacerlo los sábados. A la semana siguiente llegaron con otro compañero; después con dos más y, quince días después, ya eran muchos. Entonces entendí que existía una necesidad social: hacían falta espacios para ellos.»
Así comenzó la búsqueda de un inmueble que permitiera crear la Fundación Arte Down México A.C.
La institución nació hace dieciséis años. Al cumplir quince organizó una gran exposición en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México.
«Mis muchachos ya pintaban obras de más de un metro de altura.»
Kemchs explica que su objetivo siempre ha sido brindar oportunidades a jóvenes con síndrome de Down que, al cumplir la mayoría de edad, dejan de recibir atención en muchos Centros de Atención Múltiple (CAM).
«A los 18 años todavía tienen muchísimo por desarrollar. En nuestra fundación la mayoría tiene entre 18 y 35 años.»
Con el paso del tiempo comenzaron a llegar padres con niños cada vez más pequeños.
«Entonces entendí que existía otra necesidad.»
Buscó apoyo de psicólogos, pedagogos y especialistas que aceptaron colaborar de manera completamente altruista.
«Aquí nadie cobra un peso. Lo más bonito es que los maestros llegan porque quieren trabajar con estos muchachos.»
Hoy atienden alumnos desde los 40 días de nacidos hasta personas de 40 y 50 años.
Antes de la pandemia contaban con dos planteles. El principal, en Iztapalapa, llegó a recibir cerca de 80 alumnos, por lo que incluso tuvieron que escalonar horarios.
«El Covid prácticamente nos acabó. Por fortuna sobrevivió el plantel pequeño de Narvarte y gracias a él seguimos adelante.»
El reto permanente
—¿Cuál ha sido el momento que más ha moldeado a la persona que eres?
Kemchs guarda silencio unos segundos antes de responder.
«Cuando empecé con la fundación pensé que sólo les enseñaría caricatura, pero pronto descubrí que ellos necesitaban mucho más. Eso me obligó a aprender pintura y otros materiales.»
Reconoce que la pintura exige una dedicación absoluta.
«Es un oficio muy celoso. No puedes practicarlo únicamente cuando tienes ganas. Necesita disciplina y trabajo diario. Por ahora prácticamente sólo hago caricatura.»
—Más de 50 libros y cinco Premios Nacionales de Periodismo. ¿Qué sigue?
«Todos aspiramos a algo más. Siempre me preguntan cuál es mi caricatura favorita y respondo que es la que todavía no hago.»
Explica que apenas termina un cartón y lo envía al periódico, inmediatamente comienza a pensar en el siguiente.
«Cada dibujo representa un nuevo reto. Todos los días buscas superarte.»
Así como una caricatura editorial pierde vigencia en apenas 24 horas, considera que esa misma fugacidad mantiene vivo al caricaturista.
«Cuando platicamos entre colegas coincidimos en lo mismo: el cartón de mañana debe ser mejor que el de hoy. Es un desafío permanente.»
Libertad y tecnología
—¿Alguna vez han censurado tu trabajo?
«Sí he tenido diferencias en algunos periódicos.»
Recuerda que durante muchos años solía decir:
«Díganme qué periódico existe y yo les digo si ya trabajé ahí.»
Ha colaborado prácticamente en todos los grandes diarios de su época, conviviendo con distintos directores y editores.
«Claro que hubo diferencias, pero nunca sufrí una censura que marcara mi carrera.»
Destaca que durante los 18 años que trabajó en unomásuno disfrutó de absoluta libertad editorial, situación que también, asegura, ha vivido durante su permanencia en El Universal.
«Nunca me han llamado para decirme ‘bájale’ o ‘súbele’. Espero que todos sigan pensando que hago bien mi trabajo y no me corran un día.»
—¿Cómo ha cambiado tu trabajo con la llegada de las nuevas tecnologías?
«Ha cambiado muchísimo.»
Confiesa que necesita el apoyo de un colaborador para la parte digital.
«Yo sigo trabajando de manera tradicional: dibujo a lápiz, entinto, hago sombras, escaneo el trabajo y después un joven me ayuda a aplicar el color y preparar el archivo para el periódico.»
Aun así, reconoce las enormes ventajas de las herramientas digitales.
«Puedes lograr colores, texturas, sombras y efectos extraordinarios. Incluso integrar fotografías. Es una maravilla.»
Recientemente participó en un foro con motivo de los 200 años de la caricatura en México, donde le preguntaron cuáles considera los principales desafíos para los caricaturistas actuales.
Su respuesta fue clara:
«Hay tres grandes problemas.»
El primero es el temor.
«Todos los días existe la preocupación de hasta dónde puedes llegar con una caricatura. Siempre está el miedo a una demanda o a generar algún conflicto.»
El segundo es la tecnología.
«Competimos contra programas que permiten realizar una caricatura en pocos minutos. Nosotros podemos invertir dos o tres horas en un cartón, mientras alguien con herramientas digitales lo produce en apenas quince minutos.»
Y el tercero es la crisis de los medios impresos.
«Cada vez existen menos periódicos. Son esas tres cosas las que hoy nos preocupan y todavía no sabemos cómo vamos a resolverlas.»
Y la otra es que los medios impresos se están viniendo abajo cada día, y hay menos; son las tres cosas que nos están fregando hoy día y que no sabemos cómo lo vamos a resolver, pero los caricaturistas nos quejamos un poco porque se nos ocurre un cartón el cual, para su realización, te llevas unas dos, tres horas, mientras que un jovencito con una computadora te lo hace en 15 minutos y además mucho mejor. VER VIDEOCHARLA (SociodigitalTV, @SobrevillasProductions en YouTube)
Entrevista realizada vía MEET el 19 de junio 2026