
Sonora Power por Demian Duarte
Los tiempos están aquí. La política, caprichosa como la ciencia inexacta que es, ha marcado que, después de la voz de arranque dada por la presidenta de la República el pasado lunes en su conferencia mañanera, comiencen las hostilidades.
El tema no es menor. Implica comprender la causa y los objetivos que cada actor ha decidido emprender. Y, aunque hay algunas nebulosas y ciertas confusiones en la mente de varios de ellos, el objetivo está claro: ganar las elecciones de 2027 en el mayor número posible y reducir a la oposición a su mínima expresión.
La presidenta fue clara: quienes quieran ser candidatos o precandidatos deben renunciar a sus actuales posiciones. Esto debe interpretarse con total claridad en términos del manejo de la divisa de la congruencia. Un movimiento que plantea la regeneración del país como premisa implica necesariamente dejar la zona de confort e irse a territorio.
Se los pongo más fácil: la visión de Claudia Sheinbaum es que solo quienes tengan una identificación total con la causa sean los que lleguen a las posiciones en disputa. Y no hablamos solo de 17 gubernaturas: están en juego 1,850 alcaldías, 300 diputaciones de elección directa para integrar la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, así como un número importante de diputaciones locales, ya que 28 estados renovarán sus congresos.
La presidenta, como líder del movimiento, busca ganar la mayor cantidad de posiciones posibles. Pero no se trata de la simple idea de ganar arrebatando en la mesa; se trata de una visión que incluye la necesidad de atender casa por casa, de hacer campaña a ras de suelo y de mantener contacto directo con el ciudadano para entender sus inquietudes y necesidades.
El tema no es menor. A la mitad de su mandato, la presidenta busca dejar como herencia la continuidad del proyecto de transformación, pero no de dientes para afuera. Se trata de que quienes aspiran dejen la comodidad de sus oficinas y sus curules, y abandonen la práctica de hacer campaña con cargo al erario.
Es un tema complejo para un grupo de políticos que creen que en años anteriores ya se han ganado el derecho de emular al viejo sistema, ese que tanto criticaron. No me resulta lejana la queja de muchos de los hoy encumbrados, quienes señalaban a sus adversarios —del PRI o del PAN— por hacer campaña desde sus oficinas, con equipos de comunicación financiados con recursos públicos.
Así que el primer llamado es a la congruencia.
El gobernador de Sonora, Alfonso Durazo Montaño, quien también es presidente del Consejo Nacional de Morena, hizo el mismo llamado en su conferencia de prensa del miércoles pasado. A quienes buscan ser nominados como candidatos a gobernador les advirtió que más vale que vayan dejando sus actuales posiciones y se pongan en serio a hacer el trabajo político para alcanzar sus objetivos.
La expectativa, naturalmente, es que esto depure los grupos de aspirantes, que en el caso de Sonora ya suman seis que dicen tener argumentos suficientes para contender por la gubernatura. Yo insisto en que lo más viable, tanto para Sonora como para muchos otros estados, es que prevalezca la figura del candidato de unidad. Esto es particularmente importante en estos tiempos, ya que Morena, como movimiento y como partido, corre altos riesgos de fractura de cara a estas definiciones.
En cuanto al calendario, y para evitar confusiones, se los digo con claridad: a partir del próximo 22 de junio, ninguno de los aspirantes a ser candidato a gobernador podrá seguir disfrutando de las mieles de su actual posición. En todo caso, tendrán que salir a hacer precampaña con sus propios recursos, con sus ideas y con el apoyo de sus cercanos, pero sin hacer usufructo de los recursos públicos, tan tentadores como indebidos.
Correspondencia a demiandu1@me.com | En X @Demiandu
Domo de Cristal
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