Opinión

Se va la última figura del cardenismo histórico

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Staff Domo de Cristal
30 de octubre de 2026, 4:52 am
Tiempo 12 min
Se va la última figura del cardenismo histórico

Columna: Ciberseguridad Política

Por: Raúl Fraga Juárez 

La partida de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano no es solamente un hecho luctuoso: representa el cierre de una etapa en la historia política de México y el ocaso de una forma de entender la izquierda. Con su fallecimiento, el progresismo mexicano pierde a uno de sus referentes históricos, al hombre que privilegió la construcción de instituciones y la vía pacífica frente a la posibilidad de una confrontación nacional tras la controvertida elección de 1988.

Cuauhtémoc Cárdenas fue uno de los principales arquitectos de la transición democrática. En 1987 encabezó, desde las entrañas del PRI, la ruptura que dio origen a la Corriente Democrática, una disidencia que cuestionó el verticalismo del partido y exigió abrir la selección de candidaturas a la participación de sus bases. Aquella rebelión política terminó por convertirse en el detonante de una de las transformaciones más importantes del sistema político mexicano.

Cárdenas Solórzano también desempeñó un papel fundamental en la democratización de la capital del país. La reforma política del Distrito Federal de 1996 abrió el camino para que, en 1997, se eligiera por primera vez mediante el voto popular al jefe de Gobierno. Su triunfo lo convirtió en el primer titular electo de ese cargo y demostró que la oposición podía conquistar espacios de poder y ejercer el gobierno desde las urnas.

La izquierda de Estado y el vacío moral

Tres décadas después, el panorama político es radicalmente distinto. El fallecimiento del ingeniero Cárdenas coincide con la desaparición del registro nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD), organización que él mismo impulsó y fundó en 1989 con el propósito de reagrupar a las distintas corrientes de la izquierda mexicana, tradicionalmente dispersas.

Así lo documenté en una entrevista que le realicé el 7 de mayo de 1989 en la Sala de Armas de la Magdalena Mixhuca, fecha en la que se formalizó la desaparición del Partido Mexicano Socialista (PMS) y se dio paso al nacimiento del PRD.

Con los nuevos movimientos y la reconfiguración de los pesos y contrapesos del sistema político mexicano, Morena se consolidó como la principal fuerza del poder público. Sin embargo, el vacío más profundo que deja Cárdenas no es partidista, sino político e ideológico. Representaba una izquierda institucional, plural y comprometida con los contrapesos democráticos y el diálogo republicano. Su ausencia elimina una de las voces históricas con mayor autoridad para cuestionar, desde el propio campo progresista, los excesos y las desviaciones del poder.

La batalla por el epitafio y la estatua de bronce

Tras el último adiós al hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, comienza inevitablemente la disputa por su legado. El oficialismo podría intentar incorporarlo a su narrativa histórica como un simple precursor de la llamada Cuarta Transformación. Sin embargo, reducir su trayectoria a ese papel significaría desconocer la complejidad de su pensamiento y de su actuación política.

El ingeniero Cárdenas aspiró en tres ocasiones a la Presidencia de la República y enfrentó numerosos obstáculos en sus campañas electorales. No obstante, su trayectoria también estuvo marcada por la decisión de privilegiar la movilización civil y la resistencia pacífica frente a la confrontación. Su figura permanece como referente de una izquierda que buscó transformar el sistema político mediante la construcción de instituciones y la apertura democrática.

La muerte del ingeniero y el fin de la congruencia

La partida de Cárdenas Solórzano representa mucho más que un relevo generacional: simboliza el cierre de un capítulo de la izquierda mexicana caracterizado por la defensa del Estado de derecho, el pluralismo y la institucionalidad.

Con su muerte se extingue una de las últimas figuras de aquella corriente progresista que entendía que el ejercicio del poder debía estar sujeto a la ley y que ninguna mayoría electoral justificaba los abusos, la concentración de facultades o el debilitamiento de las instituciones.

Cárdenas fracturó al régimen priista desde sus entrañas, no para sustituirlo por otra estructura vertical, sino para abrir las puertas a la competencia democrática. El hombre que en 1988 optó por la resistencia pacífica frente a una elección marcada por la opacidad deja un legado que obliga a revisar el rumbo de la izquierda contemporánea y su relación con el poder.

Morena y la traición al sello ideológico

Mientras el PRD de Cuauhtémoc Cárdenas transitaba hacia su desaparición política, Morena consolidaba su transformación de movimiento social a partido gobernante. En ese proceso, comenzó a reproducir algunas de las prácticas del viejo sistema priista que originalmente cuestionaba.

La izquierda que hoy representa el oficialismo ha sustituido buena parte de su antigua agenda de pluralidad, autonomía ciudadana y descentralización del poder por una estrategia centrada en la competencia electoral, los programas sociales y la concentración de las decisiones políticas.

Desde esta perspectiva, la distancia entre el proyecto político que representó Cárdenas y el ejercicio actual del poder constituye una de las principales contradicciones de la izquierda mexicana. El desafío ya no consiste únicamente en conquistar el gobierno, sino en demostrar que la transformación puede sostenerse sin sacrificar los contrapesos, la autonomía institucional y la diversidad política.

Eje de análisis Blanco de la crítica Contraste político
El fin de una etapa histórica La pérdida de referentes ideológicos en la izquierda mexicana. La resistencia civil y pacífica de Cárdenas frente al pragmatismo político contemporáneo.
Morena y la transformación ideológica La reproducción de prácticas del antiguo sistema priista. El abandono de algunas causas históricas de la izquierda frente a la concentración del poder.
La disputa por el legado cardenista La apropiación política de una figura histórica. La distancia entre el pluralismo republicano y las actuales tensiones institucionales.

El arquitecto de las reglas del juego

La muerte de Cuauhtémoc Cárdenas coincide con una etapa de profundas transformaciones institucionales en México. Una parte importante de la arquitectura democrática que se construyó durante las últimas décadas tuvo como antecedente las movilizaciones, rupturas políticas y exigencias de apertura electoral encabezadas por el ingeniero.

Cárdenas no solamente contribuyó a desplazar al régimen priista de la capital del país en 1997; también fue uno de los protagonistas de la presión política que obligó al viejo sistema a aceptar mayores condiciones de competencia electoral. La construcción de un árbitro electoral autónomo, el fortalecimiento de la representación de las minorías y la apertura del sistema legislativo formaron parte de un proceso democrático en el que el cardenismo histórico desempeñó un papel relevante.

Su legado está vinculado, por tanto, con la construcción de reglas que permitieran disputar el poder sin depender de la voluntad del partido gobernante.

El asalto al INE y la justicia arrodillada

Una de las principales tensiones de la política contemporánea se encuentra precisamente en la relación entre el legado democrático de Cárdenas y las reformas impulsadas por Morena. Durante sus últimos años, el ingeniero expresó preocupaciones sobre la autonomía del Instituto Nacional Electoral (INE) y la necesidad de preservar instituciones capaces de garantizar elecciones libres y confiables.

En contraste, las reformas electorales promovidas por el oficialismo han abierto un debate nacional sobre la independencia del árbitro electoral, su presupuesto y las condiciones necesarias para preservar su autonomía.

La misma controversia se extiende al Poder Judicial. La reforma judicial impulsada por la Cuarta Transformación modificó profundamente el mecanismo de integración de los órganos jurisdiccionales y abrió una discusión sobre la independencia de los jueces, la división de poderes y los límites de las mayorías políticas.

La contradicción que plantea este escenario es evidente: mientras Cárdenas defendió durante décadas la necesidad de acotar el poder mediante instituciones y reglas democráticas, el actual proyecto gobernante enfrenta el desafío de demostrar que sus reformas no debilitan los contrapesos que sostienen a una República plural.

El retorno del monocultivo político

Lo que está en juego no es solamente una disputa entre distintas generaciones de la izquierda, sino el modelo de democracia que México pretende consolidar. El sistema de partido hegemónico que Cárdenas cuestionó en 1987 dejó profundas huellas en la vida pública nacional.

Las críticas al actual oficialismo se concentran en la centralización de las decisiones, la intolerancia frente a determinadas expresiones de disenso, la creciente participación militar en tareas civiles y las controversias sobre la representación proporcional en el Congreso.

Al despedir al ingeniero, el oficialismo tendrá la oportunidad de reivindicar públicamente su trayectoria. Sin embargo, la verdadera prueba de respeto a su memoria no estará en los discursos ni en los homenajes, sino en la capacidad de preservar la pluralidad política, garantizar la autonomía institucional y reconocer el valor de los contrapesos democráticos.

Trascendencia política y democrática

La figura de Cuauhtémoc Cárdenas es inseparable de la democratización mexicana. Su principal contribución consistió en encauzar el descontento social y la fragmentación de las fuerzas progresistas hacia una ruta institucional, pacífica y electoral.

Su irrupción rompió la hegemonía priista y demostró que la alternancia política era posible en un sistema que durante décadas había mantenido un control prácticamente absoluto sobre las estructuras del poder. Bajo su liderazgo, la izquierda dejó de ser una fuerza marginal para convertirse en una opción con posibilidades reales de gobernar.

Logros y avances de Cuauhtémoc Cárdenas en la arena pública

  • La Corriente Democrática: Junto con Porfirio Muñoz Ledo, encabezó la fractura interna del PRI. Esta disidencia cuestionó el rumbo económico y político del partido, exigió democracia interna y abrió el camino para su posterior ruptura con el régimen.
  • El Frente Democrático Nacional (FDN): En 1988 articuló una coalición política sin precedentes que reunió a partidos de izquierda, organizaciones sociales y sectores inconformes con el sistema, convirtiéndose en una alternativa real frente al oficialismo.
  • Fundación del PRD: En 1989 participó en la construcción del Partido de la Revolución Democrática, organización que nació con el objetivo de reagrupar a las distintas expresiones de la izquierda y ofrecer una alternativa política al régimen priista.
  • Jefatura de Gobierno del Distrito Federal: Después de la reforma política de 1996, ganó la primera elección popular para la Jefatura de Gobierno de la capital en 1997, convirtiéndose en el primer mandatario electo de la ciudad y demostrando la capacidad de la izquierda para gobernar.

Los obstáculos en la búsqueda de la Presidencia

A pesar de su enorme peso político e histórico, la aspiración presidencial de Cárdenas enfrentó importantes obstáculos estructurales y coyunturales durante sus tres campañas electorales, en 1988, 1994 y 2000.

  • La elección de 1988 y la caída del sistema: En su primer y más competitivo intento presidencial, Cárdenas enfrentó toda la estructura política del Estado. La elección quedó marcada por la opacidad, las irregularidades y la controvertida interrupción del sistema de cómputo electoral, episodio que favoreció políticamente a Carlos Salinas de Gortari y dejó una profunda crisis de legitimidad.
  • La rigidez del aparato estatal: En sus siguientes campañas tuvo que competir contra un sistema político que todavía conservaba importantes ventajas institucionales, económicas y mediáticas, lo que limitaba las condiciones de equidad electoral.
  • El desgaste político y el surgimiento de nuevos liderazgos: Para el año 2000, su figura enfrentaba el desgaste de dos campañas presidenciales anteriores y las tensiones internas del PRD. La aparición de nuevos liderazgos y estrategias políticas modificó las preferencias electorales y redujo su capacidad de convocatoria.

La partida del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas deja a la izquierda mexicana frente a una profunda orfandad ideológica y marca el cierre de un ciclo histórico del nacionalismo revolucionario. Su muerte representa también la desaparición de uno de los últimos grandes protagonistas de una generación que convirtió la ruptura política, la movilización social y la resistencia pacífica en instrumentos para transformar el sistema mexicano.

Más allá de las diferencias y controversias que acompañaron su trayectoria, su legado permanece como una referencia indispensable para entender la transición democrática del país. La verdadera dimensión histórica de Cárdenas no se medirá por los homenajes que reciba ni por las estatuas que se levanten en su memoria, sino por la vigencia de las causas que defendió: democracia, pluralidad, legalidad y límites al ejercicio del poder.

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