Opinión

Asedio a Riad y supervivencia de MBS

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Staff Domo de Cristal
23 de octubre de 2026, 4:33 am
Tiempo 5 min
Asedio a Riad y supervivencia de MBS

Así lo dice La Mont

Camino sinuoso: La escalada de violencia en la península arábiga plantea interrogantes sobre la estabilidad de la monarquía saudí y el futuro del príncipe heredero Mohammed bin Salman (MBS), particularmente tras los recientes ataques atribuidos a Ansar Allah, organización conocida como los hutíes. La vulnerabilidad del reino habría quedado expuesta con los bombardeos contra infraestructura estratégica, incluido el Aeropuerto Internacional Rey Fahd, en Dammam, así como los impactos registrados en Riad, que habrían dejado víctimas y numerosos heridos.

Estos ataques han elevado la percepción de inseguridad en Arabia Saudita. En este contexto, Estados Unidos habría ordenado la salida de diplomáticos no esenciales y de sus familiares del territorio saudí, una medida que reflejaría la gravedad de la amenaza. Pese a la capacidad ofensiva demostrada por los hutíes, una caída inmediata de Mohammed bin Salman parece poco probable, al menos en el corto plazo, debido al control que ejerce sobre los aparatos de seguridad y las fuerzas armadas.

Sin embargo, la legitimidad de su liderazgo, sustentada en la promesa de modernización, prosperidad y seguridad nacional, podría sufrir un desgaste si su gobierno no consigue garantizar la protección del territorio. La persistencia de las vulnerabilidades defensivas abriría la posibilidad de fracturas graduales en los equilibrios internos de la hermética Casa de los Saud.

Situación: A la ofensiva aérea se suma un escenario geopolítico cada vez más complejo por las amenazas contra el tránsito marítimo en el estratégico estrecho de Bab al-Mandeb. La eventual consolidación de un bloqueo hutí sobre las rutas del mar Rojo representaría un golpe considerable para el comercio internacional y los intereses energéticos saudíes, debido a la importancia de este paso para el transporte de mercancías y petróleo.

El riesgo aumentaría si las restricciones en el estrecho de Ormuz, derivadas del conflicto regional, obligaran a Arabia Saudita a depender en mayor medida de las rutas del mar Rojo para colocar sus hidrocarburos en los mercados internacionales. Bajo esas condiciones, cualquier interrupción prolongada en Bab al-Mandeb podría comprometer la capacidad exportadora del reino, elevar los costos logísticos y obligar a las navieras a modificar sus itinerarios ante el peligro de ataques.

El desafío para Riad no sería únicamente militar. La posibilidad de que una ruta comercial estratégica quede comprometida pondría a prueba la capacidad de respuesta de la monarquía y su margen de maniobra frente a sus adversarios regionales. Al mismo tiempo, las repercusiones alcanzarían a otros países dependientes de la estabilidad de los corredores marítimos del mar Rojo y del golfo Pérsico.

Visión: Las consecuencias económicas de una interrupción prolongada de las exportaciones petroleras podrían convertirse en uno de los principales factores de presión sobre el gobierno saudí. Una reducción de los ingresos energéticos afectaría las finanzas públicas y dificultaría el financiamiento de los megaproyectos contemplados en la Visión 2030, el programa de transformación económica que constituye uno de los pilares del proyecto político de Mohammed bin Salman.

Un encarecimiento internacional del petróleo, incluso por encima de los cien dólares por barril, no garantizaría beneficios para Arabia Saudita si el reino enfrentara dificultades para transportar y comercializar su producción. En ese escenario, el aumento de los precios podría coexistir con menores volúmenes exportados, mayores costos de operación y presiones sobre las cuentas públicas.

En el frente interno, la prolongación de la crisis podría obligar a las autoridades a revisar sus prioridades presupuestarias, aplazar inversiones o reconsiderar subsidios. Si estas decisiones repercutieran negativamente en el bienestar de la población, el descontento social podría aumentar y erosionar el equilibrio político que sostiene a la monarquía.

No obstante, una rebelión interna o una insurrección dentro de la familia real no serían consecuencias automáticas de la presión militar y económica. Su materialización dependería de la duración del conflicto, la capacidad del Estado para amortiguar sus costos y la cohesión de las élites políticas y de seguridad.

La supervivencia de MBS dependerá, por tanto, de algo más que su control sobre las fuerzas armadas: tendrá que demostrar que puede preservar la estabilidad del reino, proteger sus intereses energéticos y sostener su ambicioso programa de modernización en medio de una coyuntura regional adversa. Si las amenazas se prolongan y las vulnerabilidades se profundizan, el desafío para el príncipe heredero podría dejar de ser exclusivamente externo y convertirse en una prueba decisiva para la continuidad de su proyecto político.

Por: Federico Lamont

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