Así lo dice La Mont
¡Barata! La insistencia de sectores conservadores estadounidenses y del presidente Donald Trump en que Ucrania celebre elecciones responde a una estrategia de presión diplomática y replanteamiento financiero. Desde la perspectiva trumpista, prolongar indefinidamente el mandato de Volodímir Zelenski bajo el amparo de la ley marcial suspende el escrutinio democrático y consolida un liderazgo que demanda asistencia militar sin fecha de caducidad. Forzar un proceso electoral persigue dos objetivos tácticos: legitimar o sustituir a un interlocutor reacio a aceptar concesiones territoriales y abrir la puerta a un acuerdo expedito que detenga la hemorragia de recursos occidentales. Para Washington, exigir elecciones en Kiev representa un mecanismo para medir el desgaste real del mandatario, cuestionar su pretensión de mantener un consenso nacional en torno a su liderazgo e impulsar la llegada de una figura dispuesta a negociar bajo las condiciones que establezca la Casa Blanca para alcanzar un cese al fuego.
Caos: El frente interno de Kiev arrastra una profunda crisis de probidad que ha sacudido las estructuras de defensa y seguridad. La salida de figuras clave del aparato gubernamental, entre ellas el exministro de Defensa Oleksii Réznikov, estuvo marcada por cuestionamientos relacionados con presuntos actos de corrupción y adquisiciones irregulares que generaron preocupación entre los aliados de la OTAN. Entre los escándalos más relevantes destacaron las compras de alimentos para militares a precios presuntamente inflados, las irregularidades en la adquisición de uniformes y las operaciones opacas en la contratación de suministros. A ello se sumaron denuncias de redes de corrupción en los centros territoriales de reclutamiento, donde se reportaron cobros ilegales para evadir el servicio militar obligatorio. Aunque Réznikov no fue imputado directamente por esos hechos, los escándalos comprometieron la credibilidad de la administración ucraniana, amenazaron con erosionar la confianza de sus aliados y obligaron a Zelenski a realizar ajustes en la cúpula civil de Defensa para proyectar una imagen de rectificación ante el exterior.
Entre los nombres que aparecen en el debate sobre una eventual sucesión política destacan figuras con perfiles militares y orientaciones geopolíticas diferentes. El general Valerii Zaluzhnyi, excomandante en jefe de las Fuerzas Armadas y posteriormente destinado a funciones diplomáticas, conserva una importante popularidad y una reputación de disciplina militar que podría convertirlo en una alternativa frente al actual mandatario. Por su parte, Kyrylo Budánov, jefe de la inteligencia militar, representa una línea de confrontación firme frente al Kremlin. En el ámbito político civil, el alcalde de Kiev, Vitali Klichkó, ha mantenido diferencias con el núcleo presidencial y conserva vínculos con interlocutores occidentales. Aunque la legislación de guerra ha restringido la actividad de diversas fuerzas políticas y los partidos considerados prorrusos han quedado fuera del juego institucional, persiste la posibilidad de que el desgaste social y militar favorezca a figuras partidarias de una salida negociada con Vladímir Putin. Sin embargo, cualquier escenario de sucesión o de concesiones territoriales continúa condicionado por la evolución de la guerra, la correlación de fuerzas internas y las garantías de seguridad que Ucrania pueda obtener.
Continuidad: La permanencia de Volodímir Zelenski en el poder hasta 2027 dependerá de factores que van más allá de su capacidad discursiva. Aunque su periodo presidencial concluyó formalmente en 2024, la Constitución ucraniana y el régimen de ley marcial impiden celebrar elecciones presidenciales mientras continúe vigente esa situación, por lo que el mandatario permanece en funciones hasta que sea posible organizar una sucesión conforme al marco legal. Los bombardeos, los riesgos de seguridad y el desplazamiento de millones de ciudadanos complican la organización de una votación nacional, aunque el debate sobre la legitimidad política de su continuidad se mantiene abierto.
Su permanencia enfrenta, no obstante, tres límites fundamentales: la presión militar rusa, el desgaste de una sociedad sometida a movilizaciones prolongadas y la incertidumbre sobre la continuidad de los suministros militares y financieros occidentales, particularmente los procedentes de Estados Unidos. Si el conflicto se prolonga sin una tregua estable, si no se fortalecen los mecanismos de transparencia y combate a la corrupción y si crece la inconformidad social, el margen de maniobra del presidente ucraniano podría reducirse considerablemente. Alcanzar 2027 sin avances sustanciales hacia una solución política colocaría a Zelenski ante un escenario de mayor fragilidad, en el que la supervivencia de su liderazgo dependería tanto de la evolución del frente militar como de las decisiones que adopten Washington, Moscú y sus aliados europeos.
Por: Federico Lamont