Por Ricardo Contreras Reyes
Como cada año, durante las vacaciones de verano, un visitante incómodo llega a provocar desastres a la imagen y la tranquilidad de las playas del caribe mexicano. Su presencia genera molestias a los turistas nacionales y extranjeros y es el dolor de cabeza para los prestadores de servicios por su mal olor, pescadores y hoteleros.
Los esfuerzos que realizan las autoridades han sido insuficientes para combatirlo, debido a que cada año aumenta su volumen.
Se trata del sargazo, una macroalga marina color marrón, que invade las playas de Cancún y la Riviera Maya y del Caribe Mexicano, y cuya presencia se ha convertido en un grave problema ambiental y turístico, pues se ha contabilizado hasta la llegada de hasta 9 mil toneladas.
Los expertos han analizado que la acumulación masiva de sargazo bloquea la luz solar y disminuye drásticamente el oxígeno disuelto en el agua, lo que provoca el estrés y la muerte de los arrecifes de coral y praderas marinas.
En su etapa de descomposición, las macroalgas emiten grandes cantidades de sulfuro de hidrógeno y amoníaco, gases que no sólo causan náuseas y dolores de cabeza en las personas, sino que alteran severamente la fauna costera.
Aunque existen varias teorías sobre su origen, la Presidenta Sheinbaum Pardo anunció la compra de más barcos sargaceros y la creación de barreras de contención para garantizar playas limpias a los turistas.
Los primeros afectados por las mareas de sargazo son los habitantes de las zonas muy expuestas, sostiene la organización Caribean Sargasuum. Los riesgos son sanitarios, ya que la exposición prolongada al gas neurotóxico, sulfuro de hidrógeno, provoca numerosos síntomas (irritación, desarrollo de enfermedades bronquiales crónicas, dolores de cabeza, náuseas, etc.), pero las consecuencias también son económicas porque disminuye la llegada de turistas.
El sulfuro de hidrógeno sigue siendo el principal factor implicado porque además de ser un gas neurotóxico, es corrosivo para el metal. Las monedas, electrodomésticos, coches, o sistemas de aire acondicionado. Los componentes metálicos no duran mucho frente a los gases que pueden permanecer mucho tiempo si las algas no son recogidas y almacenadas lejos de las zonas habitadas.
Otro daño es el efecto negativo de la actividad pesquera de los habitantes de la costa y las playas. El impacto en la pesca comercial y recreativa reduce la disponibilidad de especies importantes y previene que los pescadores accedan y pesquen su especie objetivo. Esto puede causar daños posteriores en las comunidades locales, señala la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA).
Además, subraya la institución que el sargazo excesivo que flota en la superficie del mar o las costas puede enredar equipos de pesca (como redes y sedales) y reducir el acceso a zonas pesqueras, lo que genera tasas de captura inferiores y menos ingresos.
Puede generar cambios en el comportamiento de los peces, lo que dificulta el hallazgo y la pesca de especies objetivo y se traduce en menos días en el mar y menos ganancias.
Como resultado, agrega la EPA, los cambios en el mercado, como el aumento de precios o cambios en la disponibilidad de determinadas especies, también pueden tener un impacto en la rentabilidad de las operaciones pesqueras. Todos estos factores pueden crear un entorno desafiante para las comunidades de pescadores comerciales y recreativos, en especial para las comunidades pequeñas que dependen en gran parte de la pesca para subsistir.
Guía de Turistas:
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