Así lo dice La Mont
Un momento: La democracia mexicana atraviesa por una redefinición profunda, donde la geografía ya no es el límite del ejercicio de los derechos políticos. En este contexto, la reforma electoral se presenta como una herramienta de doble filo para los ciudadanos residentes en el extranjero. Si bien su espíritu busca eficientar los procesos, su contribución real para generar una mejor representación de los mexicanos en Estados Unidos depende de la solidez institucional con la que se apliquen las nuevas reglas.
La instrumentación del voto presencial en los consulados generales, consolidada en los procesos más recientes, muestra que cuando se facilitan los mecanismos la respuesta de la diáspora es contundente. Una reforma que apueste por simplificar el registro en la Lista Nominal y garantizar que las acciones afirmativas no sean solo cuotas de papel, sino espacios de verdadera incidencia, es el único camino para que el “México de afuera” se sienta parte del proyecto nacional.
Renovación: Para la próxima legislatura, las expectativas sobre la figura del diputado migrante son altas, aunque sujetas a la validación de las autoridades electorales. Como resultado de la experiencia de las pasadas elecciones, donde las acciones afirmativas obligaron a los partidos a postular perfiles de la comunidad residente fuera del país, se espera que el número de representantes que lleguen al Congreso de la Unión se mantenga en una base de al menos diez curules de representación proporcional, distribuidas en las cinco circunscripciones plurinominales.
Este número, aunque limitado frente al total de 500 diputados, representa un bloque crítico con la tarea de llevar temas como seguridad social, doble nacionalidad y retorno digno a la tribuna más alta del país. El reto no será solo la cantidad de escaños, sino la autenticidad del vínculo de esos legisladores con sus comunidades de origen en el exterior.
A la fecha: El Congreso mexicano cuenta con una representación migrante que surgió principalmente de las acciones afirmativas promovidas por el Instituto Nacional Electoral. En la legislatura vigente se identificaron 11 diputados migrantes que accedieron al cargo bajo este esquema.
Para medir esta representación, el INE y el Tribunal Electoral establecieron criterios de “vínculo efectivo”, que exigen a los candidatos demostrar no solo su residencia en el extranjero durante un periodo determinado, sino también un historial de trabajo comunitario o activismo en favor de los connacionales. Esta medición es vital para evitar que los partidos políticos utilicen estas posiciones como premios de consolación para cuadros locales, desplazando a los verdaderos líderes de la diáspora.
Alza: El crecimiento del voto de los mexicanos en el exterior es exponencial y refleja un despertar cívico que desafía la distancia. En los comicios de 2024 se registró una participación histórica que superó los 184 mil votos, cifra que, aunque representa un pequeño porcentaje de los millones de mexicanos con derecho a sufragar, muestra un incremento del 78% respecto de procesos anteriores.
La modalidad electrónica por internet se consolidó como la preferida por los usuarios, al concentrar más de 122 mil sufragios, seguida por el voto postal y la modalidad presencial en sedes consulares. Este volumen de votación no es solo un número: es un mensaje político de una comunidad que aporta miles de millones de dólares en remesas y que ahora reclama su derecho a decidir sobre el rumbo del país donde nació.
¿Dónde están?: La concentración de esta fuerza política y social no es uniforme en el territorio estadounidense. La mayoría de los mexicanos se encuentra en cuatro estados clave: California, Texas, Arizona e Illinois. El primero sigue siendo el epicentro de la diáspora, al concentrar 36% de los inmigrantes mexicanos, seguido por Texas con 22%.
Ciudades como Los Ángeles, Houston, Chicago y Phoenix son extensiones culturales y políticas de México. En estos enclaves, la organización comunitaria es tan robusta que las decisiones tomadas en la Ciudad de México resuenan de inmediato, lo que subraya la necesidad de que cualquier reforma electoral considere las particularidades logísticas y sociales de estos grandes núcleos poblacionales.
Por: Federico La Mont

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