CIUDAD DE MÉXICO.— La definición de la ruta política de Morena en Quintana Roo volvió a colocar sobre la mesa dos factores que serán determinantes rumbo a los próximos procesos internos: la cohesión del movimiento y la capacidad de organización territorial.
En ese contexto, Rafa Marín participó en una reunión de trabajo con Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, además de quienes aspiran a encabezar la coordinación de los esfuerzos de Morena en la entidad. El encuentro tuvo como eje la necesidad de mantener una estructura política cohesionada y fortalecer el trabajo desde las bases.
Más allá de la fotografía política, la reunión refleja la relevancia que ha adquirido la organización interna en un escenario donde Morena busca preservar su capacidad de movilización y consolidar su presencia en Quintana Roo. La apuesta pasa por mantener contacto directo con la ciudadanía y evitar que las diferencias propias de una competencia interna terminen debilitando al movimiento.
Durante el encuentro también cobró fuerza el discurso en torno a la soberanía nacional, planteado como uno de los principios que deben acompañar la continuidad del proyecto de transformación. Bajo esa perspectiva, la organización territorial no se limita a una tarea electoral, sino que se presenta como una herramienta para mantener cohesión política y respaldo social.
Rafa Marín sostuvo que el fortalecimiento del movimiento requiere trabajo permanente en territorio, cercanía con las comunidades y compromiso con las demandas de las familias. La premisa es que la estructura política debe construirse desde abajo y con participación de las bases.
Para Quintana Roo, el mensaje adquiere una dimensión adicional: en la medida en que avance la definición de liderazgos y responsabilidades dentro de Morena, la unidad entre los distintos grupos será un factor clave para mantener la fortaleza del partido.
El encuentro, por tanto, no sólo representa una coincidencia entre dirigentes y aspirantes. También evidencia la importancia que tendrá la capacidad de construir acuerdos, preservar la unidad y sostener una estructura territorial sólida en una entidad estratégica para el movimiento.
La disputa política interna apenas forma parte de una etapa más amplia. El verdadero desafío será convertir la organización en cohesión, la cercanía ciudadana en respaldo y las diferencias internas en acuerdos capaces de mantener unido al proyecto de transformación en Quintana Roo.