Durante años, habitantes de Nuevo León han enfrentado congestionamientos, demoras y desgaste emocional derivados de proyectos de infraestructura que permanecen sin concluir, situación que, a decir de Waldo Fernández, evidencia la falta de eficiencia del gobierno estatal.
El aspirante a la Coordinación de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional cuestionó que obras como la Línea 4 del Metro se prolonguen durante tanto tiempo y terminen impactando de manera directa la movilidad y las actividades cotidianas de la población.
Fernández consideró que la modernización de la infraestructura urbana es necesaria, pero advirtió que no puede utilizarse como argumento para normalizar afectaciones permanentes a quienes diariamente deben trasladarse por la zona metropolitana.
“Le han pedido a la gente de Nuevo León prácticamente cuatro años de sacrificios y han sido incapaces de terminar esta obra”, señaló, al calificar el proyecto como un ejemplo de ineficiencia administrativa por el tiempo que lleva en ejecución y las consecuencias que ha generado en el tránsito.
El legislador también puso el foco en el impacto que los largos recorridos tienen sobre la calidad de vida. Explicó que incluso tras llegar a Monterrey por vía aérea, los desplazamientos hacia San Pedro pueden extenderse por horas debido a las condiciones de movilidad.
“Me ha tocado viajar de la Ciudad de México en el vuelo de las 6 de la mañana, llegar al aeropuerto a las 7:30 y de ahí trasladarme a San Pedro otras dos horas y media”, relató.
Para Fernández, una situación de esta naturaleza resulta incompatible con las necesidades de una zona metropolitana moderna y termina provocando un desgaste que trasciende el tráfico vehicular.
“Eso es inviable en cualquier ciudad moderna y obviamente te genera un estrés innecesario”, afirmó.
Sobre las diferencias entre el Municipio de Monterrey y el Gobierno estatal por la presunta falta de entrega del proyecto ejecutivo y los estudios de movilidad, el aspirante sostuvo que el problema refleja deficiencias que van más allá de un asunto meramente técnico.
Consideró que una obra de gran magnitud requiere planeación, coordinación y transparencia, pues cualquier falla administrativa termina repercutiendo directamente en la ciudadanía.
“Una obra de ese tamaño es muy seria, pero también ejemplifica un gobierno que no tiene interés en transparentar, un gobierno que hace todo de manera anecdótica y lamentablemente esta anécdota la estamos pagando todas y todos”, concluyó.