Así lo dice La Mont
Hofmantroika: El Mossad inició la más profunda y drástica transición de su historia con el nombramiento del general Román Gofman como decimocuarto director de la agencia de inteligencia exterior israelí, una designación que marca una ruptura con la tradición de la institución. Gofman, mayor general de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), nacido en Bielorrusia y exsecretario militar del primer ministro Benjamín Netanyahu, rompió el molde habitual al no provenir de las filas del espionaje profesional, sino de una trayectoria forjada en las brigadas blindadas del ejército. La decisión del premier Benjamín Netanyahu de relevar a David Barnea responde a la necesidad de reorientar el aparato de inteligencia hacia una doctrina eminentemente operativa y de confrontación directa, dejando atrás la etapa de diplomacia paralela y prolongadas negociaciones de tregua que caracterizaron la gestión de su antecesor.
Recomposición: Este relevo en la cúpula no ha estado exento de tensiones internas ni de señalamientos sobre una posible inestabilidad institucional. Voces críticas dentro de la comunidad de inteligencia sostienen que la designación de un hombre de absoluta confianza de Netanyahu vulnera el estricto código de ética y la independencia política que tradicionalmente han regido al Mossad, transformando una dirección técnica en un espacio alineado con el ala más dura del gobierno. Sin embargo, los defensores de Gofman argumentan que su perfil militar resulta indispensable para enfrentar el actual panorama geopolítico. Entre sus prioridades figura diseñar la logística de la ofensiva contra el régimen teocrático de Irán y su red de aliados regionales, incluido el desmantelamiento de las capacidades operativas de los hutíes en Yemen y la neutralización sistemática de Hezbolá en Líbano. Para consolidar esta estrategia, el nuevo director buscará centralizar el mando técnico y coordinarse de manera directa con figuras clave del ejército en el terreno, como el general de brigada Barak Hiram, comandante de la División de Gaza de las FDI, y el general de brigada Guy Markizeno, integrando la recolección de inteligencia clandestina con la capacidad operativa de las fuerzas de combate.
Alcance: Paralelamente a sus tradicionales teatros de operaciones en Medio Oriente, el tamaño y alcance del Mossad continúan bajo el más estricto velo de misterio. Se estima que su personal permanente oscila entre siete y diez mil integrantes, lo que la convierte en una de las agencias de espionaje más grandes de Occidente. Dentro de este engranaje global, la organización concede una relevancia estratégica creciente a América Latina, una región que ha dejado de ser considerada la periferia de la geopolítica mundial para convertirse en un escenario crítico de contención. Países como México y Colombia representan prioridades de primer orden debido a su ubicación geográfica y a sus dinámicas internas. En territorio mexicano, la agencia concentra esfuerzos en el rastreo de transferencias tecnológicas ilícitas y operaciones de lavado de dinero vinculadas al financiamiento de organizaciones radicales, mientras que en Colombia el foco se centra en investigar actividades de células durmientes y el contrabando de recursos utilizados por redes aliadas a Irán para diversificar sus fuentes de financiamiento global.
Narrativa: Esta presencia en América del Norte y Latinoamérica ha propiciado recientemente un terremoto político en el hemisferio sur, evidenciando los roces entre la diplomacia regional y las operaciones encubiertas. Aunque el número de agentes operativos activos dentro de las fronteras latinoamericanas permanece como un secreto de Estado celosamente resguardado, fuentes diplomáticas sugieren la presencia constante de decenas de oficiales y analistas bajo identidades civiles. La tensión escaló cuando el presidente saliente de Colombia, Gustavo Petro, acusó directamente al Mossad de haber coadyuvado de manera clandestina, pero decisiva, en la victoria electoral del candidato conservador Abelardo de la Espriella. Según la narrativa del mandatario saliente, la agencia israelí habría empleado herramientas avanzadas de ciberespionaje, interceptación de comunicaciones de campaña y asesoría táctica encubierta para inclinar la balanza en favor de De la Espriella, motivada por el resentimiento derivado de la ruptura previa de relaciones diplomáticas entre Bogotá y Tel Aviv. Esta acusación no solo pone de relieve el impacto que las agencias de inteligencia extranjeras pueden ejercer sobre la estabilidad política de la región, sino que también expone un nuevo tablero de juego global, donde las operaciones en la sombra se entremezclan con el destino democrático de las naciones.
Por: Federico Lamont