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Por: Eduardo Esquivel Ancona
La reciente puesta en marcha de la planta de producción de mosca estéril en Metapa de Domínguez, Chiapas, representa uno de los ejemplos más claros de cooperación efectiva entre México y Estados Unidos para enfrentar un problema común que afecta a ambos países: la expansión del gusano barrenador del ganado (GBG).
En un contexto donde las diferencias políticas y comerciales suelen dominar la agenda bilateral, este proyecto demuestra que es posible construir soluciones conjuntas sin menoscabar la soberanía nacional y con beneficios compartidos para ambas economías.
La instalación forma parte de la estrategia binacional para contener y erradicar la plaga provocada por el parásito Cochliomyia hominivorax, cuya presencia ha generado severas afectaciones al sector pecuario de América del Norte.
La planta fue financiada mediante un esfuerzo conjunto entre ambos gobiernos. México aportó 30 millones de dólares y Estados Unidos contribuyó con 21 millones de dólares para su construcción. Posteriormente, la administración estadounidense anunció una inversión adicional de 83.8 millones de dólares destinada a ampliar la capacidad operativa de la instalación y fortalecer las acciones preventivas en ambos lados de la frontera.
La infraestructura tiene como objetivo producir hasta 100 millones de moscas estériles por semana, las cuales serán liberadas mediante aeronaves para interrumpir el ciclo reproductivo del gusano barrenador y reducir progresivamente su presencia en la región.
Una crisis con impacto regional
La reaparición del gusano barrenador ha provocado una de las mayores crisis sanitarias para la ganadería de América del Norte en las últimas décadas. Las pérdidas económicas acumuladas superan los 1,850 millones de dólares en exportaciones, además de generar afectaciones significativas en la industria del cuero y riesgos para la seguridad alimentaria regional.
La detección de casos en territorio mexicano llevó a Estados Unidos a imponer restricciones temporales al comercio ganadero, limitando la exportación de más de 1.8 millones de cabezas de ganado bovino.
Como consecuencia, los productores mexicanos dejaron de percibir ingresos estimados en 1,850 millones de dólares, mientras que las pérdidas para el sector estadounidense superaron los 400 millones de dólares.
El impacto no se limitó al comercio exterior. El cierre de mercados provocó una sobreoferta de ganado en territorio nacional, reduciendo los precios pagados a los productores y elevando simultáneamente los costos sanitarios y de producción.
Los estados del sur del país, particularmente Chiapas y Oaxaca, han sido de los más afectados. Miles de pequeños ganaderos han enfrentado pérdidas patrimoniales derivadas de la mortalidad de animales, tratamientos veterinarios y gastos de movilización sanitaria que se estiman en cerca de 3 mil millones de pesos.
Por su parte, la reducción en el flujo de ganado para sacrificio y procesamiento contribuyó a un incremento de aproximadamente 26 por ciento en los precios de la carne de res para los consumidores estadounidenses.
Además de las pérdidas económicas, el gusano barrenador representa una amenaza sanitaria importante. El insecto deposita sus huevecillos en heridas abiertas de animales de sangre caliente y, aunque en menor medida, también puede afectar a seres humanos y mascotas, especialmente en comunidades rurales.
Cooperación que puede extenderse a otros sectores
La estrategia basada en la Técnica del Insecto Estéril ha demostrado ser una de las herramientas más eficaces para combatir esta plaga. La producción y liberación masiva de insectos estériles permite reducir gradualmente la reproducción del parásito sin afectar al medio ambiente ni recurrir a métodos más agresivos.
Más allá de su impacto sanitario, el proyecto de Metapa de Domínguez deja una lección relevante para la relación económica entre México y Estados Unidos: los desafíos compartidos pueden resolverse mediante inversión conjunta, coordinación institucional y objetivos comunes.
Este modelo de colaboración podría servir de referencia para futuras negociaciones dentro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), así como para fortalecer las estrategias de nearshoring en América del Norte.
Sectores estratégicos como el de Ingredientes Farmacéuticos Activos (API) y las materias primas para la producción de medicamentos representan una oportunidad para replicar este tipo de cooperación. Actualmente, gran parte de estos insumos se encuentra concentrada en India y China, situación que ha evidenciado vulnerabilidades en las cadenas globales de suministro.
La experiencia de la planta de mosca estéril en Chiapas demuestra que, cuando existe voluntad política y visión compartida, México y Estados Unidos pueden construir soluciones conjuntas que fortalezcan la competitividad regional, protejan sectores productivos clave y generen beneficios para ambos países.