Opinión

Jerusalén: ¿continuidad con Netanyahu o alternancia con Bennett?

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Staff Domo de Cristal
29 de junio de 2026, 10:01 pm
Tiempo 4 min
Jerusalén: ¿continuidad con Netanyahu o alternancia con Bennett?

Así lo dice La Mont

Víspera: En la primera línea del debate político israelí rara vez hay espacio para la discreción, pero esta vez la narrativa combina la fragilidad personal con la dureza de la supervivencia electoral. La reciente intervención quirúrgica para extirpar un tumor maligno de próstata en fase inicial no solo colocó el foco en la salud del legendario líder “Bibi” Netanyahu, sino que también aceleró los movimientos de una maquinaria política que nunca descansa.

Con el alta médica en mano, Netanyahu se prepara para un choque frontal con Naftali Bennett, el ex primer ministro que busca consolidarse como una alternativa pragmática y renovadora en un Israel profundamente polarizado. La disputa por el liderazgo del Estado hebreo se reactiva con intensidad, obligando a los ciudadanos a ponderar la resiliencia de un mandatario histórico frente a la propuesta de relevo de un Bennett que conoce bien los puntos débiles de quien fuera su aliado y hoy es su principal rival.

La contienda no se desarrollará en un escenario de estabilidad. Surge, por el contrario, en un momento de máxima tensión internacional, marcado por recientes filtraciones del Pentágono que señalan a agencias de inteligencia israelíes por presuntamente reactivar operaciones de espionaje a gran escala en territorio estadounidense. Este nuevo roce diplomático añade una capa adicional de complejidad a la campaña, pues Netanyahu deberá demostrar que puede mantener el control interno mientras atiende los reclamos de su principal aliado estratégico en Washington. Una circunstancia que Bennett seguramente aprovechará para cuestionar la conducción geopolítica del polémico líder del Likud.

Distancia: La indignación que hoy se percibe en Washington por el espionaje entre aliados remite inevitablemente a 2013, cuando el mundo descubrió que los secretos más sensibles de las democracias occidentales tampoco estaban a salvo de sus propios socios. En aquel momento, la entonces canciller alemana, Angela Merkel, se convirtió en el símbolo de la traición geopolítica al revelarse que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA), operada desde Fort Meade, Maryland, había intervenido de manera sistemática su teléfono celular personal.

La célebre frase de Merkel —“el espionaje entre amigos es inaceptable”— resonó en las cancillerías de todo el planeta y abrió una grieta temporal en la confianza transatlántica que tardó años en repararse. Sin embargo, el escándalo también evidenció que el juego de la inteligencia funciona en ambos sentidos. Poco después de las protestas alemanas, salió a la luz que el propio BND, el Servicio Federal de Inteligencia de Alemania, realizaba labores de espionaje sobre ministerios, embajadas y representaciones diplomáticas de países aliados dentro de la Unión Europea y la OTAN.

Este intercambio de interceptaciones telefónicas y operaciones de vigilancia demostró que, en el ecosistema global de la seguridad, las alianzas políticas pueden ser sólidas, pero la desconfianza estratégica permanece constante. De ahí que incluso los gobiernos más cercanos mantengan mecanismos de observación permanente sobre quienes, en teoría, son sus socios más confiables.

Giro: Dentro del largo historial de desconfianzas entre Tel Aviv y Washington, el fantasma del espionaje tiene un nombre que aún provoca incomodidad en los pasillos del Pentágono: Jonathan Pollard. El caso de este analista de inteligencia de la Marina estadounidense, detenido en 1985 y condenado a cadena perpetua en 1987 por entregar miles de documentos clasificados a Israel, constituye una de las heridas más profundas en la historia de la relación bilateral.

Durante décadas, como han recordado medios israelíes de manera recurrente, la figura de Pollard permaneció como un punto permanente de fricción. Washington nunca dejó de señalar el enorme daño que, a su juicio, causó a la seguridad nacional estadounidense.

La historia tuvo un giro importante en 2015, cuando Pollard obtuvo la libertad condicional. Sin embargo, el momento de mayor carga simbólica llegó en 2020. Una vez expiradas las restricciones impuestas por las autoridades estadounidenses, Pollard viajó a Israel y fue recibido personalmente por Benjamín Netanyahu en el aeropuerto. Ahí, el entonces primer ministro le entregó su documentación israelí en una ceremonia cargada de significado político.

Aquella imagen de Netanyahu abrazando al exespía no fue simplemente un acto protocolario. Representó una declaración política que Washington difícilmente olvidó. Hoy, cuando resurgen denuncias sobre presuntas actividades de espionaje israelí en territorio estadounidense, aquella fotografía vuelve a cobrar vigencia como recordatorio de una realidad persistente: entre aliados, el espionaje rara vez desaparece; simplemente cambia de método, de escenario y de frecuencia.

Por: Federico Lamont

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