Así lo dice La Mont
Ascenso: La trayectoria política de Beatriz Mojica Morga hacia la Coordinación de Morena en Guerrero se forjó a ras de suelo, recorriendo las ocho regiones de una entidad caracterizada por sus contrastes geográficos y complejidades sociales.
En su narrativa de arraigo y proximidad, la legisladora estructuró un discurso de identidad al asumirse como una mujer mestiza, pero estrechamente vinculada con el corazón de la comunidad afromexicana, asentada primordialmente en la Costa Chica.
Su peregrinar por municipios como Cuajinicuilapa, San Nicolás, Ometepec y Marquelia no respondió únicamente a una agenda de proselitismo tradicional, sino también a la búsqueda de legitimidad en una zona históricamente relegada del mapa de prioridades institucionales.
Al mismo tiempo, su despliegue abarcó la Montaña, Tierra Caliente, Centro, Norte, Costa Grande, Sierra y Acapulco, con el propósito de articular demandas locales diversas bajo una misma plataforma política.
La autoadscripción de Mojica como mestiza con raíces afrodescendientes e indígenas funcionó como un puente sociocultural, mediante el cual buscó sortear etiquetas dogmáticas y conectar con sectores populares que reclamaban representación frente a las élites tradicionales del estado.
Causa: Desde la tribuna del Senado de la República, Mojica fortaleció esta vinculación comunitaria mediante el impulso y la coordinación de foros de consulta dirigidos a los pueblos indígenas y afromexicanos.
Dichos espacios legislativos tuvieron como propósito aterrizar las reformas constitucionales sobre derechos colectivos, autonomía y consulta previa en los contextos comunitarios de Guerrero.
En ese debate institucional, insistió en que las condiciones sociopolíticas de la entidad habían cambiado respecto del siglo pasado. Para la legisladora, en el estado ya no existen brotes guerrilleros activos de corte ideológico como los que marcaron la memoria de las décadas de 1970 a 1990.
Su tesis sostiene que las causas de la agitación social ya no encuentran cauce en la insurrección armada revolucionaria, sino que la violencia actual proviene del crimen organizado, mientras que la lucha popular y comunitaria transita por vías cívicas, demandas de justicia agraria y la aplicación de presupuestos directos.
El discurso impulsado desde la Cámara Alta buscó así disipar los viejos estigmas de la insurrección armada para colocar el acento en el rezago social y en la pacificación mediante programas institucionales.
Decisión: La contienda final por el Palacio de Gobierno, sin embargo, se define en la frialdad de las estadísticas electorales y en la capacidad de movilización en las urnas.
Históricamente, quien aspira a ganar la gubernatura de Guerrero requiere alcanzar un umbral superior a los 600 mil votos, tal como lo confirmó el proceso de 2021, cuando el triunfo se consumó con poco más de 643 mil sufragios, en una elección con alrededor de un millón y medio de votos depositados.
En la geografía de las ocho regiones, el peso demográfico está desequilibrado. Acapulco y la región Centro, encabezada por Chilpancingo, concentran por sí solos más del 40 por ciento de la lista nominal estatal.
Muy cerca de ellas, en peso electoral, se encuentran la región Norte, con cabecera en Iguala, y la Costa Chica, mientras que regiones como la Sierra y la Montaña registran padrones menores y enfrentan una logística de movilización particularmente compleja.
De este modo, la correlación entre la densidad urbana de Acapulco y la región Centro, por un lado, y la fidelidad electoral de las zonas rurales, por otro, termina por definir matemáticamente quién puede alcanzar la cifra de votos necesaria para asumir el mando del estado.
Por: Federico Lamont