Ciudad de México.— La detención de Fernando Cerimedo en Bolivia colocó bajo los reflectores no sólo una acusación de violencia contra su pareja, sino también la trayectoria política y mediática de uno de los operadores digitales identificados con sectores de la nueva derecha latinoamericana.
Durante su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se refirió al caso luego de ser cuestionada sobre el arresto de Cerimedo, fundador de La Derecha Diario junto con el periodista español Javier Negre. La mandataria sostuvo que el empresario y consultor fue denunciado por su esposa, quien lo acusa de haber intentado contratar a dos personas para asesinarla cuando estaba embarazada.
A partir de esos señalamientos, Sheinbaum fue categórica al calificarlo como “feminicida en pocas palabras”, aunque la acusación corresponde a un proceso judicial que deberá determinar responsabilidades conforme avance la investigación.
La presidenta relató que la mujer habría sobrevivido al supuesto ataque y que previamente habría sido víctima de agresiones físicas. Añadió que, de acuerdo con la información que conocía el gobierno mexicano, la denunciante también había señalado una relación laboral de Cerimedo con una agencia estadounidense.
Más allá del expediente judicial, Sheinbaum utilizó el caso para volver a colocar sobre la mesa el papel que desempeñan determinados medios y operadores digitales en la disputa política latinoamericana. En particular, recordó los señalamientos de su gobierno contra La Derecha Diario, al que acusa de recurrir a redes coordinadas y cuentas automatizadas para fabricar tendencias y proyectar la apariencia de una opinión pública espontánea.
El poder político detrás de las redes
El episodio adquiere una dimensión política porque Cerimedo no es únicamente identificado como empresario de medios digitales. Su nombre ha estado relacionado con campañas y estrategias de comunicación de sectores conservadores de América Latina, en un momento en que las redes sociales se han convertido en un campo central de confrontación política.
Sheinbaum también recordó la relación de Cerimedo con Javier Negre, quien ha reconocido públicamente haber trabajado en México para el empresario Ricardo Salinas Pliego. La presidenta mostró además una publicación de Negre fechada el 27 de diciembre de 2025, en la que ambos celebraban resultados electorales favorables a la derecha en distintos países de la región y presumían su presencia dentro de ese movimiento político.
La imagen proyectada durante la conferencia tenía, por ello, un doble propósito: vincular a Cerimedo con la estrategia política de la derecha latinoamericana y contrastar esa imagen pública con la acusación penal que actualmente enfrenta en Bolivia.
“Ya se lo pusimos en la mañanera. Pero uno de ellos hoy está detenido por intento de feminicidio, denunciado por su propia pareja”, señaló la presidenta.
De operador digital a protagonista de una controversia judicial
El caso abre una discusión que trasciende la situación personal de Cerimedo. Su detención coloca frente a frente dos dimensiones de su trayectoria: por un lado, su papel como consultor y operador de comunicación vinculado con proyectos políticos de derecha; por otro, una acusación particularmente grave relacionada con violencia contra una mujer.
La utilización política del caso por parte de Sheinbaum también evidencia cómo las disputas por el control de la conversación pública han dejado de desarrollarse exclusivamente en partidos, congresos o medios tradicionales. Hoy, los estrategas digitales, influencers, portales informativos y redes coordinadas forman parte de la arquitectura de las campañas y de la confrontación ideológica.
Sin embargo, una acusación penal no equivale a una sentencia. La gravedad de los señalamientos exige que sean investigados con rigor y que la responsabilidad de Cerimedo sea determinada por las autoridades competentes.
Sheinbaum cerró el episodio mostrando nuevamente la fotografía de Cerimedo y Negre y dejando una conclusión abierta: “Vamos a dejarlo ahí y que saquen sus conclusiones”.
El mensaje político fue evidente: para el gobierno mexicano, la detención de uno de los personajes asociados con la maquinaria digital de la derecha latinoamericana representa una oportunidad para cuestionar no sólo sus métodos de comunicación, sino también la distancia entre la imagen pública de sus protagonistas y las acusaciones que enfrentan en el ámbito privado.