El gobernador de Sinaloa solicitó nuevamente separarse del cargo, apenas un día después de haber retomado funciones. La decisión ocurre en medio del deslinde de Morena, la postura crítica de Claudia Sheinbaum y la presión política derivada de los señalamientos en su contra.
Culiacán, Sin.— Rubén Rocha Moya volvió a colocar su permanencia en el gobierno de Sinaloa en el centro de la disputa política al solicitar nuevamente licencia para separarse del cargo por tiempo indefinido, apenas 24 horas después de haber anunciado su regreso a la gubernatura.
La nueva solicitud fue difundida la tarde del sábado 22 de agosto, a las 18:40 horas, mediante su cuenta de X. En el mensaje que acompañó la imagen del documento dirigido al Congreso estatal, el mandatario escribió: “Sinaloa, la nación y el movimiento de transformación están por encima de todo”.

La petición, recibida por el Congreso local, plantea una licencia temporal por más de 30 días y con carácter indefinido, con fundamento en la Constitución Política de Sinaloa. Corresponderá al Poder Legislativo determinar el procedimiento para atender la solicitud.
El giro político se produjo después de que su reincorporación al cargo provocara una reacción inmediata de la presidenta Claudia Sheinbaum y un deslinde público de Morena y del gobierno federal.
Una reincorporación que duró apenas un día
Rocha Moya había regresado a sus funciones después de permanecer separado del cargo desde mayo. Sin embargo, su decisión de retomar la gubernatura generó cuestionamientos debido a que, de acuerdo con la postura expresada públicamente por la presidenta, no fue consultada previamente con el gobierno federal.
Sheinbaum señaló que conoció la reincorporación a través de redes sociales y sostuvo que una decisión de esa naturaleza no podía colocarse por encima de los intereses colectivos.
Aunque evitó mencionar directamente al gobernador en su publicación, el mensaje presidencial fue interpretado como una señal de desaprobación política. La mandataria advirtió contra lo que calificó como una posible “ambición desnuda del poder por el poder” y remarcó que, por encima de personas, grupos o intereses particulares, deben prevalecer el pueblo y la Nación.
La posición presidencial tuvo eco dentro de Morena. La Secretaría de Gobernación también se deslindó de la decisión y la calificó como un asunto personal, mientras legisladores y gobernadores del movimiento cerraron filas alrededor de la postura de Sheinbaum.
El costo político de una decisión personal
El episodio revela un problema mayor para Rocha Moya: su margen de maniobra política se redujo considerablemente.
Su regreso a la gubernatura buscaba recuperar el control institucional después de varios meses de ausencia, pero terminó convirtiéndose en un nuevo frente de confrontación con la dirigencia política de la Cuarta Transformación.
El hecho de que el gobernador haya solicitado nuevamente licencia un día después de reincorporarse muestra la dimensión de la presión política. Más que un simple cambio administrativo, la secuencia evidencia una ruptura entre la decisión personal del mandatario y la estrategia política del grupo gobernante a nivel federal.
En términos políticos, Morena optó por evitar que la reincorporación de Rocha Moya se interpretara como una decisión respaldada por la presidenta o por la estructura nacional del partido.
Los señalamientos desde Estados Unidos
La controversia también ocurre bajo el peso de acusaciones provenientes de Estados Unidos.
El gobernador ha permanecido bajo cuestionamientos desde abril, cuando surgieron señalamientos relacionados con presuntos vínculos con una facción del Cártel de Sinaloa. Rocha Moya solicitó licencia en mayo, en medio de ese contexto, y posteriormente volvió a asumir sus funciones.
A este escenario se sumó ahora la presión de Derek Maltz, exdirector de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), quien públicamente pidió al secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, detener y entregar a Rocha Moya a las autoridades estadounidenses.
Maltz sostiene que la lucha contra el narcotráfico no puede desvincularse de la corrupción política que, según su argumento, permite la operación de las organizaciones criminales. Sus declaraciones incrementaron la presión mediática y política alrededor del gobernador sinaloense.
Una crisis que trasciende a Sinaloa
La segunda solicitud de licencia modifica nuevamente el escenario político en Sinaloa. Rocha Moya pasó, en cuestión de horas, de intentar recuperar plenamente el ejercicio del gobierno a solicitar otra separación del cargo.
El dato políticamente relevante no es únicamente que haya cambiado de posición, sino por qué ocurrió el cambio: su reincorporación quedó aislada del respaldo de la presidenta y de Morena.
La frase con la que el gobernador acompañó su nueva solicitud —“Sinaloa, la nación y el movimiento de transformación están por encima de todo”— puede leerse también como un intento de presentar su decisión como una acción orientada a evitar mayores costos para el estado y para el movimiento político al que pertenece.
Sin embargo, el episodio deja abierta una interrogante central: ¿Quién asumirá el control político y administrativo de Sinaloa durante esta nueva ausencia y qué impacto tendrá el caso Rocha Moya en la relación entre el gobierno estatal y la dirigencia nacional de Morena?
Por ahora, la solicitud de licencia devuelve el caso al Congreso local y coloca nuevamente a Sinaloa en el centro de una crisis política que combina gobernabilidad, disciplina partidista y señalamientos de carácter internacional.