Monterrey, Nuevo León.— El malestar ciudadano con las autoridades estatales comienza a perfilarse como uno de los principales desafíos políticos de Nuevo León, de acuerdo con el senador con licencia y aspirante a la Coordinación de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, Waldo Fernández.
A partir de los recorridos que realiza por distintos municipios, el legislador sostiene que existe un reclamo transversal: ciudadanos que consideran que las instituciones han dejado de responder a sus problemas cotidianos y que la administración estatal se ha limitado a reaccionar ante las crisis, sin construir soluciones de largo plazo.
Fernández señaló que una parte de la población experimenta una sensación de desprotección frente a los gobiernos y cuestiona la capacidad de las autoridades para atender asuntos estructurales que afectan al estado.
“La gente se siente sola, no se siente respaldada por ninguno de sus gobiernos, pero sobre todo siente que lo que ha pasado en Nuevo León es que solamente se están administrando las crisis y no se están resolviendo de fondo”.
El aspirante morenista también identificó un desgaste en la percepción ciudadana hacia los proyectos políticos que llegaron al poder bajo las banderas independiente y naranja. A su juicio, la inconformidad no se limita a un área específica, sino que alcanza distintos ámbitos de la vida pública.
Fernández afirmó que algunos ciudadanos incluso perciben que el aparato gubernamental funciona con una lógica distante de sus necesidades y cuestionan que, pese al cumplimiento de sus obligaciones fiscales, no reciben respuestas proporcionales de las autoridades.
Ante este escenario, planteó que la sucesión gubernamental debe representar algo más que un cambio de administración: debe significar una redefinición de la relación entre gobierno y sociedad.
El senador con licencia consideró indispensable construir un proyecto integral para Nuevo León que coloque a las personas como prioridad y que permita recuperar la capacidad institucional para atender problemas, acompañar a las comunidades y generar certidumbre.
“Hay que meterle orden a Nuevo León”, sostuvo, al señalar que el próximo gobierno debe ser capaz de respaldar a la población y, al mismo tiempo, evitar convertirse en un obstáculo para su desarrollo.
Fernández complementó su planteamiento con una crítica al estilo de hacer política que, dijo, ha privilegiado la frivolidad, la confrontación y las disputas personales por encima de las necesidades de la población.
Frente a ello, propuso una visión humanista de gobierno, basada en la cercanía con los ciudadanos, la serenidad en la toma de decisiones y la atención de los problemas de fondo.
El mensaje político de Fernández apunta así a una de las principales variables de la próxima disputa por el gobierno estatal: el desgaste de la confianza ciudadana y la demanda de una administración que pase de gestionar crisis a resolverlas estructuralmente.