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La carta del narcogobierno y el injerencismo

Staff Domo de Cristal
Sinaloa Rocha Moya

Sonora Power por Demian Duarte

 Todo el asunto del gobierno de Estados Unidos y de la Fiscalía del Sur de Nueva York en relación con el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, sus colaboradores, otros políticos sinaloenses y un senador de la República, puede resumirse en una sola palabra: injerencismo.

Estados Unidos, y en especial Donald Trump y sus halcones, tienen enormes ganas de crear una crisis diplomática con México. Lo han intentado de todas las maneras posibles y en todos los niveles y, como no lo han conseguido, ahora se juegan la carta suprema: el narcogobierno y la narcopolítica.

Claro que esas acusaciones, viniendo de quien vienen y justo en el momento en que llegan, admiten múltiples lecturas.

En México estamos a 13 meses y algunos días de las elecciones intermedias. Para Trump, la fuerza y vigencia de un gobierno que no se alinea a sus intereses y dictados resulta sumamente incómoda; por lo tanto, la receta que aplica es la desestabilización.

No le ha funcionado la carta de los aranceles, ni tampoco la de acusar falta de colaboración en materia de seguridad fronteriza.

Por eso ha decidido enviar a sus agentes de la CIA a buscar grietas para desestabilizar, tejer alianzas y acuerdos con grupos antagónicos —el PAN, el PRI e incluso el crimen organizado—, con la finalidad de encontrar por dónde incidir.

Sinaloa es un flanco débil: la omnipresencia del crimen organizado en esa entidad, los posibles vínculos con actores políticos y la delgada línea de convivencia entre el narcotráfico que impera en la región y los gobiernos civiles constituyen una vulnerabilidad evidente.

Durante años se ha jugado la carta de que Rubén Rocha tiene relaciones y acuerdos. La realidad es que todo aquel que ha gobernado Sinaloa los ha tenido: acuerdos básicos de gobernabilidad con poderes fácticos. Negarlo es hipocresía, y todos los que están en el juego lo saben.

No deja de llamar la atención que la ahora agresiva jugada de Estados Unidos, involucrando a su embajador en un juego rudo, violando formas diplomáticas y acuerdos internacionales, empate con tanta claridad con la narrativa que la oposición repite una y otra vez:

“En México el narco controla al gobierno; en México gobierna el narco; en México hay un narcogobierno”.

De tan obvios, ya no dejan lugar a dudas.

El PAN y el PRI, en ese orden, están dispuestos a lo que sea con tal de recuperar el control del poder.

Correspondencia a demiandu1@me.com | En X @Demiandu

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