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La Arquitectura se transforma en espacio de memoria colectiva

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  • Edificio se vuelve punto de encuentro entre arte, historia y ciudadanía: Díaz Cobarrubias
  • Muralismo mexicano, el gran legado que reflejaba la cosmogonía de los pueblos

El muralismo mexicano es un ejemplo de la integración entre arquitectura y artes visuales en la historia moderna, sostuvo el Arquitecto Rodolfo Alejandro Díaz Cobarrubias Castillón al ingresar al Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades que preside el Maestro Raúl Gómez Espinosa.

“Al utilizar los muros de edificios públicos como soporte de narrativas históricas y sociales, los artistas transformaron el papel cultural de la arquitectura. Los edificios dejaron de ser simples estructuras funcionales para convertirse en espacios de memoria colectiva donde arte, historia y ciudadanía se encuentran”, mencionó Díaz Cobarrubias Castillón.

Esta experiencia, dijo, demuestra que la arquitectura puede desempeñar un papel fundamental en la construcción cultural de la sociedad.

Ahora, “en una época marcada por la globalización y la estandarización de los espacios urbanos, el legado del muralismo mexicano invita a reflexionar sobre la importancia de integrar arte y arquitectura en la construcción de ciudades con identidad cultural”, mencionó el actual presidente del Colegio de Arquitectos de la Ciudad de México (CAM) y de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos (SAM).

Hondas raíces de la pintura mural mexicana.

Aunque el muralismo del siglo XX suele considerarse un fenómeno moderno, la relación entre pintura mural y arquitectura tiene antecedentes mucho más antiguos en el territorio mexicano, sostuvo el también presidente de la Sociedad de Arquitectos Mexicanos (SAM).

“Diversas culturas mesoamericanas desarrollaron complejos sistemas de representación pictórica que se integraban a templos, palacios y edificios ceremoniales”, recordó Díaz Cobarrubias Castillón.

Las ciudades prehispánicas muestran ejemplos notables de esta tradición, mencionó el Arquitecto. “En algunos conjuntos arqueológicos se encontraron murales que representaban escenas religiosas, rituales y aspectos de la vida cotidiana. Estas pinturas no sólo decoraban los espacios, sino que formaban parte de un sistema simbólico que comunicaba la cosmovisión de las culturas que las produjeron”, reflexionó el Arquitecto.

En su tesis de ingreso al Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades. Díaz Cobarrubias sostuvo que los murales mesoamericanos se caracterizaban por su intensa carga simbólica y por su estrecha relación con el espacio arquitectónico.

“Las superficies pintadas seguían la geometría de los edificios y contribuían a definir la experiencia visual del recinto ceremonial. De esta manera, la arquitectura funcionaba como marco estructural de una narrativa visual que transmitía conocimientos religiosos, históricos y políticos”.

Esta tradición de integración entre pintura y arquitectura permite comprender el desarrollo posterior del muralismo mexicano.

“Aunque los artistas del siglo XX trabajaron en un contexto histórico distinto, su interés por el mural como arte público puede interpretarse como una reinterpretación moderna de una práctica cultural mucho más antigua”, mencionó Díaz Cobarrubias.

Con su ingreso, el Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades se consolida como un foro donde convergen las voces que redefinen el patrimonio cultural del país.

 

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