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El Código Nacional y la reforma judicial

Staff Domo de Cristal
Colegio Nacional

México necesitaba modernizar su sistema judicial civil y mercantil. Eso era evidente desde hace años.

Expedientes físicos, juicios interminables, ejecución deficiente, criterios contradictorios, tribunales saturados y una economía que opera a velocidades completamente distintas a las de sus juzgados. El problema existía y era real.

Por eso, el Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares (CNPCyF) representaba una oportunidad histórica:

  • oralidad
  • digitalización
  • trazabilidad procesal
  • homologación nacional
  • modernización probatoria
  • expediente electrónico
  • uso intensivo de tecnología

En teoría, se trataba de una de las reformas procesales más importantes en décadas.

Pero México intentó implementarla mientras, simultáneamente, desestructuraba institucionalmente al Poder Judicial bajo una lógica predominantemente política e ideológica. Y ahí comenzó la contradicción.

Ahora hasta el INE pide aplazar

La situación llegó a un punto particularmente delicado cuando el propio Instituto Nacional Electoral pidió al Congreso aplazar la elección judicial hasta 2028 para evitar un “colapso” operativo.

Los datos son contundentes:

  • más de 353 mil casillas requeridas
  • aproximadamente 3.1 millones de funcionarios
  • cerca de 980 millones de boletas
  • costos cercanos a 21 mil millones de pesos si coinciden procesos electorales y judiciales

Eso implica algo políticamente muy fuerte: incluso dentro del propio aparato institucional ya se reconoce que el diseño fue precipitado y técnicamente insuficiente.

Una reforma para la que no estaban preparados

El nuevo modelo procesal exige algo muy específico: jueces técnicamente sólidos, operadores capacitados, infraestructura tecnológica moderna y alta capacidad institucional.

Pero ocurrió lo contrario.

En lugar de fortalecer técnicamente al sistema antes de implementar el nuevo modelo:

  • se abrió una reforma política judicial
  • se cuestionó la meritocracia
  • se debilitó la percepción de independencia
  • se generó incertidumbre institucional
  • se politizó el debate judicial

Resultado: un sistema a la defensiva, lento e improvisado.

La digitalización real nunca fue el centro

Uno de los mayores problemas de la reforma judicial es que se habló mucho de elección de jueces y muy poco de modernización operativa real.

México sigue teniendo:

  • exhortos físicos innecesarios
  • oficios en papel
  • expedientes físicos
  • turnos actuariales lentos
  • notificaciones presenciales absurdas
  • trámites manuales de edictos
  • certificaciones repetitivas
  • traslados físicos innecesarios

En pleno 2026, buena parte del sistema sigue funcionando bajo una lógica administrativa de hace cuarenta años.

La pregunta incómoda

¿Por qué no se moderniza realmente el sistema judicial?

Porque hacerlo implicaría tocar estructuras que nadie quiere enfrentar:

  • burocracia interna
  • sindicatos
  • plazas administrativas obsoletas
  • estructuras de control político
  • sistemas tecnológicos mal diseñados o incompletos

La verdadera transformación judicial requería eliminar procesos inútiles, no solo cambiar discursos políticos.

El problema estructural: burocracia sin métricas

El sistema judicial mexicano sigue operando sin:

  • métricas reales de productividad
  • indicadores públicos de desempeño
  • evaluación efectiva de tiempos procesales
  • sanciones reales por dilación
  • consecuencias por retrasar la ejecución de sentencias o laudos

La dilación sigue siendo gratuita.

Hoy prácticamente no existe responsabilidad institucional por:

  • paralizar expedientes
  • diferir acuerdos innecesariamente
  • retrasar la ejecución de sentencias
  • incumplir tiempos razonables
  • generar cargas procesales excesivas

Y eso tiene un enorme costo económico.

El verdadero fracaso: la ejecución

La gran debilidad histórica del sistema mexicano no es emitir sentencias. Es ejecutarlas.

Y ahí el problema afecta directamente a:

  • crédito
  • inversión
  • garantías
  • recuperación de activos
  • financiamiento productivo
  • industria, comercio y servicios financieros

Los sectores más afectados son precisamente los que requieren velocidad y certidumbre.

Industria

Necesita:

  • contratos ejecutables
  • estabilidad jurídica
  • recuperación eficiente

Sin ello:

  • aumenta el riesgo financiero
  • cae la inversión productiva
  • se frenan proyectos industriales

Comercio

Depende de:

  • cobranza rápida
  • juicios mercantiles ágiles
  • medidas cautelares eficientes

Cuando los juicios duran años:

  • se destruye flujo
  • aumenta la morosidad
  • cae la actividad económica

Servicios financieros

Bancos, SOFOM y financieras necesitan:

  • ejecución rápida de garantías
  • certeza jurídica
  • recuperación eficiente

Sin ello:

  • sube el costo del crédito
  • cae el crédito productivo
  • aumenta la cautela bancaria
  • se limita el fondeo internacional

Tribunales federales: deterioro preocupante

Durante años, los tribunales federales fueron percibidos como el nivel técnico más sólido del sistema judicial.

Hoy esa percepción se deteriora rápidamente.

Se observan cada vez más:

  • formalismos excesivos
  • evasión de fondo
  • criterios contradictorios
  • retrasos innecesarios
  • temor institucional a resolver asuntos sensibles

Y eso es particularmente grave, porque el sistema federal antes funcionaba como contrapeso técnico frente a muchas deficiencias locales. Hoy, en varios casos, esa diferencia comienza a desaparecer.

Adicionalmente, los debates y dislates personales de algunos integrantes de la Corte han erosionado legitimidad y credibilidad institucional.

El problema no es el Código Nacional

El CNPCyF, técnicamente, contiene avances importantes.

El problema es intentar implementarlo dentro de:

  • un sistema debilitado
  • operadores insuficientemente preparados
  • infraestructura tecnológica incompleta
  • una cultura burocrática resistente al cambio

La IA y la oportunidad desaprovechada

Mientras el mundo avanza hacia:

  • inteligencia artificial judicial
  • automatización documental
  • trazabilidad digital
  • contratos inteligentes
  • monitoreo procesal en tiempo real

México sigue atrapado en:

  • expedientes físicos
  • burocracia sindicalizada
  • trámites manuales
  • estructuras lentas
  • resistencia institucional

El verdadero reto

La modernización judicial no depende únicamente de cambiar jueces.

Depende de:

  • rediseñar procesos
  • digitalizar integralmente
  • medir desempeño
  • sancionar dilaciones
  • ejecutar oportunamente sentencias y laudos

La contradicción económica

El gobierno puede sostener diariamente una narrativa optimista.

Pero los datos muestran otra realidad:

  • crecimiento económico débil
  • inversión privada cautelosa
  • inseguridad persistente
  • empleo formal desacelerándose
  • crédito productivo limitado
  • incertidumbre jurídica creciente

Los mercados observan resultados, no propaganda.

México intentó transformar políticamente al Poder Judicial sin resolver primero sus problemas estructurales de operación, productividad y ejecución.

Ese es el verdadero fracaso.

La justicia no mejora cambiando discursos políticos ni organizando elecciones judiciales masivas. Mejora eliminando burocracia inútil, digitalizando procesos y sancionando la ineficiencia.

Sin métricas de desempeño, sin consecuencias por dilación y sin ejecución efectiva, ninguna reforma judicial generará confianza económica.

Porque, al final, el Estado de derecho no se mide por propaganda. Se mide por la capacidad real de resolver y ejecutar oportunamente.

Mario Sandoval
CEO de FISAN SOFOM ENR
Banquero y abogado especializado en recuperación de activos financieros, con más de 30 años de experiencia profesional en cargos directivos.

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