
México necesitaba modernizar su sistema judicial civil y mercantil. Eso era evidente desde hace años.
Expedientes físicos, juicios interminables, ejecución deficiente, criterios contradictorios, tribunales saturados y una economía que opera a velocidades completamente distintas a las de sus juzgados. El problema existía y era real.
Por eso, el Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares (CNPCyF) representaba una oportunidad histórica:
En teoría, se trataba de una de las reformas procesales más importantes en décadas.
Pero México intentó implementarla mientras, simultáneamente, desestructuraba institucionalmente al Poder Judicial bajo una lógica predominantemente política e ideológica. Y ahí comenzó la contradicción.
La situación llegó a un punto particularmente delicado cuando el propio Instituto Nacional Electoral pidió al Congreso aplazar la elección judicial hasta 2028 para evitar un “colapso” operativo.
Los datos son contundentes:
Eso implica algo políticamente muy fuerte: incluso dentro del propio aparato institucional ya se reconoce que el diseño fue precipitado y técnicamente insuficiente.
El nuevo modelo procesal exige algo muy específico: jueces técnicamente sólidos, operadores capacitados, infraestructura tecnológica moderna y alta capacidad institucional.
Pero ocurrió lo contrario.
En lugar de fortalecer técnicamente al sistema antes de implementar el nuevo modelo:
Resultado: un sistema a la defensiva, lento e improvisado.
Uno de los mayores problemas de la reforma judicial es que se habló mucho de elección de jueces y muy poco de modernización operativa real.
México sigue teniendo:
En pleno 2026, buena parte del sistema sigue funcionando bajo una lógica administrativa de hace cuarenta años.
¿Por qué no se moderniza realmente el sistema judicial?
Porque hacerlo implicaría tocar estructuras que nadie quiere enfrentar:
La verdadera transformación judicial requería eliminar procesos inútiles, no solo cambiar discursos políticos.
El sistema judicial mexicano sigue operando sin:
La dilación sigue siendo gratuita.
Hoy prácticamente no existe responsabilidad institucional por:
Y eso tiene un enorme costo económico.
La gran debilidad histórica del sistema mexicano no es emitir sentencias. Es ejecutarlas.
Y ahí el problema afecta directamente a:
Los sectores más afectados son precisamente los que requieren velocidad y certidumbre.
Necesita:
Sin ello:
Depende de:
Cuando los juicios duran años:
Bancos, SOFOM y financieras necesitan:
Sin ello:
Durante años, los tribunales federales fueron percibidos como el nivel técnico más sólido del sistema judicial.
Hoy esa percepción se deteriora rápidamente.
Se observan cada vez más:
Y eso es particularmente grave, porque el sistema federal antes funcionaba como contrapeso técnico frente a muchas deficiencias locales. Hoy, en varios casos, esa diferencia comienza a desaparecer.
Adicionalmente, los debates y dislates personales de algunos integrantes de la Corte han erosionado legitimidad y credibilidad institucional.
El CNPCyF, técnicamente, contiene avances importantes.
El problema es intentar implementarlo dentro de:
Mientras el mundo avanza hacia:
México sigue atrapado en:
La modernización judicial no depende únicamente de cambiar jueces.
Depende de:
El gobierno puede sostener diariamente una narrativa optimista.
Pero los datos muestran otra realidad:
Los mercados observan resultados, no propaganda.
México intentó transformar políticamente al Poder Judicial sin resolver primero sus problemas estructurales de operación, productividad y ejecución.
Ese es el verdadero fracaso.
La justicia no mejora cambiando discursos políticos ni organizando elecciones judiciales masivas. Mejora eliminando burocracia inútil, digitalizando procesos y sancionando la ineficiencia.
Sin métricas de desempeño, sin consecuencias por dilación y sin ejecución efectiva, ninguna reforma judicial generará confianza económica.
Porque, al final, el Estado de derecho no se mide por propaganda. Se mide por la capacidad real de resolver y ejecutar oportunamente.
Mario Sandoval
CEO de FISAN SOFOM ENR
Banquero y abogado especializado en recuperación de activos financieros, con más de 30 años de experiencia profesional en cargos directivos.
Domo de Cristal
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