La moneda mexicana registró en septiembre su mayor retroceso mensual desde junio de 2024, en un escenario marcado por el fortalecimiento del dólar, el ajuste de expectativas sobre las tasas de interés de la Reserva Federal y la incertidumbre derivada de los conflictos en Medio Oriente.
Ciudad de México.— El peso mexicano cerró septiembre con una depreciación acumulada de 6.38 por ciento frente al dólar, equivalente a una pérdida de 1.08 pesos, en lo que representa su peor desempeño mensual en más de dos años.
En la última sesión del mes, la moneda nacional terminó en 18.0808 pesos por dólar, frente a los 18.0635 pesos del martes, de acuerdo con datos del Banco de México (Banxico). El movimiento implicó una depreciación diaria de 0.10 por ciento.
Durante la jornada, el tipo de cambio se desplazó entre un máximo de 18.1531 pesos y un mínimo de 17.9391 pesos por dólar, reflejo de un mercado que mantiene elevados niveles de volatilidad.
El comportamiento mensual contrasta de manera significativa con el cierre de agosto, cuando el dólar se ubicó en 16.9971 pesos. En apenas cuatro semanas, el peso perdió más de un peso frente a la divisa estadounidense.
La Fed cambió el equilibrio del mercado
El principal factor detrás del ajuste fue el cambio en las expectativas sobre las tasas de interés estadounidenses.
El 16 de septiembre, la Reserva Federal recortó su tasa de referencia en 25 puntos base para colocarla en un rango de 3.75 a 4 por ciento. Aunque el movimiento representó una reducción del costo del dinero en Estados Unidos, las señales posteriores del banco central mantuvieron cautelosos a los inversionistas respecto al ritmo de futuros ajustes.
El efecto se reflejó en el mercado cambiario. El Índice Dólar (DXY) pasó de 99.43 puntos al cierre de agosto a alrededor de 101.51 unidades al término de septiembre, un incremento cercano a 2.09 por ciento.
La fortaleza del dólar se convirtió así en uno de los principales elementos de presión sobre las monedas emergentes, entre ellas el peso mexicano.
Menor atractivo relativo para el carry trade
A este escenario se sumó la decisión de Banxico de mantener su tasa de referencia en 6.50 por ciento, adoptada la semana pasada.
El diferencial entre las tasas mexicanas y estadounidenses continúa siendo amplio, pero se redujo frente al nivel que prevalecía anteriormente. Para los inversionistas que participan en operaciones de carry trade —en las que buscan aprovechar diferencias de tasas entre países—, cualquier reducción del diferencial puede modificar la rentabilidad esperada de mantener posiciones en pesos.
El resultado fue una menor fuerza del argumento financiero que durante meses había favorecido la moneda mexicana.
Septiembre: un mes de reversión cambiaria
El comportamiento del tipo de cambio muestra un cambio relevante respecto de la tendencia observada durante buena parte del año.
En septiembre, el dólar llegó a cotizarse por debajo de 17 pesos y posteriormente escaló hasta 18.1531 pesos, una diferencia que evidencia el nivel de sensibilidad del mercado ante los cambios en las expectativas monetarias.
Desde una perspectiva económica, el movimiento no puede explicarse únicamente por factores internos. El episodio combina fortaleza global del dólar, ajustes en las expectativas de tasas, movimientos en los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense y mayor percepción de riesgo geopolítico.
La presión sobre el peso, por tanto, responde en buena medida a una recomposición de portafolios internacionales: cuando los activos estadounidenses ofrecen mayores rendimientos relativos o aumenta la incertidumbre global, los capitales pueden reducir su exposición a mercados emergentes.
También pierde terreno en el tercer trimestre
El deterioro no se limitó a septiembre.
Al cierre de junio, el dólar se encontraba en 17.4986 pesos, por lo que el tipo de cambio terminó el tercer trimestre en 18.0808 pesos. Esto representa una depreciación trimestral de 3.33 por ciento para la moneda mexicana.
La evolución también estuvo condicionada por la situación geopolítica en Medio Oriente y por las fluctuaciones de los precios internacionales del petróleo.
El petróleo constituye un factor particularmente relevante para los mercados financieros cuando existen tensiones en regiones productoras o estratégicas para el suministro energético mundial. Un incremento abrupto de los precios puede alimentar expectativas inflacionarias y modificar nuevamente las perspectivas sobre las tasas de interés de los principales bancos centrales.
Inflación de Estados Unidos ofrece un respiro
En la última jornada del mes también hubo elementos que limitaron la presión sobre el peso.
Los datos de inflación estadounidense mostraron una evolución distinta a la que esperaba el mercado. El índice de precios de los gastos de consumo personal (PCE), una de las principales referencias utilizadas por la Reserva Federal para evaluar las presiones inflacionarias, registró un incremento anual de 3.4 por ciento en agosto, por debajo de las expectativas de 3.7 por ciento.
El dato abrió cierto espacio para que los operadores reconsideraran la trayectoria de la política monetaria estadounidense, aunque no fue suficiente para revertir el balance negativo de la moneda mexicana durante septiembre.
Octubre abre con dos grandes variables
El comportamiento del peso durante las próximas semanas estará condicionado principalmente por la evolución de las expectativas sobre la política monetaria de la Fed y por el escenario geopolítico.
Las apuestas del mercado sobre una posible modificación de la tasa estadounidense en octubre muestran que los inversionistas mantienen un elevado grado de incertidumbre. A ello se suman las próximas cifras del mercado laboral estadounidense, cuya lectura será determinante para evaluar la fortaleza de la economía y, con ello, la trayectoria que podría seguir la Reserva Federal.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán constituye otro factor de riesgo para los mercados. Cualquier escalamiento puede traducirse en movimientos bruscos en petróleo, bonos, dólar y activos de mercados emergentes.
Análisis económico
La depreciación de septiembre no implica por sí misma un cambio estructural en los fundamentos de la economía mexicana, pero sí evidencia que el peso dejó de contar con el mismo respaldo financiero que lo impulsó durante etapas anteriores.
La clave está en el diferencial de tasas y en los flujos internacionales de capital. Mientras el mercado considere atractiva la rentabilidad de los instrumentos denominados en pesos, la moneda puede encontrar respaldo. Sin embargo, cuando aumentan los rendimientos en Estados Unidos, se fortalece el dólar o crece la aversión global al riesgo, esa ventaja relativa disminuye.
Para México, un peso más débil tiene efectos contrapuestos. Por un lado, puede favorecer los ingresos de exportadores que reciben dólares; por otro, encarece las importaciones y puede generar presiones adicionales sobre determinados precios internos. También modifica el valor en pesos de obligaciones denominadas en moneda extranjera.
El dato más relevante hacia el cierre del año será, por ello, determinar si el movimiento de septiembre representa un ajuste temporal provocado por factores externos o el inicio de una etapa prolongada de mayor volatilidad cambiaria.
Por ahora, el mercado entra a octubre con un peso significativamente más débil que al comenzar septiembre y con una variable central por definir: hasta dónde llegará el ajuste de las expectativas sobre las tasas estadounidenses y cuánto tiempo permanecerá elevada la demanda global por dólares.