El verdadero negocio no está en vender terrenos, sino en lograr que esos activos se transformen en inversión, empleo y desarrollo regional
Ciudad de México.— Hay operaciones inmobiliarias que pueden medirse por el precio de un terreno y otras que deben evaluarse por el valor económico que son capaces de generar después de la compraventa. La decisión del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) de colocar mediante venta directa lotes en Huatulco, Ixtapa, Loreto y Los Cabos pertenece a esta segunda categoría.
El asunto, visto desde la perspectiva económica, trasciende la simple comercialización de bienes inmuebles. Lo que está en juego es la capacidad del Estado para convertir patrimonio público ocioso en un detonador de capital privado, actividad productiva y desarrollo territorial.
Fonatur pone sobre la mesa terrenos ubicados en destinos turísticos consolidados, precisamente en regiones donde existe infraestructura, vocación turística y una cadena de servicios que puede multiplicar el impacto de nuevas inversiones. En otras palabras, no se trata únicamente de vender tierra: se busca que el suelo se convierta en hoteles, desarrollos turísticos, servicios, comercio, empleos y una mayor circulación de recursos en las economías locales.
Ahí está la verdadera lectura económica.
En un contexto en el que México necesita atraer inversión y elevar la productividad de sus regiones, disponer de activos estratégicos con certeza jurídica puede ser una herramienta relevante. Un terreno con propiedad acreditada, uso de suelo definido y expediente técnico completo reduce una parte importante de los riesgos que suelen enfrentar los inversionistas antes de comprometer capital.
Y el capital, como se sabe, busca certidumbre.
Por ello, la oferta de Fonatur incorpora un elemento que puede ser tan importante como el propio precio: información pública y condiciones transparentes. El catálogo digital permite conocer superficies, rangos de precios, localización georreferenciada y características técnicas de los predios, lo que abre la posibilidad de comparar alternativas y evaluar proyectos con mayor información.
La digitalización del proceso también tiene una lectura económica. Cada trámite que se simplifica representa tiempo y costos que dejan de trasladarse al inversionista. En un mercado donde la velocidad para concretar proyectos puede determinar la rentabilidad de una inversión, reducir burocracia y facilitar el acceso a la información se convierte en un incentivo adicional.
Pero aquí aparece la pregunta fundamental: ¿Qué sucederá con los terrenos una vez vendidos?
Porque el éxito de esta estrategia no debería medirse únicamente por los ingresos obtenidos por Fonatur. La verdadera evaluación tendrá que hacerse sobre la inversión que esos predios logren atraer, los empleos que generen, los servicios que demanden y el valor agregado que incorporen a las economías de Huatulco, Ixtapa, Loreto y Los Cabos.
Un lote vendido y sin desarrollar es una operación patrimonial. Un lote convertido en un proyecto viable es una operación de desarrollo económico.
La diferencia es sustancial.
Los destinos turísticos tienen un efecto multiplicador particularmente importante. Un nuevo proyecto puede activar simultáneamente sectores como construcción, transporte, comercio, alimentos, servicios profesionales, mantenimiento y entretenimiento. Además, una mayor capacidad turística puede ampliar la demanda de proveedores locales y fortalecer cadenas económicas que van mucho más allá del inmueble originalmente comercializado.
Por eso, la venta directa de Fonatur puede entenderse como una apuesta por reciclar patrimonio inmobiliario para generar nueva actividad económica.
No obstante, también existe un desafío: que el proceso de inversión se encuentre acompañado por planeación territorial, infraestructura suficiente y criterios de sostenibilidad. El crecimiento turístico sin orden puede generar presiones sobre agua, movilidad, vivienda, servicios públicos y ecosistemas, reduciendo precisamente el valor económico que se pretende crear.
El objetivo, por tanto, no debería ser simplemente vender más rápido, sino vender mejor y conseguir que cada operación produzca el mayor beneficio económico posible para la región.
Huatulco, Ixtapa, Loreto y Los Cabos cuentan con una ventaja de partida: son destinos reconocidos y con una demanda turística ya establecida. El desafío consiste en aprovechar esa plataforma para atraer capital que genere proyectos competitivos, sostenibles y capaces de integrarse a las economías locales.
En ese sentido, Fonatur está colocando sobre la mesa una fórmula que merece seguimiento: patrimonio público + certeza jurídica + inversión privada + vocación turística.
El resultado dependerá de la ejecución.
Porque el valor de un terreno no termina cuando se firma una escritura. En términos económicos, apenas comienza. El verdadero rendimiento de estos activos se conocerá cuando la tierra deje de ser patrimonio inmovilizado y se convierta en inversión, empleo, infraestructura, servicios y oportunidades para las comunidades que viven del turismo.
Esa será, finalmente, la medida del éxito de esta estrategia.