
Así lo dice La Mont
Es él:
Benjamín Netanyahu, conocido popularmente como “Bibi”, es la figura central de la política israelí contemporánea. Nacido en Tel Aviv en 1949 y formado académicamente en instituciones de élite como el MIT y Harvard University, fue forjado por el rigor militar en la unidad Sayeret Matkal y la tragedia personal de perder a su hermano Yonatan en la Operación Entebbe.
Netanyahu construyó una carrera basada en la doctrina de la “seguridad total”, al ubicarse como el defensor de Israel frente a las amenazas de la vecindad árabe-palestina. Su campaña contra Hezbollah en el Líbano y los grupos palestinos vinculados a Hamás no es solo una estrategia militar, sino parte de su identidad política. Para Netanyahu, estos actores no son solo adversarios regionales, sino extensiones del poder iraní que buscan la aniquilación del Estado judío.
Su enfoque se caracteriza por una combinación de presión militar, operaciones de inteligencia de alta precisión y una retórica internacional que busca deslegitimar cualquier forma de gobernanza palestina que incluya a Hamás, a quien describe como una entidad terrorista equivalente al Estado Islámico, cerrando cualquier espacio para la negociación política con grupos que no reconozcan explícitamente el derecho de Israel a existir bajo sus términos.
Su trayectoria en la Knesset comenzó a finales de la década de 1980, tras un exitoso paso por la diplomacia en Naciones Unidas. Fue en 1993 cuando asumió el liderazgo del partido Likud, consolidándose como la figura dominante. En 1996 se convirtió en el primer ministro más joven de la historia del país y alcanzó una meta sin precedentes: convertirse en el premier con mayor tiempo en el cargo, superando incluso a David Ben-Gurión.
Sin embargo, este récord de longevidad corre en paralelo con un asedio judicial constante. Netanyahu enfrenta cargos formales por fraude, cohecho y abuso de confianza en los conocidos casos 1000, 2000 y 4000. Estas acusaciones giran en torno a la recepción de regalos de lujo a cambio de favores políticos y al intento de manipular la cobertura mediática mediante acuerdos regulatorios con magnates de la comunicación. A pesar de la gravedad de los cargos y del juicio en curso, ha logrado mantenerse en el poder, argumentando que es víctima de una “caza de brujas” por parte de las élites judiciales y los medios de comunicación de izquierda.
Proyecto:
En cuanto a su propuesta de paz con los palestinos, la visión de Netanyahu evolucionó desde el reconocimiento de la solución de dos Estados en 2009 hacia una postura mucho más rígida, que prioriza el control de seguridad israelí sobre todo el territorio al oeste del río Jordán. Su propuesta actual, generalmente alineada con enfoques de “paz económica”, sostiene que los palestinos pueden tener autonomía administrativa, pero no soberanía militar ni control pleno de sus fronteras.
Esta postura es respaldada por sectores específicos de la comunidad judía y sionista a nivel global, particularmente grupos neoconservadores en Estados Unidos, sectores de la derecha evangélica y corrientes religiosas militantes. Estos grupos ven en Netanyahu a un líder capaz de resistir la presión internacional para realizar concesiones territoriales que consideran peligrosas o teológicamente inaceptables.
Su apoyo externo es clave, pues le proporciona un sostén diplomático y financiero que refuerza su posición interna frente a sectores judíos más liberales o seculares que abogan por una solución negociada y territorialmente más flexible.
La estabilidad de su gobierno depende de una coalición compleja y, para muchos, radical. Netanyahu mantiene la mayoría en la Knesset gracias a un bloque compuesto por el Likud y una alianza de partidos ultraortodoxos —como Shas y Judaísmo Unido de la Torá— y nacionalistas de extrema derecha, como Poder Judío y el Partido Sionista Religioso.
Esta alianza es simbiótica: mientras los partidos religiosos obtienen presupuestos y exenciones del servicio militar para sus comunidades, los nacionalistas impulsan la expansión de asentamientos en Cisjordania.
No obstante, la viabilidad de su destitución a corto plazo es objeto de intenso debate en la política israelí. Aunque la oposición es numerosa y las protestas sociales contra su reforma judicial y su gestión de la seguridad han sido masivas, el sistema parlamentario protege al primer ministro mientras mantenga la disciplina interna de su bloque de 64 escaños.
Una destitución solo sería viable mediante una moción de censura constructiva que requiera un acuerdo sobre un candidato alternativo dentro de la actual Knesset o si uno de sus socios de coalición decide abandonar el gobierno, forzando elecciones anticipadas.
A pesar de las presiones externas y los procesos judiciales, Netanyahu muestra una resiliencia política notable, navegando las crisis más profundas mediante el control de la agenda legislativa y la polarización efectiva de la opinión pública, lo que convierte cualquier intento de removerlo del poder en un desafío complejo y de pronóstico reservado.
Por: Federico Lamont
Domo de Cristal
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