Por: Ariadne L. Montero
La desigualdad salarial entre hombres y mujeres en México ha disminuido de manera gradual en las últimas dos décadas, al pasar de 20% en 2005 a cerca de 14% en 2025. Sin embargo, pese a esta reducción, persisten importantes barreras estructurales que dificultan alcanzar una mayor equidad en el mercado laboral.
Aunque el país ha registrado avances constitucionales y legales en materia de igualdad, la brecha salarial continúa. En 20 años, la diferencia se redujo apenas seis puntos porcentuales, lo que representa un avance gradual, pero todavía insuficiente para eliminar las disparidades entre hombres y mujeres.
A esta situación se suma la falta de una regulación secundaria que establezca la obligación de transparentar los salarios, así como el uso de promedios macroeconómicos en lugar de auditorías directas de las nóminas. También influye el alcance limitado de mecanismos voluntarios, como la NOM-025, factores que reducen la efectividad de las políticas públicas y de las inspecciones laborales.
Si bien la brecha tiende a disminuir en algunos puestos de mayor jerarquía o en regiones con mercados laborales informales de baja productividad, las mujeres ocupan apenas 3% de las direcciones generales. Este dato evidencia que la desigualdad salarial constituye solo una de las manifestaciones de un problema estructural más amplio dentro del mercado laboral mexicano.