Opinión

Canadá y Estados Unidos toman ventaja frente a México en la revisión del T-MEC

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Staff Domo de Cristal
21 de agosto de 2026, 4:51 am
Tiempo 6 min
Canadá y Estados Unidos toman ventaja frente a México en la revisión del T-MEC

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Por: Eduardo Esquivel Ancona 

La negociación del T-MEC acaba de entrar en una fase más compleja para México. El entendimiento preliminar alcanzado entre Estados Unidos y Canadá en materia arancelaria modifica el tablero comercial de Norteamérica y coloca a los negociadores mexicanos ante una presión adicional: evitar que sus exportaciones pierdan competitividad frente a las canadienses.

Washington y Ottawa pactaron una tregua temporal de 72 horas que frenó la aplicación inmediata de aranceles de hasta 50% sobre determinados productos canadienses. El acercamiento contempla, de acuerdo con los términos conocidos, una reducción de tarifas para sectores estratégicos como el acero, el aluminio y la industria automotriz.

Más allá de los porcentajes, el efecto económico para México es evidente: Canadá consiguió abrir una puerta bilateral con Washington mientras México continúa buscando condiciones favorables para sus principales sectores exportadores.

Canadá gana margen de maniobra

El problema para México no es únicamente arancelario. El acuerdo entre Estados Unidos y Canadá establece un precedente de negociación diferenciada dentro de América del Norte. Washington demuestra que está dispuesto a utilizar los aranceles como instrumento de presión y, al mismo tiempo, a conceder alivios selectivos cuando obtiene compromisos que considera estratégicos.

Para la industria mexicana, esto representa un riesgo concreto. Si Canadá obtiene mejores condiciones para sus exportaciones de automóviles, acero y aluminio, México podría enfrentar una desventaja relativa en el mercado estadounidense, incluso cuando sus productos cumplan con las reglas de origen del T-MEC.

La competencia ya no se limita a costos de producción, logística o productividad. Ahora también depende de quién consigue mejores condiciones políticas y comerciales en Washington.

La negociación mexicana enfrenta una prueba mayor

La Secretaría de Economía tendrá que demostrar que los meses de diálogo con Estados Unidos pueden traducirse en resultados equivalentes o superiores a los obtenidos por Ottawa.

México ha optado por una estrategia distinta a la canadiense. Mientras el gobierno de Mark Carney elevó durante meses el tono frente a Washington, la presidenta Claudia Sheinbaum privilegió la negociación directa, evitó una escalada de represalias y mantuvo abiertos los canales diplomáticos y comerciales.

Esta estrategia permitió preservar una relación estable con Estados Unidos, pero ahora enfrenta una pregunta inevitable: ¿la prudencia negociadora será suficiente para obtener beneficios concretos?

Durante mayo, junio y julio se desarrollaron varias rondas de conversaciones bilaterales entre México y Estados Unidos. Sin embargo, el alivio para sectores como el automotriz, el siderúrgico y el aluminio ha sido limitado, mientras permanecen vigentes medidas arancelarias específicas.

El escenario obliga a México a acelerar resultados antes de que la revisión del T-MEC entre en una etapa todavía más exigente.

China se convierte en una pieza central

Otro elemento que complica la posición mexicana es la presión estadounidense para contener la entrada de productos e insumos asiáticos a través de Norteamérica.

Washington busca que México fortalezca los controles sobre mercancías procedentes de China y que adopte medidas arancelarias similares a las aplicadas por Estados Unidos a determinados productos bajo la Sección 232.

México ya ha elevado algunos aranceles a mercancías provenientes de Asia, particularmente en sectores sensibles. Pero aceptar mayores restricciones tendría un costo económico: buena parte de la industria manufacturera mexicana depende de insumos importados para mantener cadenas productivas competitivas.

El dilema es delicado. México necesita evitar que China utilice el territorio nacional como plataforma de acceso al mercado estadounidense, pero también debe impedir que las medidas para contener a Beijing encarezcan sus propios procesos industriales.

Automotriz y acero, en el centro de la presión

La industria automotriz es particularmente vulnerable. México no sólo compite con Canadá por inversiones y exportaciones hacia Estados Unidos; ambos países forman parte de una misma cadena productiva norteamericana.

Si las empresas instaladas en Canadá obtienen condiciones arancelarias más favorables, las decisiones futuras de inversión podrían comenzar a considerar ese diferencial como un factor adicional.

Lo mismo ocurre con el acero y el aluminio. Un tratamiento desigual puede alterar costos, márgenes y flujos comerciales en sectores que son fundamentales para la manufactura mexicana.

Por eso, el acuerdo preliminar entre Washington y Ottawa debe leerse menos como una victoria canadiense aislada y más como una señal de que Estados Unidos está negociando el nuevo mapa comercial de Norteamérica país por país.

México necesita convertir negociación en resultados

El gobierno mexicano todavía conserva una ventaja importante: la profunda integración de las cadenas productivas de México y Estados Unidos. La industria estadounidense depende de componentes, manufacturas y suministros provenientes de territorio mexicano, y romper esa integración también tendría costos para las empresas y consumidores estadounidenses.

Además, México mantiene como argumento central el cumplimiento de las reglas de origen del T-MEC. De acuerdo con las autoridades mexicanas, alrededor de 85% de las exportaciones hacia Estados Unidos continúan ingresando libres de aranceles bajo el acuerdo comercial.

Pero ese beneficio no elimina el problema de los sectores sujetos a tarifas específicas. Precisamente ahí se concentra la presión económica y política.

El acuerdo entre Canadá y Estados Unidos no significa que México haya perdido la negociación. Sí significa que el margen de error se redujo.

Después de meses de conversaciones, Washington y Ottawa parecen haber encontrado rápidamente una fórmula provisional que protege sectores estratégicos canadienses. México tendrá ahora que demostrar que su estrategia de diálogo puede producir un resultado semejante sin sacrificar competitividad, inversiones ni autonomía económica.

La revisión del T-MEC dejó de ser únicamente una discusión sobre aranceles. Se está convirtiendo en una disputa por inversiones, cadenas de suministro, acceso al mercado estadounidense y posicionamiento frente a China.

Y en ese nuevo tablero, Canadá acaba de mover primero.

1 Comentario

  • Avatar Raúl Fernández dice:

    El superávit comercial de México respecto de Estados Unidos supera ya los 100 mil MDD tan sólo en el 1er semestre de 2026. Esta situación es y será también un factor de presión para nuestro país en las negociaciones.

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