Sonora Power por Demian Duarte
Ciudad de México.- Han transcurrido cinco semanas de contienda interna en Morena y las cosas siguen prácticamente igual respecto a la nominación de quien encabezará la Coordinación de la Defensa de la Transformación en Sonora.
Es decir, seis perfiles se disputan la candidatura y, aunque tratan de convencernos de que hay piso parejo y de que cualquiera puede ser nominado para contender por la gubernatura del estado, la realidad es que hay un puntero: Javier Lamarque Cano; dos retadoras, Celida López Cárdenas y Lorenia Valles Sampedro, y otros tres perfiles que buscan crecer y posicionarse a partir de tener un buen papel en esta contienda. Usted ya sabe: María Dolores del Río, Omar del Valle Colosio y Froylán Gámez Gamboa andan en campaña, no necesariamente para lograr la nominación a la gubernatura.
Lo interesante es que el movimiento en el que participan es tan amplio y generoso que bien pueden salir de ahí candidatos a diputaciones federales y a la alcaldía de Hermosillo.
El hecho es que, en estas cinco semanas, hemos conocido sus argumentos y posiciones. Hemos visto crecer a Celida López, al grado de disputar ya la posición de puntera en las encuestas y convertirse en el perfil mejor posicionado entre las mujeres aspirantes.
Hemos entendido que Javier Lamarque es el perfil mejor calificado por su trayectoria política, experiencia de gobierno, honestidad y pertenencia al movimiento que busca representar.
Y aunque lo niegue cada vez que se le pregunta, hemos visto que Lorenia Valles es muy respaldada por la estructura del gobierno que encabeza Alfonso Durazo, quien, a todas luces, la prefiere a ella como relevo en 2027 antes que a Lamarque.
No es ningún misterio, ni asunto de ciencia nuclear, entender la sucesión en Sonora. Alfonso Durazo quiere dejar a una sucesora que le responda a él y que, al final de cuentas, represente la continuidad de su proyecto de gobierno. Esto implica que el grupo político que ha venido conformando se mantenga en posiciones de primera línea, además de cuidar su legado y sus espaldas.
Es la lógica eterna de cualquier gobierno y de todo político que haya acumulado una buena dote de poder.
El temor es que Javier Lamarque, al llegar a gobernador, pueda romper algunas inercias, incorporar a su grupo político, marginar al de Durazo y radicalizar el proceso de transformación.
Creo que, de esos escenarios, el que realmente se asoma es el de la profundización de la transformación. Lamarque es un hombre de izquierda, fundador del Movimiento de Regeneración Nacional junto al expresidente Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum. En pocas palabras, es el perfil que podría darle a Sonora ese enfoque de transformación social que ha quedado pendiente durante décadas.
Creo que Alfonso Durazo ha hecho un gran trabajo y ha construido, en estos casi cinco años, cimientos extraordinarios. Logró recuperar la vocación de liderazgo de Sonora, sacar a más de medio millón de sonorenses de la pobreza y pacificar al estado.
Además, está el logro de propiciar el afamado relevo generacional en la clase política, pero también de impulsar a una nueva generación de sonorenses que podrán tomar el control y marcar el rumbo del estado para enfrentar los retos del presente y del futuro. Y eso lo ha hecho apostando por la educación.
Esos avances no los borrará quien le suceda; al contrario, serán remarcados y darán pie a la construcción de un Sonora distinto, justamente al que llamaremos el segundo piso de la transformación.
A fin de mes se sabrá si tengo o no la razón.
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