Así lo dice La Mont
Origen: Entre las selecciones de fútbol de México y Ecuador existe una historia competitiva que remite a junio de 1993, cuando ambas escuadras se enfrentaron en la sexta edición de la Copa América, torneo al que fueron invitados por primera vez México y Estados Unidos.
En aquella competencia, el representativo mexicano alcanzó una actuación sobresaliente al proclamarse subcampeón del certamen, tras caer en la final ante Argentina por marcador de 2-1. Antes de disputar el encuentro decisivo, México derrotó a Ecuador por 2-0 y consiguió una victoria histórica en el Estadio Olímpico Atahualpa, resultado que ni siquiera el entonces director técnico nacional, Miguel Mejía Barón, consideraba probable.
Sin embargo, una vez instalada en la final, la escuadra mexicana no logró concretar la hazaña frente a la bicampeona Argentina. Aquel episodio dejó abierta la posibilidad de fortalecer al fútbol mexicano con el espíritu competitivo que marcó la Copa América de 1993.
Ese antecedente cobra vigencia este martes, cuando México y Ecuador vuelvan a encontrarse en un duelo que trasciende lo deportivo. Ambos países son encabezados por mandatarios que mantienen posiciones distintas frente a diversos organismos internacionales: la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, quien ha mantenido una estrecha relación con Washington y el presidente Donald Trump.
Coyuntura: El crucial encuentro futbolístico se desarrolla en medio de una relación bilateral deteriorada y marcada por profundas diferencias diplomáticas. El punto de quiebre ocurrió en abril de 2024, cuando fuerzas ecuatorianas irrumpieron en la Embajada de México en Quito para detener al exvicepresidente Jorge Glas. El hecho provocó la ruptura de relaciones entre ambas naciones y una crisis diplomática que sigue sin resolverse plenamente.
Aunque el episodio ocurrió durante el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, sus consecuencias continúan vigentes. México presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia al considerar que Ecuador violó la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. Por su parte, Ecuador respondió con una contrademanda y sostuvo, a través del presidente Daniel Noboa, que México intervino en asuntos que corresponden exclusivamente a la soberanía ecuatoriana.
En ese contexto, el interés por el enfrentamiento entre ambas selecciones adquiere una dimensión adicional. Ecuador llega con la moral en alto después de sorprender al mundo futbolístico al derrotar 2-1 a Alemania, una de las potencias históricas del balompié internacional. Los teutones, acostumbrados a imponerse con autoridad sobre grandes rivales, aún cargan con el recuerdo de aquella histórica goleada de 7-1 sobre Brasil en el Mundial de 2014.
La selección ecuatoriana arriba con la consigna de su presidente, Daniel Noboa, de superar al conjunto mexicano. Del otro lado, el Tricolor presume tres victorias consecutivas, ninguna anotación recibida y el respaldo incondicional de una afición que espera verlo avanzar a los octavos de final.
El célebre “Pato” sostiene que México se impondrá por la mínima diferencia. Los especialistas coinciden en que será un encuentro de pronóstico reservado, donde el apoyo de la afición mexicana podría convertirse en un factor determinante para que el conjunto nacional avance a la siguiente ronda.
Más allá del resultado deportivo, el partido representa una especie de prolongación simbólica de las diferencias políticas entre Quito y la Ciudad de México. Lo que durante los últimos años protagonizaron los presidentes Daniel Noboa, Andrés Manuel López Obrador y, posteriormente, Claudia Sheinbaum, ahora se trasladará al césped. Ahí, once jugadores por cada nación tendrán la última palabra para definir cuál de las dos selecciones prevalece en esta nueva edición de la diplomacia del balón.
Por: Federico Lamont