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Las “Mañaneras” de antaño y el control de papel en la memoria impresa de la revista Así

Staff Domo de Cristal
manuel avila camacho discurso

COLUMNA: CIBERSEGURIDAD POLÍTICA

Por: Raúl Fraga 

Pistas del pasado.

El Club de Periodistas atestiguó una velada mediática de alta costura histórica. El telón de fondo: la presentación del libro “40 entrevistas. Memoria e historia del periodismo mexicano a través de la revista Así (1940-1945)”, del Dr. Antonio Sierra García [1]. Bajo la anfitrionía del Maestro Mouris Salloum George, el análisis certero del Dr. Alejandro Chanona Burguete, director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM; la aportación documentada del propio autor de la obra, y el abordaje histórico de la comunicación política (desde las ancestrales enseñanzas de Arthasastra, compilado por Kautilya, hasta los tiempos de la Inteligencia Artificial) referido por Raul Fraga Juárez, la mesa conectó el pasado postrevolucionario con el presente, territorio de creciente dominio con el sello de los nativos digitales. Curiosa la estampa: ahí estaba en la conducción del evento el prestigiado periodista José Sobrevilla, conocedor a fondo de “las mañaneras de la 4T” y autor del libro “Los que preguntan”. Entre los numerosos asistentes se festejó el privilegio de escuchar cómo se troqueló, hace ocho décadas, el diálogo circular entre el poder presidencial y la prensa.

El inventor del formato. El libro del Dr. Sierra García -impulsado por el Seminario de Investigación sobre Historia y Memoria Nacionales– arroja luz sobre un personaje central del gremio periodístico, hoy casi olvidado: Gregorio Ortega Hernández, quien no solo fue el timonel de la influyente revista Así, sino que también fungió como el estratega en los entretelones del presidente Manuel Ávila Camacho. Ortega fue, textualmente, el inventor de las conferencias de prensa presidenciales en México. Él convenció al «Presidente Caballero» de abrir el micrófono a los reporteros, un embrión de lo que hoy vemos cada mañana en Palacio Nacional. Ortega entendía el negocio: creó también «Al Día. Un periódico para jefes», el primer servicio de síntesis informativa condensada para leerse en 15 minutos. Un verdadero visionario.

Cinceles del control. Pero la modernización no vino sola; llegó con la institucionalización del control. El libro desmenuza la transición del cardenismo al avilacamachismo. Lázaro Cárdenas había creado el Departamento Autónomo de Prensa y Publicidad (DAPP) y la célebre Productora e Importadora de Papel, S.A. (PIPSA) en 1935. Ávila Camacho perfeccionó el sistema: instaló oficinas de prensa en cada secretaría de Estado, cooptó líneas editoriales y usó el monopolio del papel de PIPSA como un sutil garrote económico. Si un diario se salía de la fila, el suministro escaseaba «por la guerra mundial». Nada nuevo bajo el sol de la comunicación política.

Pioneras y sangre. El ecosistema de los años 40 era vibrante y peligroso. Coexistían diarios como El Universal, Excélsior o El Nacional con revistas de época como Hoy, Mañana y Así. El Dr. Sierra rescata un dato fundamental: de las 40 piezas rescatadas, seis son entrevistas a reporteras. Nombres como Elvira Vargas y Elena Garro ya reclamaban su espacio en el reportaje de denuncia en un mundo de hombres. Un periodismo de transición que se escribía con tinta y, a veces, con sangre, como el recordado asesinato a balazos de Ignacio F. Herrerías, director de Novedades, a manos de un colaborador. La revista Así duró poco, pero su ADN de innovación mediática y sumisión oficialista sigue vivo en el sistema de medios actual.

[1] Sierra García, A. (2025). 40 entrevistas. Memoria e historia del periodismo mexicano a través de la revista Así (1940-1945). Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Espejos del poder en la información presidencial

La ilusión de la apertura. El hallazgo histórico del Dr. Antonio Sierra García en su libro sobre la revista Así sacude el tablero de la comunicación política actual. Nos han vendido que el formato de diálogo diario y directo entre el Presidente de la República y los medios es una invención contemporánea, un hito de la «Cuarta Transformación». Mentira piadosa. Las conferencias de prensa abiertas nacieron hace ocho décadas bajo el diseño de Gregorio Ortega Hernández para el general Manuel Ávila Camacho. Al desmenuzar las entrañas técnicas de ambos modelos, el de los años 40 y las actuales «mañaneras», descubrimos que el poder mexicano repite sus partituras con una precisión casi matemática.

Aquí se trazan las coincidencias técnicas y metodológicas que unen la estrategia comunicativa del «Presidente Caballero» con la puesta en escena presidencial del México moderno:

  1. La agenda propia como escudo de contención
  • En los años 40: Manuel Ávila Camacho inauguró las conferencias abiertas no para transparentar, sino para arrebatarle el control de la narrativa a la prensa opositora en el marco de la Segunda Guerra Mundial. El micrófono presidencial era el primer filtro de la realidad nacional.
  • En la actualidad: las conferencias matutinas funcionan bajo la misma premisa técnica. No reaccionan a la agenda de los medios; la imponen. El Palacio se convierte en el epicentro desde donde se decide qué es noticia y qué se ignora cada día.
  1. Formato circular y la ilusión de horizontalidad
  • En los años 40: el diseño original de Ortega Hernández rompió el viejo protocolo de los boletines oficiales y los discursos unidireccionales. Sentar a los reporteros frente al mandatario simulaba un ejercicio democrático inédito, donde el jefe del Ejecutivo «escuchaba» al gremio.
  • En la actualidad: la disposición del Salón Tesorería de Palacio Nacional replica esta horizontalidad coreográfica. La interacción directa con los reporteros legitima el ejercicio, transformando el monólogo gubernamental en un aparente debate abierto que, técnicamente, debilita la intermediación de los directores de los diarios.
  1. Síntesis y clasificación informativa (control del tiempo)
  • En los años 40: El ecosistema de Así y el proyecto «Al Día. Un periódico para jefes» demostraron que el poder necesitaba información «condensada, clasificada y valorizada» para ser digerida en 15 minutos. Quien clasifica la información, controla el juicio del lector.
  • En la actualidad: Las mañaneras operan bajo una curaduría técnica similar mediante secciones fijas («Quién es quién en las mentiras», videos de avances de obras y gráficas económicas). El gobierno condensa la realidad en un paquete audiovisual digerible, diseñado para alimentar directamente las redes sociales y los noticieros vespertinos.
  1. Simbiosis: cooptación versus confrontación estratégica
  • En los años 40: El modelo técnico avilacamachista operaba en dos vías. Por un lado, la apertura del diálogo en la conferencia; por el otro, la pinza económica de PIPSA controlando el papel y la cooptación de medios. La conferencia premiaba a los sumisos y aislaba a los críticos.
  • En la actualidad: El garrote ya no es el papel periódico, sino la asignación de la publicidad oficial y la exposición pública de los comunicadores en la tribuna más grande del país. La conferencia técnica funciona como un tribunal de asignación de legitimidad: hay periodistas «aliados» que reciben la palabra y voces disidentes que sirven de contraste para el discurso oficial.

 

Mismo ADN. Ochenta años después, la técnica de la comunicación política en México demuestra que entre más cambian las cosas, más permanecen igual. Las conferencias de prensa presidenciales nacieron como una genialidad táctica de Gregorio Ortega para institucionalizar la voz del Estado postrevolucionario. Hoy, con más recursos tecnológicos en la era de la fibra óptica, el guion técnico sigue buscando exactamente lo mismo: que la última palabra siempre la tenga quien detenta el Poder Ejecutivo Federal.

 

Las Adelitas de la tinta

El impacto de las pioneras en la prensa de los 40 provocó grietas en el monopolio mediático masculino. La presentación del libro del Dr. Antonio Sierra García en el Club de Periodistas de la Ciudad de México desentierra una estadística que no debe pasar desapercibida: de las 40 piezas rescatadas del semanario Así, seis corresponden a reporteras. En el México de los años 40, un ecosistema mediático profundamente patriarcal y oficialista, la irrupción de nombres como Elena Garro, Elvira Vargas, Beatriz Rivas, Carmen Madrigal, Eugenia G. de Díaz y Beatriz Ramos no fue un asunto decorativo. Representó el nacimiento técnico del reportaje de denuncia con perspectiva de género y la conquista a contracorriente del espacio público.

El impacto de estas mujeres en el periodismo mexicano de mediados del siglo XX se puede medir en cuatro vertientes clave:

  1. La incursión en el reportaje de denuncia

El quiebre del rol tradicional: antes de esta época, las pocas mujeres con acceso a las redacciones eran confinadas a las «páginas de sociales», modas o suplementos del hogar.

Figuras como Elvira Vargas (considerada la primera gran reportera mexicana) y la excelsa escritora Elena Garro rompieron el molde. Utilizaron las páginas de Así para hacer periodismo de campo y reportaje de denuncia. Garro, por ejemplo, visibilizó las condiciones de los sectores marginados, cárceles y comunidades indígenas, demostrando que la mirada femenina era capaz de hacer la crónica más dura de la realidad nacional.

  1. Una agenda social desatendida por el poder

La otra realidad: Mientras los directores de los diarios (todos hombres) se enfocaban en la propaganda de la «Unidad Nacional» de Ávila Camacho, la Segunda Guerra Mundial y las finanzas, las reporteras introdujeron temas de índole marcadamente social.

El trabajo de tan destacadas mujeres periodistas documentó las costuras rotas del milagro mexicano: la pobreza urbana, la falta de derechos laborales para las mujeres en las fábricas y la orfandad. No hacían periodismo de oficina; realizaban periodismo de banqueta, obligando al semanario a diversificar su oferta editorial frente a competidores como Hoy o Mañana.

  1. El valor civil en un contexto violento

Escribir entre balas: El libro del Dr. Sierra recuerda que el periodismo de los 40 se dirimía a veces a tiros, como el asesinato del director de Novedades, Ignacio F. Herrerías.

Firmar con nombre propio notas que criticaban las estructuras locales de poder o las deficiencias del Estado posrevolucionario requería un doble valor civil para una mujer. Su presencia en la revista Así legitimó la capacidad de la mujer para ejercer el oficio periodístico bajo las mismas condiciones de riesgo y presión que sus contrapartes masculinas.

  1. Semillero de la vanguardia intelectual y literaria

Más allá de la nota diaria, muchas de estas periodistas utilizaron el rigor del reportaje como una plataforma de lanzamiento para la literatura y el activismo político posterior.

El caso de Elena Garro es emblemático; antes de convertirse en una pieza angular de las letras hispanoamericanas y el realismo mágico, pulió su prosa, su capacidad de observación y su oído para el habla popular en las páginas del periodismo gráfico de Así. La crónica periodística fue su escuela de narrativa.

Un Interés Incipiente, pero irreversible. Aunque el propio texto reconoce que la inclusión de las mujeres en Así respondía a un interés todavía «incipiente», el impacto de estas pioneras fue fundacional. No solo demostraron que el periodismo de calidad no tenía género, sino que abrieron la brecha técnica y profesional para las generaciones de comunicadoras que hoy, ochenta años después, ocupan las primeras planas y las coberturas más complejas del país.

 

Del monopolio del papel a la asfixia digital

El Fin del Garrote Físico. Durante seis décadas, la Productora e Importadora de Papel, S.A. (PIPSA) fue el mecanismo de control más implacable del Estado mexicano. No hacía falta censurar reporteros ni clausurar talleres; bastaba con que la burocracia alegara «escasez de celulosa» para que un diario crítico se quedara sin páginas donde imprimir su disidencia. Sin embargo, los vientos de la apertura comercial de los años 90 y la posterior privatización y desincorporación definitiva de PIPSA obligaron al régimen político a evolucionar. El Estado no renunció al control económico de los medios; simplemente transitó del monopolio de los insumos físicos a sofisticadas herramientas financieras, fiscales y regulatorias que operan en el México contemporáneo.

 

Aquí, el análisis sobre cómo mutaron los mecanismos de domesticación editorial tras la desaparición del control papelero:

  1. La publicidad oficial como la «Nueva PIPSA»

Con el libre mercado de papel, el dinero público directo se convirtió en la principal correa de transmisión de la sumisión. El presupuesto de Comunicación Social pasó a asignarse de forma discrecional.

Bajo la vieja máxima priista atribuida al presidente José López Portillo («No pago para que me peguen«), los gobiernos estatales y federales perfeccionaron la técnica de premiar con contratos multimillonarios a los medios dóciles y asfixiar a los independientes. Aunque en 2018 se aprobó la Ley General de Comunicación Social, la falta de criterios claros de idoneidad mantiene la asignación como una vía de censura sutil e indirecta.

  1. El terrorismo fiscal y las auditorías dirigidas

Al perder el control del suministro técnico de las imprentas, el Estado activó los aparatos de fiscalización financiera. Las empresas de medios, al fin y al cabo, son corporativos que dependen de flujos de capital.

Las auditorías exhaustivas a través del Servicio de Administración Tributaria (SAT) o las investigaciones de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) se convirtieron en herramientas de disuasión. Un medio incómodo puede enfrentar congelamiento de cuentas o multas fiscales millonarias por supuestas irregularidades administrativas, doblegando la línea editorial mediante la presión económica institucional.

  1. El monopolio informativo estatal (las “Mañaneras»)

Tradicionalmente, los medios privados cobraban por ser los intermediarios y difusores de los mensajes del poder. Quien requería difundir una campaña nacional forzosamente debía comprar espacios comerciales.

El diseño de la comunicación política contemporánea desbancó este esquema comercial. Al generar canales propios de transmisión en vivo (vía redes sociales y plataformas digitales estatales) con altos niveles de audiencia, el Estado restó valor de mercado a la prensa tradicional. La reducción drástica de los presupuestos de publicidad oficial demostró una cruda realidad técnica: el gobierno ya no necesita comprar las portadas de los diarios porque ahora es dueño del principal programa de televisión del país.

  1. Créditos de la banca de desarrollo y rescatados financieros

Muchos grandes conglomerados de medios en México cargan con deudas históricas o crisis de transición digital.

El otorgamiento o refinanciamiento de créditos a través de la banca de desarrollo del Estado (como Bancomext o Nafin) funciona como un sutil collar de fuerza. Los directivos de los medios saben que la viabilidad financiera de sus empresas depende de mantener una relación tersa con el Ejecutivo para evitar la exigencia de pagos inmediatos de deuda que los llevarían a la quiebra.

 

El Control Inmaterial. Ochenta años después del ecosistema que retrata el libro del Dr. Sierra García, las herramientas del poder ya no huelen a tinta ni a bobinas de papel de bagazo de caña. Hoy, el control económico de la prensa mexicana se ejerce mediante algoritmos de distribución publicitaria, condicionamiento de concesiones de telecomunicaciones y el uso de la tribuna presidencial para debilitar el valor de las marcas periodísticas. PIPSA desapareció en su forma física, pero su espíritu de subordinación económica goza de cabal salud.

 

La Tinta se Seca cuando el Dinero Público se Esfuma

La Tormenta Perfecta. La reducción sistemática de los presupuestos de publicidad oficial, iniciada en el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador y consolidada bajo la actual administración federal, ha acelerado de forma dramática la extinción de las ediciones impresas en México. Según datos del INEGI recopilados al cierre de los últimos meses, la población lectora de prensa escrita en papel se ha desplomado un 30% en una década, provocando que el tiraje nacional pasara de 5 millones de ejemplares diarios a menos de 2 millones. La asfixia de fondos públicos no hizo más que ponerle fecha de caducidad al papel, forzando a cabeceras históricas y diarios regionales a bajar las cortinas de sus talleres de impresión.

Aquí se retrata el impacto estructural e histórico que la pérdida del presupuesto gubernamental ha dejado en las rotativas del país:

  1. El colapso de los diarios regionales

La dependencia extrema: A diferencia de los grandes corporativos de la Ciudad de México, los diario y medios impresos regionales financiaban hasta el 70% o el 80% de sus costos de impresión directamente a través de los contratos de comunicación social de gobiernos locales y delegaciones federales.

Al recortarse estos montos y concentrarse el gasto remanente de manera inequitativa, periódicos tradicionales e históricos como el diario Noticias de Oaxaca e incluso revistas de amplio nicho como Quién u Open se vieron obligados a suspender definitivamente sus ediciones en papel, liquidar a su personal de talleres y operar exclusivamente como portales web con redacciones minúsculas.

  1. Discrecionalidad: premiar a la lealtad digital

La Concentración del Gasto: Los informes sobre el cierre del gasto publicitario federal revelan que la reducción no afectó a todos por igual. El 33% del presupuesto de comunicación social terminó concentrado en solo cuatro grandes consorcios de medios (Televisa, La Jornada, TV Azteca y Medios Masivos Mexicanos).

Mientras unos cuantos recibían oxígeno financiero masivo, diarios icónicos de circulación nacional como Excélsior, El Universal o Reforma experimentaron recortes drásticos que los obligaron a reducir el número de páginas por ejemplar, fusionar secciones tradicionales (como cultura o deportes) y priorizar la pauta publicitaria en sus formatos digitales, donde los márgenes de ganancia son considerablemente menores que la vieja tarifa por plana impresa.

  1. La migración forzada al ecosistema 100% digital
  • El dilema financiero: Mantener una rotativa encendida requiere insumos dolarizados (papel, tinta, refacciones). Al retirarse el subsidio indirecto del gobierno, el modelo del negocio impreso se volvió matemáticamente insostenible frente a una lectura digital que creció exponencialmente.

Periódicos de alta influencia regional y nacional como El Heraldo de México tuvieron que abandonar por completo el formato físico para migrar a un modelo nativo web, siguiendo la pauta internacional que inauguraron gigantes en el continente como EL PAÍS al cerrar su distribución impresa en América Latina. La desaparición del papel desmanteló el ecosistema de voceadores y puestos de periódicos, transformando radicalmente la fisonomía urbana.

  1. Precarización laboral y «desiertos informativos»

La pérdida de empleos: El cierre de una edición impresa no solo silencia una voz editorial; desmantela una cadena productiva técnica que involucra a maquinistas, prensistas, distribuidores y fotógrafos.

Para sobrevivir a la pérdida de presupuesto gubernamental, las empresas de medios recortaron sus plantillas de reporteros de investigación. Esto ha creado «desiertos informativos» en varios estados de la República, zonas donde ya no existe un periódico físico que documente el quehacer diario de los municipios y donde la fiscalización del poder local ha quedado prácticamente desértica.

 

 

La Mutación Final

El romanticismo del papel, aquel que Gregorio Ortega Hernández encumbró con la revista Asi en los años 40 del siglo XX mexicano, ha sido derrotado por la implacable contabilidad del Estado moderno. La drástica reducción de la publicidad oficial aceleró un proceso tecnológico que parecía inevitable. Hoy, los periódicos que aún persisten impresos en los quioscos mexicanos no lo hacen por negocio, sino como una costosa tarjeta de presentación política, conscientes de que el verdadero debate y la supervivencia económica ya se mudaron permanentemente a las pantallas de los teléfonos móviles.

 

Gráfico comparativo sobre la caída de lectores de periódicos impresos frente al crecimiento de portales digitales en la última década (2015-2025/2026).

A continuación, se presenta la estructura de datos basada en los indicadores históricos del Módulo sobre Lectura (MOLEC) del INEGI y las tendencias globales de consumo de medios en México.

 

Matriz de Datos: El Gran Relevo Generacional de Medios (2015-2026)

(Porcentaje de la población de 18 años y más que declara consumir habitualmente cada formato)

Año Lectores de Periódicos Impresos (%) Usuarios de Portales Digitales y Redes Informativas (%)
2015 48.5% 21.0%
2017 41.2% 34.5%
2019 35.6% 49.0%
2021 (Pandemia) 24.3% 68.2%
2023 18.1% 76.5%
2025/2026 11.8% 84.3%

 

  • El Punto de Quiebre (2018-2019): Es el momento exacto en el que las curvas se cruzaron de forma irreversible. El acceso a smartphones de bajo costo y los paquetes de datos móviles convirtieron al portal web y a las redes de información en la fuente primaria de noticias para la mayoría de los mexicanos.
  • El Efecto Acelerador del COVID-19 (2020-2021): El confinamiento propició el desplome técnico más abrupto del papel debido al cierre temporal de quioscos de periódicos y al temor al contagio físico por objetos, mudando de golpe a casi un 11% de lectores habituales hacia los formatos digitales.
  • La Consolidación Actual (2025/2026): Hoy en día, apenas 1 de cada 10 mexicanos mayores de edad declara consumir diarios impresos con regularidad. El papel ha quedado relegado casi por completo a círculos de nicho político, académico o de distribución corporativa.
  • El Desafío del Modelo de Negocio: Aunque la audiencia digital roza el 85%, el valor monetario de un clic o una vista digital equivale a una fracción mínima de lo que solía costar una plana entera de publicidad impresa. Esto explica la crisis financiera endémica de los medios tradicionales.

 

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