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Dasvidaniya Zelensky (adiós Volodymyr)

Staff Domo de Cristal
Zelesky

Así lo dice La Mont

Interpretarlo: El perfil político de Volodymyr Zelensky transitó de la épica del héroe trágico hacia los terrenos de la controversia. Quien fue celebrado de manera casi unánime como el rostro de la resistencia frente a la invasión rusa, hoy enfrenta un severo desgaste institucional y de opinión pública, profundizado tras las declaraciones de su exvocera, Iuliia Mendel, en una entrevista concedida al conductor estadounidense Tucker Carlson.

A partir de ese testimonio, la figura de Zelensky es descrita no como la de un líder unificador, sino como la de un mandatario crecientemente aislado, autoritario y condicionado por un entorno hermético que concentró el poder en Kiev. La denuncia lo retrata como un gobernante implacable frente a la disidencia interna, cuya narrativa de resistencia civil contrasta con señalamientos de purgas políticas y de un férreo control gubernamental sobre medios de comunicación e instituciones del Estado ucraniano.

Ante este deterioro político, la posibilidad de una sustitución en el mando de Ucrania dejó de ser un tema tabú para convertirse en un escenario analizado en diversos círculos del poder internacional. Las Fuerzas Armadas ucranianas representan el único contrapeso real y organizado frente al aparato presidencial. Sin embargo, la posibilidad de que un general con inclinaciones cercanas a Moscú asuma el control del país mediante un movimiento de fuerza o una transición interna resulta, en la coyuntura actual, compleja y remota.

El nacionalismo institucionalizado dentro de las filas castrenses ucranianas hace prácticamente inviable que la cúpula militar acepte un liderazgo que plantee una capitulación o un alineamiento con el Kremlin. Cualquier eventual relevo militar buscaría, más bien, garantizar la continuidad de la defensa nacional, aunque con una estrategia política y administrativa distinta, alejando el fantasma de un régimen satélite de Rusia.

Viabilidad: La legitimidad de la permanencia de Zelensky en el cargo constituye otro de los puntos de mayor tensión constitucional de su gestión. Su mandato presidencial de cinco años concluyó formalmente en mayo de 2024; sin embargo, las elecciones no se realizaron debido a la vigencia de la ley marcial decretada tras la invasión de 2022. Esta parálisis democrática fue el eje de los señalamientos que Mendel expuso ante Carlson, al calificar la situación actual de Ucrania como una “dictadura de facto”, donde los mecanismos de control constitucional habrían sido desmantelados.

La exvocera sostuvo que el aplazamiento indefinido de los comicios sirve para perpetuar en el poder a una élite gubernamental que opera sin rendición de cuentas, acusando directamente al entorno presidencial de perseguir adversarios políticos y sofocar cualquier intento de debate sobre la estrategia de guerra.

Mantener este aparato político y militar depende, en gran medida, de un flujo financiero sin precedentes. Para sostener el esfuerzo bélico frente a Rusia, el gobierno de Zelensky ha recibido de manera acumulada más de 180 mil millones de dólares por parte de los Estados Unidos, además de más de 160 mil millones de dólares provenientes de la Unión Europea y de sus instituciones financieras, mediante paquetes de asistencia militar, económica y humanitaria.

Aunque parte importante de esos recursos se ejerce directamente en la industria de defensa occidental para la fabricación y envío de armamento, el volumen de fondos auditados y transferidos a Kiev propició intensas revisiones y fuertes disputas en los congresos aliados, donde sectores opositores cuestionan la transparencia y el destino final de los recursos en un país históricamente señalado por problemas de corrupción estructural.

Iniciativa: Desde la acera opuesta, el presidente ruso Vladimir Putin mantiene una postura inamovible y despectiva respecto a Zelensky, negándose de forma sistemática a reconocerlo como un interlocutor válido para una negociación de paz definitiva. Putin sostiene públicamente que Zelensky carece de legitimidad democrática tras el vencimiento de su periodo constitucional y argumenta que el líder ucraniano actúa como un administrador subordinado a los intereses de Occidente para desgastar las capacidades geopolíticas de Rusia.

Para el mandatario ruso, la figura del presidente ucraniano simboliza la consolidación de un régimen hostil y radicalizado que sacrificó la neutralidad de su nación en función de los intereses estratégicos de la OTAN, anulando así cualquier posibilidad de entendimiento directo entre ambas administraciones.

Por: Federico Lamont 

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