
La llamada “reforma a la reforma judicial” impulsada por Morena y el gobierno federal confirma algo que ya resulta difícil de negar: la primera reforma judicial no logró convencer técnica, operativa ni institucionalmente.
Ahora, incluso el propio Instituto Nacional Electoral pidió aplazar la elección judicial hasta 2028 para evitar un “colapso” operativo. Eso implica algo políticamente muy fuerte: el propio sistema reconoce implícitamente que la reforma original nació con fallas graves de diseño, improvisación y exceso de velocidad política.
Y aun así, la llamada reforma 2.0 parece más un remiendo rápido que una reconstrucción seria del sistema judicial mexicano.
La discusión pública se concentró durante meses en:
Pero casi nadie discutió lo verdaderamente importante:
En pleno 2026, gran parte del sistema judicial sigue funcionando bajo una lógica burocrática de hace más de cincuenta años. México sigue atrapado en esquemas propios de los años setenta en materia judicial, salvo algunos avances federales y locales en línea:
Y eso tiene un enorme costo económico y social.
¿Por qué no se moderniza realmente el sistema judicial?
Porque hacerlo implicaría tocar estructuras profundamente arraigadas:
La verdadera reforma judicial requería reducir drásticamente el peso del trámite físico y burocrático. Pero ahí apareció la resistencia real.
La reforma no tocó el problema central. México sigue sin discutir seriamente:
En México, abogados, partes, empresas y ciudadanos sí enfrentan:
Pero el aparato judicial prácticamente no enfrenta consecuencias reales por:
La dilación sigue siendo gratis.
Y ahí está uno de los mayores fracasos estructurales del sistema mexicano. Hoy prácticamente no existen consecuencias reales por:
La gran debilidad histórica del sistema mexicano no es emitir resoluciones. Es ejecutarlas.
Y por eso hoy, muchas veces, resulta más difícil ejecutar una sentencia firme que obtenerla.
En la práctica, el sistema termina generando más espacio para:
que para impartir justicia pronta y efectiva.
El Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares prometía:
Pero sigue avanzando lentamente y sin verdadera implementación integral.
Todavía no existe:
México mantiene miles de asuntos mercantiles, civiles, laborales e hipotecarios con:
sin ejecución efectiva.
Y aun así no existe una estrategia nacional seria para abatir:
La nueva estructura creó además un Tribunal de Disciplina Judicial que, hasta ahora, genera más dudas que confianza.
No queda claro:
Y ahí aparece otro problema delicado: muchos jueces saben que las quejas administrativas rara vez generan consecuencias reales mientras políticamente permanezcan alineados con el sistema que los sostiene.
En muchos órganos jurisdiccionales prevalece:
Especialmente en muchos tribunales locales, aunque cada vez más también en federales.
Durante años, los tribunales federales fueron vistos como el nivel técnico más sólido del sistema.
Hoy esa percepción se deteriora rápidamente. Cada vez se observan más:
Y eso es particularmente grave porque el sistema federal antes funcionaba como contrapeso técnico frente a muchas deficiencias locales.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación atraviesa además un problema creciente de percepción pública.
La discusión gira cada vez más alrededor de:
y menos sobre:
La legitimidad de una Corte no se construye con exposición mediática, sino con calidad jurisprudencial y prudencia institucional.
Es increíble que en el fútbol profesional se sancione y exhiba públicamente a los árbitros por sus fallas, incluso con suspensiones o castigos. En el mundo de la justicia mexicana eso prácticamente no existe.
Y aquí aparece otra contradicción importante.
El Congreso impulsa reformas judiciales en fast track mientras:
Todo ello pese a que ambas cámaras destinan miles de millones de pesos a operación legislativa y cientos de millones anuales a estructuras de asesoría parlamentaria, centros de estudios, consultorías y apoyo técnico.
La pregunta inevitable es: ¿dónde quedó el análisis profundo de la reforma judicial antes de aprobarla aceleradamente?
La velocidad de las reformas parece obedecer más a:
que a una reflexión profunda sobre lo que realmente necesita la justicia mexicana.
Y esa deuda no es únicamente con un grupo político. Es con:
México intentó transformar políticamente al Poder Judicial sin resolver primero sus problemas estructurales:
Ese es el verdadero fracaso.
La justicia no mejora con reformas rápidas ni con narrativa política permanente. Mejora cuando resuelve, ejecuta y genera confianza.
Mientras el sistema siga protegiendo más la burocracia y el formalismo que al justiciable, el Estado de derecho seguirá debilitándose.
Porque, al final, la verdadera reforma judicial no era elegir jueces: era modernizar integralmente la impartición de justicia mexicana.
Mario Sandoval
CEO de FISAN SOFOM ENR.
Banquero y abogado especializado en recuperación de activos financieros, con más de 30 años de experiencia profesional a nivel directivo.
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