
Por Jorge Manrique, Rector del Colegio Jurista y director general de Gobierno de Calidad, consultoría de políticas públicas
La idea de que la reforma a la Ley de Amparo “pulverizó” el Estado de derecho es una exageración política, no un diagnóstico jurídico.
Las fuentes muestran que el amparo sigue existiendo, sigue siendo el principal mecanismo de control constitucional y continúa protegiendo derechos humanos, aunque con nuevos requisitos y ajustes procedimentales —como la incorporación obligatoria de la apariencia del buen derecho para suspensiones— . Esto endurece su operación, pero no lo eliminan.
Además, el amparo continúa siendo reconocido como el instrumento central del sistema de control constitucional mexicano y un mecanismo dinámico de protección frente a abusos de autoridad.
A partir de este contexto, estudiar Derecho en México no solo vigente, sino estratégicamente relevante. Aquí tienes siete razones, cada una anclada en realidades jurídicas actuales.
El juicio de amparo continúa siendo el medio más eficaz para frenar actos arbitrarios, revisar la constitucionalidad de decisiones públicas y restituir derechos vulnerados. Su función protectora permanece intacta, incluso tras la reforma de 2025, que no lo elimina sino que modifica criterios de análisis como la suspensión y la apariencia del buen derecho.
Las reformas recientes —incluidas las que endurecen requisitos procesales— incrementan la necesidad de abogados capaces de litigar con rigor técnico, interpretar criterios jurisprudenciales y defender derechos en escenarios más complejos. El Derecho no se debilita: se vuelve más exigente.
El amparo continúa siendo el mecanismo central para proteger derechos humanos frente a omisiones, abusos, violencia institucional, despojos, violaciones al debido proceso y más. La demanda social por defensoras y defensores preparados no disminuye: crece.
Reformas como la de 2025 obligan a nuevas interpretaciones, nuevos criterios y nuevas estrategias procesales. Esto convierte al Derecho en un campo vivo, donde quienes estudian hoy participan directamente en la evolución del sistema jurídico.
Aun con límites a la participación de organizaciones civiles en amparos colectivos, la litigación estratégica individual y especializada sigue siendo un motor de cambio social. Los casos emblemáticos continúan transformando políticas públicas y criterios judiciales.
Además del litigio, el Derecho abre puertas en consultoría pública y privada, organismos internacionales, derechos humanos, compliance, arbitraje, investigación jurídica, diseño normativo y políticas públicas. En un país con reformas constantes, estas áreas están en plena expansión.
El Derecho no solo forma litigantes: forma guardianes del orden constitucional, analistas de políticas públicas, defensoras de víctimas, especialistas en memoria y justicia, y voces capaces de cuestionar narrativas que buscan simplificar o distorsionar la realidad jurídica.
En suma, estudiar Derecho en México sigue siendo relevante porque el sistema jurídico no ha desaparecido, sino que se ha vuelto más complejo y exige profesionales capaces de navegarlo, defenderlo y transformarlo. El amparo sigue vivo, el control constitucional sigue funcionando y la necesidad de juristas críticos es mayor que nunca.
Domo de Cristal
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