
Así lo dice La Mont
Revelaciones: La historia de las relaciones de seguridad entre México y Estados Unidos no puede entenderse sin descifrar el papel que la Agencia Central de Inteligencia, Central Intelligence Agency (CIA), ha desempeñado en el diseño de la política interna mexicana. Durante las décadas más álgidas de la Guerra Fría, la penetración de la agencia estadounidense en las estructuras del poder público en México alcanzó niveles de profunda cooptación. Los casos de los expresidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, junto con otros secretarios de Gobernación de la época, revelan una red de espionaje y colaboración que subordinó decisiones soberanas a los intereses de Washington bajo el código LITEMPO. Este programa secreto de la CIA no solo reclutó a los hombres más poderosos del aparato de seguridad del Estado mexicano, sino que los convirtió en informantes clave. La paradoja histórica radica en que, mientras el discurso oficial del nacionalismo revolucionario exaltaba la soberanía y la autodeterminación frente al imperialismo, en los círculos privados se compartían reportes de inteligencia sensibles, permitiendo que la CIA influyera de manera directa en la represión interna y en la contención de cualquier atisbo de disidencia política alineada con el bloque soviético o cubano.
Prioridad: Este control político se tradujo en una violenta operatividad militar y de inteligencia durante las décadas posteriores. En los años ochenta y noventa, el gran enemigo a vencer para la CIA en territorio mexicano fueron los movimientos de izquierda radical y las organizaciones guerrilleras, entre ellas la Liga Comunista 23 de Septiembre, el Partido de los Pobres y, posteriormente, el surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. El papel de la agencia estadounidense consistió en proveer entrenamiento en contrainsurgencia, transferencia de tecnología de escucha, asesoramiento táctico y financiamiento encubierto a la Dirección Federal de Seguridad y a las fuerzas armadas mexicanas para desmantelar estas células. La prioridad era evitar la consolidación de un foco revolucionario en la frontera sur de Estados Unidos. Sin embargo, con el fin de la Guerra Fría y la disolución de los grupos guerrilleros tradicionales, el enfoque de la CIA sufrió una mutación radical. El antiguo aparato contrainsurgente se reconfiguró para enfrentar al narcotráfico y a las organizaciones criminales transnacionales, que dejaron de ser consideradas únicamente un problema delictivo para convertirse en amenazas directas a la seguridad nacional de la región. Así, los antiguos métodos de persecución ideológica evolucionaron hacia estrategias de interdicción de cargamentos y desarticulación de redes financieras ligadas a los cárteles de la droga.
Argumentos: En el escenario contemporáneo, esta evolución ha alcanzado un nuevo punto de tensión bajo el gobierno de Donald Trump, quien ha colocado la mirada de la inteligencia estadounidense firmemente sobre la frontera sur. El actual director de la CIA nombrado por el mandatario, John Ratcliffe, representa la línea más dura de esta doctrina de seguridad. Ratcliffe, conocido por su perfil combativo y su lealtad a la visión geopolítica de la Casa Blanca, mantiene una postura particularmente estricta respecto a las organizaciones del narcotráfico en México. El jefe de la inteligencia norteamericana concibe a los cárteles mexicanos no como simples bandas criminales, sino como corporaciones criminales con capacidades paramilitares que amenazan la estabilidad del hemisferio occidental. Ratcliffe ha argumentado de manera sistemática que el flujo industrial de drogas sintéticas hacia territorio estadounidense constituye una agresión deliberada que requiere una respuesta de inteligencia agresiva, desprovista de restricciones diplomáticas convencionales y enfocada en la neutralización de liderazgos criminales mediante operaciones encubiertas de alta intensidad.
Binacional: Esta visión de la CIA se alinea con las directrices estratégicas dictadas desde la Casa Blanca. La prioridad absoluta de Donald Trump en la lucha contra el crimen organizado transnacional es la destrucción total de los cárteles de la droga mediante una política de asfixia logística e intervención directa, si fuese necesario. A través de la Estrategia Antiterrorista y de la Estrategia Nacional de Control de Drogas, la administración estadounidense ha catalogado formalmente a las principales mafias de la droga en México como Organizaciones Terroristas Extranjeras y Terroristas Globales Especialmente Designados. El objetivo prioritario de Washington no se limita a coordinar esfuerzos binacionales tradicionales, sino que busca el desmantelamiento absoluto de los canales de financiamiento, la interceptación marítima y terrestre mediante el uso de la fuerza militar y el combate frontal a la denominada “narcopolítica”, persiguiendo judicialmente a funcionarios extranjeros corruptos que faciliten el libre tránsito de sustancias ilícitas como el fentanilo y las metanfetaminas. Para la Casa Blanca, la soberanía territorial pasa a un segundo plano cuando se argumenta la necesidad de proteger la seguridad nacional frente a una amenaza que consideran existencial y letal.
Domo de Cristal
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