
Sonora Power por Demian Duarte
El papel de Ariadna Montiel Reyes al frente de Morena será muy interesante. La nueva dirigente llega al partido guinda con una agenda de limpieza y purificación, pero también con el objetivo de poner a punto una estructura enorme que comenzaba a verse rebasada y, por momentos, anquilosada.
Esto surge a partir de la idea de la dirigencia anterior, encabezada por Luisa María Alcalde, de que solo mediante alianzas con el PT y el PVEM se podría transitar hacia 2027.
Esas alianzas pueden, en algunos escenarios, ayudar; quizá permitan cerrar brechas en contiendas muy competidas. Sin embargo, en la práctica, su mayor utilidad fue alcanzar la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y en el Senado durante la primera mitad del sexenio de Claudia Sheinbaum Pardo.
El problema es que las dirigencias del PT y del PVEM, por alguna razón, se han asumido como indispensables y hoy se muestran envalentonadas, afirmando ante quien quiera escucharlas que pueden competir solas y que cuentan con el favor del electorado.
Habría que preguntarse dónde están midiendo esa fortaleza, porque actualmente buscan negociar candidaturas a gubernaturas, alcaldías y diputaciones, planteando exigencias que resultan, en muchos casos, desproporcionadas.
Lo cierto es que, en conjunto, PT y PVEM no representan ni el 5% de la votación, y para Morena cargar con esos aliados puede resultar costoso: en posiciones, en desgaste interno y en conflictos con la militancia.
En pocas palabras, las alianzas no pueden darse a cualquier costo.
Pero este es solo uno de los temas en la agenda de la nueva dirigencia. Otro reto clave será definir candidaturas sin poner en riesgo la unidad interna.
El primer anuncio de Ariadna Montiel, el pasado domingo, fue contundente: no habrá espacio para corruptos, nepotismo ni machismo en las candidaturas de Morena. Además, dejó claro que los procesos internos no son concursos de popularidad. Para muchos —no pocos— esto significa que las puertas del partido como vía inmediata para acceder a candidaturas se han cerrado.
Las definiciones de Montiel son claras, tienen destinatarios específicos y tendrán efectos directos en los procesos internos.
La misión de la nueva dirigencia es afinar la maquinaria, cerrar el paso a perfiles indeseables, depurar al partido y reconectarlo con sus bases y su militancia.
Las alianzas no están descartadas, pero han dejado de ser prioridad. Así, de manera tajante, Claudia Sheinbaum Pardo ha comenzado a imprimir su sello y su visión sobre el partido que encabeza políticamente.
Se busca evitar la decadencia derivada de la incorporación de perfiles ajenos —principalmente provenientes del PRI y el PAN— que, para muchos, desdibujaron la identidad del movimiento. La etapa de apertura total parece haber quedado atrás.
El 2027 se perfila como el momento de consolidación de un partido que impulsará una agenda seria de renovación moral del país.
Se trata de congruencia entre principios y valores, los mismos que promueve Claudia Sheinbaum Pardo. No hay margen para simulaciones: la llegada de Ariadna Montiel envía un mensaje claro.
No se tolerarán excesos. No hay espacio para advenedizos. La corrupción, el nepotismo y prácticas que habían comenzado a normalizarse quedan fuera. En su lugar, se privilegiarán la trayectoria y la lealtad al movimiento.
Las cosas claras…
Correspondencia a demiandu1@me.com | En X @Demiandu
Domo de Cristal
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