HomeOpiniónLíbano, Hezbolá e Israel

Líbano, Hezbolá e Israel

Staff Domo de Cristal
Hezbolá

Así lo dice La Mont

Paz: La reanudación del diálogo entre Líbano e Israel en abril de 2026 marca un hito diplomático sin precedentes. Por primera vez en décadas, las conversaciones directas en Washington parecen ignorar la silla de Hezbolá. Mientras los gobiernos formales intentan delinear una paz duradera bajo el auspicio de Estados Unidos, la organización chií observa desde la periferia de la mesa oficial, aunque su sombra sigue proyectándose sobre cada punto del orden del día.

Este acercamiento gubernamental busca restaurar la soberanía del Estado libanés y aplicar la resolución 1701 de la ONU, planteando la interrogante de si es posible sellar un pacto de esta magnitud sin el consentimiento del actor armado más poderoso del país. La exclusión del grupo de las negociaciones directas no solo es una estrategia política para debilitar su influencia, sino también un reflejo de las tensiones internas en Beirut, donde el gobierno busca distanciarse de una estructura que muchos consideran un Estado dentro del Estado.

Ante este aislamiento diplomático, la posibilidad de que Hezbolá envíe un intermediario sigue siendo un escenario latente, aunque, por ahora, la organización ha optado por la retórica del rechazo. Históricamente, el grupo ha empleado a figuras del gobierno libanés o mediadores internacionales —como Francia y la ONU— para hacer valer sus intereses sin reconocer formalmente al “enemigo sionista”.

La presencia de Hezbolá en Líbano no es un fenómeno reciente; su origen se remonta a 1982, cuando surgió bajo el patrocinio de la Guardia Revolucionaria de Irán durante la invasión israelí. Desde entonces, la organización —respaldada por Teherán— ha consolidado una infraestructura militar y social que penetra diversas capas de la vida libanesa y funciona como un brazo ejecutor de la agenda iraní en el Mediterráneo, al convertirse en una fuerza más capaz que el propio ejército nacional.

Mando: El liderazgo de Hezbolá, que durante años pareció una estructura férrea, atraviesa hoy una fase de reconfiguración forzada tras una campaña de decapitaciones quirúrgicas por parte de Israel. La cúpula tradicional estaba encabezada por Hassan Nasrallah, secretario general que personificó la resistencia chií durante décadas, junto con figuras clave como Hashem Safi al-Din y Fuad Shukr.

Tras su eliminación, el ascenso de Naim Qassem a la secretaría general y de Sheikh Ali Damoush al Consejo Ejecutivo intenta llenar un vacío de poder en un momento de vulnerabilidad extrema. Estos líderes deben gestionar no solo la presión militar externa, sino también el descontento interno de una población libanesa agotada por las consecuencias de una guerra que no eligió, manteniendo, al mismo tiempo, la lealtad a los lineamientos estratégicos provenientes de Teherán.

Destino: La escalada bélica actual tiene sus raíces en la fecha del 7 de octubre de 2023, cuando el ataque de Hamás en territorio israelí desencadenó una reacción en cadena en toda la región. Aunque Hezbolá inició ataques de baja intensidad casi de inmediato, en solidaridad con Gaza, el conflicto se transformó en una guerra de mayor escala en marzo de 2026, tras una incursión terrestre israelí y una serie de bombardeos masivos en Beirut.

La dinámica cambió drásticamente cuando otras facciones y milicias regionales intensificaron su presencia, empujando a Israel a ejecutar una estrategia de “tierra quemada” en las aldeas fronterizas y a intensificar la caza de altos mandos del grupo. Esta ofensiva no es una novedad histórica, ya que la hostilidad de Hezbolá contra Israel ha sido una constante desde su fundación, manifestándose en conflictos abiertos como los de 1996 y 2006, bajo la premisa de eliminar lo que denominan la “entidad sionista”.

El precio que pagó la cúpula de Hezbolá en este último ciclo de violencia fue devastador para su estructura operativa. Israel logró aniquilar a gran parte de su liderazgo, incluido su líder histórico, Hassan Nasrallah, el 27 de septiembre de 2024; su probable sucesor, Hashem Safi al-Din, pocos días después; y comandantes militares de alto rango como Fuad Shukr, Ibrahim Aqil y Ahmed Wahbi.

También fueron eliminados responsables de unidades estratégicas, como Mohamed Nasser, así como jefes de unidades aéreas y de misiles. Esta pérdida masiva de experiencia militar y autoridad moral dejó a la organización en una posición de fragilidad inédita, obligándola a recurrir a cuadros de segundo nivel para mantener la cohesión de una milicia que durante años se asumió invencible.

Perspectiva: En el horizonte, el futuro de Hezbolá se encuentra en una encrucijada que definirá el destino de Líbano. Por un lado, el debilitamiento militar y la pérdida de sus líderes más carismáticos sugieren un periodo de introspección y posible declive de su influencia política interna, especialmente si el Estado libanés logra fortalecer sus instituciones y recuperar el control de sus fronteras.

Sin embargo, la resiliencia de la organización y su dependencia de Irán indican que no desaparecerá fácilmente. Es probable que intente mutar hacia una fuerza más clandestina o que busque un nuevo acuerdo de convivencia que le permita conservar sus armas bajo el argumento de la defensa nacional.

La gran incógnita es si el grupo podrá adaptarse a un orden regional en transformación, donde sus aliados enfrentan presión creciente y donde la sociedad libanesa, asfixiada por la crisis, comienza a ver en su desmantelamiento una posible vía hacia una estabilidad real.

Por: Federico Lamont 

No Comments

Domo de Cristal