
Sonora Power Por Demian Duarte
¿La propuesta de reforma electoral fue una emboscada o una prueba política?
Solo con ese planteamiento tiene sentido todo lo que hoy estamos viviendo y cómo, además, la propia jefa del movimiento de regeneración nacional está diseñando el proceso posterior.
A mí me queda claro que la presidenta, Claudia Sheinbaum, lanzó un buscapiés. Se trataba de identificar quiénes sí y quiénes no están con ella. Y claro que había sospechas respecto al papel de tal o cual legislador, de aquel líder, de ese diputado o del gobernador del estado que a usted le guste.
Ahora lo que hay son claridades, y todo ocurre justamente en la fase previa al arranque del proceso electoral intermedio, mediante el cual se elegirán 17 gobernadores, más de mil 800 alcaldes, 300 diputados de elección directa para el Congreso de la Unión y un número importante de congresos estatales.
Esta es, después de la elección de 2024 —cuando la hoy presidenta resultó triunfadora—, la cita más importante con las urnas que tendremos los mexicanos. Ante la perspectiva de crecimiento del movimiento de transformación, era importante poner una prueba de fuego, porque muchos en la 4T ya se estaban aburguesando, acostumbrados al juego del poder y a las canonjías de la partidocracia.
Morena, cuando accedió al poder con todo lo que significa la Cuarta Transformación, ofreció austeridad y darle poder al pueblo; cerrar las vías a la partidocracia y a la corrupción. Sin embargo, algunos de sus liderazgos ya se habían venido apartando de ese camino.
Digamos que es muy cómodo ser gobernadores, alcaldes o senadores, recibir todo tipo de apoyos, ingresos millonarios, privilegios y canonjías, y pretender que ese es el mundo ideal: el “quítate tú, para ponerme yo”.
Y la verdad es que la cosa no es así. Todos los integrantes de la 4T —incluidos morenistas, petistas e integrantes del PVEM— hicieron campaña e incluso firmaron un acuerdo llamado ahora el Plan C, en el que convenían impulsar una serie de reformas para cambiar la lógica del sistema. Muchos lo olvidaron; muchos otros se mantienen fieles.
El detalle es que ahora todos quieren seguir adelante con su carrera política y alcanzar nuevas posiciones de poder: unos quieren ser gobernadores, otros alcaldes; algunos más, diputados locales o federales, y creen que sus partidos les podrán dar esas posiciones.
Nada más que existe algo llamado congruencia, y la presidenta Sheinbaum se las puso enfrente: los puso a prueba. Muchos la pasaron; otros más no, y eso tendrá consecuencias en lo inmediato.
La presidenta ya dio una instrucción clara: “Que Morena decida”. Y, por supuesto, el partido interpreta lo dicho por la mandataria como una negativa, una voz clara y contundente que dice: “No vamos con traidores ni con advenedizos… no olvidemos nuestro origen ni nuestros objetivos”.
¿Así o más claro?
Correspondencia a demiandu1@me.com | En X @Demiandu
Domo de Cristal
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