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La política bipolar de Trump: por un lado culpa a México de todos sus males y por el otro negocia acuerdos comerciales

Staff Domo de Cristal
Trump México

La política del gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, mantiene con México una relación que podría calificarse como bipolar. Por un lado, acusa a su vecino del sur de todos los males que padecen los ciudadanos estadounidenses, especialmente por la distribución y consumo de drogas y por los problemas económicos que, según su narrativa, provocan los migrantes. Sin embargo, por otro lado, negocia con el país acuerdos comerciales que considera indispensables para consolidar un mercado regional que reduzca la dependencia de las importaciones, sobre todo provenientes de China.

Hace unos días, el presidente Donald Trump acusó a México de ser el “epicentro de la violencia” de los cárteles de la droga y advirtió que el “gobierno de Estados Unidos hará lo que sea necesario para defender la seguridad nacional y proteger al pueblo estadounidense”.

La bravuconada del mandatario estadounidense se dio en el marco del lanzamiento de su propuesta denominada Escudo de las Américas, una alianza de 13 países de América Latina para “destruir”, mediante el uso de la fuerza militar, a los cárteles del narcotráfico. México no forma parte de este grupo.

Sin embargo, el pasado jueves el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, informó que México y Estados Unidos acordaron iniciar una primera ronda formal de conversaciones bilaterales rumbo a la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

El comportamiento de Donald Trump respecto a México está marcado por una clara contradicción: mientras por un lado culpa al país de los problemas derivados de la distribución y consumo de drogas dentro de Estados Unidos, por otro inicia conversaciones para revisar el T-MEC, incluso dejando fuera de estas primeras pláticas a Canadá.

En relación con el acuerdo entre los ministros de México y Estados Unidos para iniciar las conversaciones sobre el tratado comercial, estas se centran en discutir medidas necesarias para garantizar que los beneficios recaigan principalmente en los países miembros. Entre ellas destacan la reducción de la dependencia de importaciones provenientes de fuera de la región, el fortalecimiento de las reglas de origen y el aumento de la seguridad en las cadenas de suministro de América del Norte.

Los empresarios y consumidores estadounidenses son conscientes de la necesidad de mantener una buena relación con México, ya que ello permite reducir costos de producción y evita incrementos abruptos en los precios de alimentos y mercancías en el mercado.

Hace unos días, un grupo de 69 asociaciones empresariales de Estados Unidos envió una carta al embajador Jamieson Greer, titular de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), para manifestar su respaldo a la extensión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá y pedir que no se impongan nuevos aranceles a dichos países.

En la misiva, los empresarios hicieron un llamado directo a la administración del presidente Donald Trump para evitar la imposición de nuevos aranceles a México o Canadá y, en su caso, restablecer el comercio libre de gravámenes.

Argumentan que esta medida es clave para fortalecer la base manufacturera e industrial de Estados Unidos y agregan que permitirá a las corporaciones acelerar decisiones de inversión y consolidar las cadenas de suministro a largo plazo, evitando presiones innecesarias sobre los costos.

Además, reiteraron su compromiso con el fortalecimiento de la integración económica de América del Norte y con un T-MEC renovado, moderno y verdaderamente trilateral que brinde certidumbre a empresas e inversionistas de los tres países.

En lo que se refiere a la seguridad dentro de Estados Unidos y al combate a la distribución y consumo de drogas en ese país, la colaboración con México es indispensable. Los ciudadanos estadounidenses también necesitan la cooperación de su vecino del sur, y no únicamente recurrir a las acusaciones que sirven para alimentar el discurso político ante su electorado.

Una muestra clara de que México no es el único responsable del problema es un informe reciente de la Administración de Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos, que señala que el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), junto con el Cártel de Sinaloa, cuenta con presencia operativa y colaboradores en prácticamente los 50 estados de la Unión Americana.

La DEA ha identificado que el CJNG utiliza amplias redes de distribución para transportar drogas ilícitas hacia Estados Unidos, con asociados, facilitadores y afiliados operando a lo largo y ancho del país.

La influencia de los cárteles mexicanos se extiende desde grandes ciudades como Nueva York y Los Ángeles hasta pequeños condados del territorio estadounidense.

Estos grupos criminales utilizan una estructura de “franquicias” y células locales, reclutando con frecuencia pandillas callejeras y utilizando redes sociales para la venta directa de fentanilo y metanfetaminas dentro de Estados Unidos.

A principios de 2026, informes indicaban que el CJNG opera no solo en Estados Unidos y México, sino que ha extendido su influencia a nivel global en diversos países.

En conclusión, el presidente Donald Trump utiliza una estrategia bien definida en su relación con México: por un lado responsabiliza al país de los problemas de distribución y consumo de drogas en Estados Unidos, así como de los efectos económicos asociados a la migración; y por otro lado busca, de manera discreta, acuerdos en materia de comercio y seguridad.

El mandatario estadounidense sabe perfectamente que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, difícilmente se prestaría a protagonizar un espectáculo político como el que mostraron algunos mandatarios latinoamericanos que asistieron a la reunión para formalizar el llamado “Escudo de las Américas”. En ese encuentro, varios líderes parecieron comportarse como si estuvieran en una reunión corporativa en la que se elige al “empleado del mes”, donde cualquier muestra de adulación parecía válida para satisfacer al patrón: Donald Trump.

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