Así lo dice La Mont
Narrativa Beijing: La geopolítica contemporánea atraviesa un momento de tensión en el que cada movimiento en el tablero de Oriente Medio o en el estrecho de Taiwán cobra fuerza en los pasillos del Gran Salón del Pueblo, en Beijing, particularmente ante la reciente intervención de Estados Unidos en Irán. La respuesta de China resulta una mezcla de razonamiento diplomático tajante y una profundización de su apoyo técnico-militar indirecto. Beijing calificó las operaciones militares de Washington como una violación flagrante de la soberanía territorial y del derecho internacional, e instó a una moderación inmediata para evitar un colapso regional que amenace la estabilidad global. Sin embargo, más allá de la retórica, la respuesta de China también se manifiesta en el ámbito de la ciberseguridad y la soberanía digital, caracterizada por una estrategia para reemplazar el software occidental en infraestructuras críticas iraníes por sistemas chinos cerrados, blindando a Teherán contra ataques digitales externos y formalizando una alianza tecnológica que desafía la hegemonía estadounidense.
Cálculo: La postura defensiva no es casualidad, sino que responde a una visión pragmática sobre la seguridad energética. Por ello, el poderoso secretario general del Partido Comunista de China (PCCh), Xi Jinping, con un liderazgo y concentración de poder mayores que los de Mao Tse-tung, es explícito al señalar que la importancia de Irán como proveedor de petróleo y gas es un pilar fundamental para el desarrollo chino. Para Xi, Irán no es solo un socio comercial, sino un nodo estratégico dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, que garantiza un flujo constante de recursos hacia la maquinaria industrial del país. Enfatiza que la seguridad energética de su nación depende de la estabilidad en el Golfo Pérsico y defiende el derecho de China a importar hidrocarburos iraníes a pesar de las sanciones unilaterales impuestas por Washington. En los foros internos el mensaje es claro: cualquier intento de asfixiar el suministro energético iraní se percibe como una amenaza directa al crecimiento económico chino, lo que obliga a Beijing a mantener una relación económica activa con Teherán, incluso pese a la actual incursión estadounidense-israelí.
Ortodoxos: En el frente interno, el debate sobre la reunificación nacional alcanza niveles sin precedentes. Una muestra es la discusión al interior del Comité Central del PCCh, donde destacan figuras como Wang Huning, actual presidente de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, quien ha liderado el discurso sobre la necesidad de avanzar con firmeza hacia la anexión de Taiwán. Wang, considerado el ideólogo de cabecera de la era Xi, ha instado a consolidar la iniciativa estratégica en las relaciones a través del estrecho, subrayando que la “reunificación nacional” no es un objetivo negociable. A este coro se suman voces de la Comisión Militar Central que ven en 2026 un año decisivo para preparar al Ejército Popular de Liberación ante cualquier eventualidad. Estos funcionarios sostienen que la paciencia estratégica tiene un límite y que la integración, ya sea por medios pacíficos o por la fuerza, debe concretarse para cumplir con el “sueño chino” de rejuvenecimiento nacional.
Poderío: Esta confianza en la cuestión de Taiwán se apoya en una transformación radical del equilibrio naval en la región. Desde que en 1996 el despliegue de un portaaviones estadounidense en el estrecho de Taiwán obligó a China a retroceder en una humillante demostración de inferioridad, Pekín juró que la historia no se repetiría. Hoy, la ventaja del poderío naval chino sobre Estados Unidos en sus aguas adyacentes es una realidad técnica y táctica. China desarrolla una capacidad de negación de área y acceso (A2/AD) basada en misiles hipersónicos como el DF-21 y el DF-26, apodados “asesinos de portaaviones”, que impedirían a la Armada de Estados Unidos operar como antaño cerca de las costas chinas. Mientras que en 1996 la brecha tecnológica era un abismo, en la actualidad China posee la flota más grande del mundo por número de buques y una infraestructura logística que le permite saturar el teatro de operaciones, neutralizando la ventaja cualitativa que tradicionalmente ostentaba el Pentágono.
Cumbre: En estos días de marzo, el Comité Central del PCCh se encuentra reunido en Beijing bajo una atmósfera de rigidez ideológica y determinación estratégica. Entre los líderes duros que marcan el paso de esta asamblea se encuentran figuras clave de la seguridad y la disciplina partidaria. Cai Qi, miembro del Comité Permanente del Buró Político y jefe del Secretariado —considerado uno de los más cercanos a Xi Jinping—, es el encargado de asegurar que la lealtad absoluta al líder sea el motor de todas las decisiones estatales. Asimismo, Li Xi, quien encabeza la influyente Comisión Central de Inspección Disciplinaria, representa la línea dura en la purga de elementos considerados “poco fiables” o corruptos, garantizando que el partido esté depurado y listo para los desafíos externos. Estos líderes, junto con los mandos militares de mayor rango, perfilan el XV Plan Quinquenal, donde la autosuficiencia tecnológica y el fortalecimiento de la defensa nacional se convierten en prioridades absolutas frente a lo que perciben como una política de contención hostil por parte de Occidente.
Por: Federico La Mont

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