
• Aunque el Gobierno de México busca evitar la siembra de maíz transgénico para consumo humano, este continúa presente en la dieta nacional a través de los refrescos elaborados con jarabe de maíz amarillo transgénico de alta fructuosa.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo firmó en marzo pasado el decreto de reforma constitucional que prohíbe la siembra de maíz transgénico en el país, una medida previamente aprobada por el Congreso de la Unión y la mayoría de las legislaturas locales.
Cabe recordar que en diciembre de 2022, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador había decretado que el maíz genéticamente modificado no debía utilizarse para el consumo humano, destinándolo únicamente al forraje pecuario. Sin embargo, el decreto no especificó si se permitiría la importación de alta fructosa producida con maíz transgénico, insumo esencial para la industria refresquera mexicana.
En diciembre de 2020, el Gobierno de la Cuarta Transformación también había emitido un decreto para prohibir el uso de maíz transgénico en la alimentación humana a partir de 2024, además de ordenar la eliminación progresiva del uso del glifosato, un herbicida altamente cuestionado por sus posibles efectos cancerígenos.
México importa grandes volúmenes de maíz amarillo de Estados Unidos, principalmente para consumo animal, lo que ha generado disputas comerciales en el marco del T-MEC. La importación de este grano es estratégica para no afectar la producción nacional de maíz blanco, destinado al consumo humano y a la protección de la biodiversidad.
De enero a agosto de este año, las importaciones de maíz alcanzaron una cifra récord de 16.8 millones de toneladas, un 0.2% más que en el mismo periodo de 2024. Según datos de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), las compras de maíz amarillo –en su mayoría transgénico– tuvieron un valor de 3,573 millones de dólares, un 2.4% superior al año anterior, con Estados Unidos como principal proveedor.
El gobierno estadounidense subsidia de manera significativa la producción de maíz amarillo, la cual representa una parte importante de sus apoyos agrícolas federales. En 2024, los productores de maíz recibieron aproximadamente 3 mil millones de dólares en subsidios, equivalentes al 30.5% del total federal, lo que constituye una competencia desleal para la industria azucarera mexicana.
La industria refresquera nacional no importa directamente el maíz amarillo, pero sí utiliza jarabe de maíz de alta fructuosa (JMAF), derivado de dicho grano. El consumo de bebidas embotelladas con alto contenido de fructuosa provoca daños a la salud, al estar asociado con obesidad, trastornos metabólicos y caries. A su vez, la obesidad se relaciona con diabetes tipo II, hipertensión, dislipidemias, algunos tipos de cáncer y una inflamación crónica que debilita la respuesta inmunológica.
México importa grandes volúmenes de jarabe de maíz de alta fructuosa, principalmente de Estados Unidos, impulsado por la reformulación de productos, el alto precio del azúcar nacional y la preferencia de la industria de bebidas por este endulzante. Este fenómeno ha afectado gravemente al sector azucarero mexicano, provocando una crisis de precios y desplazando la producción nacional de azúcar de caña.
Las importaciones de fructuosa aumentaron un 14% interanual en la temporada 2022–2023, con más de mil toneladas registradas. Este incremento impacta directamente a los ingenios azucareros del país, al reducir la demanda interna y deprimir los precios del azúcar mexicana.
La amplia disponibilidad de jarabe de maíz de alta fructuosa ha favorecido la proliferación de alimentos ultraprocesados, baratos y con alto contenido de azúcar, considerados un factor clave en la crisis de obesidad y enfermedades crónicas que enfrenta México.
El maíz amarillo transgénico es resistente a herbicidas, lo que permite su exposición a grandes cantidades de productos químicos asociados a riesgos cancerígenos y daños ambientales en cultivos vecinos.
Durante su conferencia matutina del jueves 16 de octubre, la presidenta Claudia Sheinbaum informó que la Cámara de Diputados sostendría una reunión entre representantes de la industria refresquera y la Secretaría de Salud federal, en la que los industriales se comprometieron a reformular sus productos para reducir el contenido de endulzantes y calorías. Asimismo, se propuso disminuir el IEPS a las bebidas light. Sin embargo, estas empresas seguirán utilizando alta fructosa en sus procesos productivos.
En conclusión, aunque los gobiernos de la Cuarta Transformación impulsan medidas para eliminar el maíz transgénico del consumo humano, este sigue presente en la dieta de los mexicanos a través del jarabe de maíz amarillo transgénico de alta fructuosa, utilizado en la industria refresquera.
Por: Eduardo Esquivel Ancona
Domo de Cristal
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